La codependencia emocional mina la relación
No lo llames amor cuando quieres decir «codependencia emocional»
El asesor matrimonial Fernando Poveda, autor de 'La pareja que funciona', da cinco claves para reconocer cuándo la relación de pareja se vuelve tóxica
«Parece amor… pero no lo es: a veces creemos que cuidar, ceder y estar pendiente de nuestra pareja es la forma correcta de amar. Es preciso destacar que, si nos olvidamos de nuestra propia voz y nuestras necesidades, es posible que estemos cayendo en la codependencia». Así lo explica el asesor matrimonial y conferenciante Fernando Poveda, autor del exitoso libro La pareja que funciona.
En un análisis publicado en su web personal laparejaquefunciona, Poveda señala que en muchas ocasiones, las parejas (tanto de novios como de casados) pueden entrar en un tipo de relación que termina por dañar el vínculo, y que necesita ser reconducida.
Especialmente en el caso del noviazgo, saber reconocer estos patrones es más que necesario para saber si es posible un proyecto de vida en común, o si, por el contrario, un posible matrimonio estaría abocado al sufrimiento.
Porque, como explica Fernando Poveda, «este tipo de vínculo limita, absorbe y genera miedo y dependencia, mientras que el amor verdadero respeta, impulsa y da libertad».
Y da cinco pautas para saber reconocer cuándo dentro de una relación el enamoramiento no ha dado paso a un verdadero amor, sino a una relación codependiente:
1. Necesitar aprobación para todo:
«La codependencia se manifiesta cuando sentimos que cada decisión debe pasar por la validación de la pareja, incluso en asuntos cotidianos como qué ropa ponerse o qué planes realizar», explica.
Así, si bien consultar a la pareja, sobre todo en decisiones importantes, es sano y necesario, «depender de la aprobación constante erosiona la autonomía y genera inseguridad». Y a menudo, alerta, «se justifica con frases como 'lo consulto por respeto', pero detrás está el miedo al desacuerdo».
«Romper este patrón requiere empezar con pequeñas elecciones sin pedir permiso: decidir qué comer, qué actividad realizar o cómo organizar un día libre. Poco a poco, estas decisiones fortalecen la confianza en uno mismo y recuerdan que nuestras elecciones son válidas por sí mismas», apunta Poveda.
2. Necesitar contacto constante:
«Revisar el móvil varias veces al día, exigir respuestas inmediatas o sentir ansiedad cuando no hay noticias del otro refleja dependencia emocional. Se suele justificar con frases como 'es preocupación' o 'me gusta saber qué hace', pero en realidad muestra miedo al abandono y dificultad para confiar en la relación», asegura el experto.
Romper con esta dinámica de control y dependencia «implica aprender a tolerar el espacio del otro y fortalecer la propia seguridad interna». Así, "hobbies, actividades personales y atención a tus emociones ayudan a comprender que la relación no depende de la vigilancia constante, sino de la confianza y la independencia de ambos», afirma.
3. Confundir cuidar con rescatar:
Para el autor de La pareja que funciona, «resolver los problemas del otro o asumir responsabilidades que no son nuestras puede parecer amor, pero en realidad evita que la otra persona crezca y aprenda a hacerse cargo de su vida. La frase 'lo hago porque le amo' es un autoengaño frecuente que perpetúa la dependencia y genera agotamiento emocional».
La clave está en acompañar, no en salvar: estar presente, escuchar, animar y dar herramientas, sin asumir decisiones ni eliminar obstáculos del otro
Por el contrario, en este tipo de situaciones, «la clave está en acompañar, no en salvar: estar presente, escuchar, animar y brindar herramientas, sin asumir decisiones ni eliminar obstáculos que le corresponden enfrentar. Esto fortalece la autonomía del otro y reduce el desgaste propio, construyendo un vínculo más saludable».
4. Medir tu valor por su estado de ánimo:
«Si tu bienestar –explica Fernando Poveda en su análisis– depende de cómo se siente tu pareja, tu autoestima queda en manos del otro. Cuando está feliz te sientes bien y cuando está triste o enfadado, crees que algo hiciste mal. Esto no es empatía saludable, es asumir la responsabilidad de las emociones ajenas, lo que genera dependencia y erosiona tu propia identidad».
Así, este asesor y conferenciante matrimonial aclara que «aprender a diferenciar entre acompañar y cargar con el estado emocional del otro es fundamental». De ahí que proponga «reconocer tus propias emociones, mantener actividades que te llenen y establecer límites claros» para «recuperar el control sobre tu bienestar y reforzar tu autoestima».
5. No poner límites para evitar conflictos:
La ausencia de conflictos no siempre es sinónimo de verdadero equilibrio emocional. Porque como explica Fernando Poveda, «callar desacuerdos o ceder siempre para evitar discusiones puede parecer la mejor forma de cuidar la relación, pero con el tiempo genera resentimiento, pérdida de respeto mutuo y desgaste silencioso».
E indica que «frases como 'es que no me gusta discutir' esconden miedo a perder la relación o a enfrentarse a la incomodidad». Por el contrario, «poner límites no daña la relación, sino que la protege. Aprender a comunicar lo que incomoda de manera respetuosa y a decir 'no', fortalece la autonomía de cada persona y fomenta una comunicación sana, evitando frustración y dependencia».
Y concluye: «El amor verdadero no necesita cadenas. Se basa en respeto, confianza y libertad mutua, donde cada persona puede crecer, decidir y sentirse valiosa por sí misma. Aprender a identificar y superar la codependencia es, en definitiva, un acto de amor hacia ti y hacia tu relación».