Una madre, con su hija, haciendo una videollamada
Alexa, videollamadas y tutoriales: el estudio que prueba cuándo la tecnología ayuda al desarrollo de los niños
Un amplio estudio británico sugiere que la tecnología puede enriquecer el lenguaje en niños pequeños y reforzar sus vínculos afectivos. Pero tiene truco: hace falta acompañamiento del adulto, tiempo limitado y sin apenas pantallas de por medio
La recomendación de pediatras, psicólogos, neurólogos y maestros es cada vez más clara: de los 0 a los 6 años, el tiempo ideal ante una pantalla es... cero. Sin embargo, ¿quiere decir esto cero contacto con la tecnología? No exactamente.
Y no sólo porque es casi imposible que los niños del siglo XXI vivan sustraídos del omnipresente entorno digital que los rodea, sino porque, según cómo se utilice, la tecnología puede reportarles beneficios en su desarrollo.
Ese es el núcleo de Toddlers, Tech and Talk, un estudio británico de dos años financiado por el Economic and Social Research Council, y liderado por investigadores de la Manchester Metropolitan University, junto a otras cuatro universidades del Reino Unido.
Y su conclusión es clara: la tecnología digital puede ofrecer «oportunidades ricas» para el desarrollo de los niños hasta los tres años, si se integra bien.
Más allá del «pantallas sí o no»
El estudio analizó cómo niños de 0 a 3 años interactuaban en sus casas con diferentes dispositivos electrónicos, en entornos cotidianos: desde altavoces inteligentes como Alexa a timbres con cámara, móviles, marcos con fotos digitales, vídeos, canciones, juegos y videollamadas.
Lo primero que destacan los investigadores es que la actividad digital en edades tempranas suele implicar exploración sensorial: «tocar, mirar, oír, moverse… y pensar con el cuerpo». Dicho de otro modo: al menos en los primeros contactos y en dispositivos que no «secuestran la atención», el niño no está «quieto delante de una pantalla» por definición; sino que muchas veces está actuando, probando, imitando o preguntando.
La clave diferencial, subraya el informe, es que el tiempo sea escaso y el uso esté acompañado por un adulto. Así, cuando el adulto participa, nombra, pregunta y responde, la tecnología se convierte más bien en una excusa para hablar o interactuar más, no menos.
Videollamadas: un «parque» emocional
El trabajo destaca el valor de las videollamadas, especialmente en hogares con familiares en otros países o lejanos, o con más de una lengua: según indican los investigadores, las videollamadas pueden ser «oportunidades ricas» para aprender palabras y expresiones «a través de idiomas» y reforzar vínculos afectivos.
El motivo es que en estos casos, la tecnología se percibe claramente como un instrumento y no como un fin en sí mismo. Aun así, se insiste en la importancia de que un adulto guíe el momento con consignas como «Enséñale el peluche a la abuela»; «¿Cómo se dice ‘agua’ allí?»; «Manda un beso»...
Alexa como puente, no como niñera
El informe recoge la evidencia de que cada vez más familias usan altavoces inteligentes para entretener a los niños. Por ejemplo, para seleccionar canciones y rimas, juegos de pregunta-respuesta o chistes. Y también que, al utilizar este tipo de dispositivos, los niños suelen mezclar actividad digital y no digital. Por ejemplo, cantar con la música mientras dibujan o se mueven por la casa.
Eso sí: es especialmente importante que los padres no permitan que se utilicen estas tecnologías como sustitutos de la imaginación o como «niñeras» que entretengan a los hijos en lugar de hacerlo los adultos.
El estudio también recoge el uso, más controvertido, de apps creativas que permiten aprender a dibujar, a pintar o a tocar un instrumento, como recurso más accesible y económico para estimular este tipo de actividades. No obstante, también alertan de que pueden acostumbrar a los niños a que focalicen su atención sólo a través de los estímulos de este tipo de dispositivos.
Las tres claves esenciales
Por último, el estudio –elaborado de forma conjunta por la Manchester Metropolitan University, la Lancaster University, la Queen's University de Belfast, la Strathclyde de Glasgow y la galesa Universidad de Swansea– resume los tres aspectos que permiten hacer un uso constructivo de la tecnología:
– Siempre con un adulto: Entre los cero y los tres años, lo que más impacta en el desarrollo del niño es la conversación y el contacto adulto que acompaña cualquier situación.
– Poco tiempo: Aunque puedan espaciarse a lo largo del día, lo ideal es que el contacto con la tecnología no supere un máximo de 10 minutos.
– Que termine en acción real: El cierre del uso tecnológico debe terminar en vida offline. Por ejemplo, escuchar una canción y después bailar; seguir un patrón de dibujo y después leer un cuento; hacer una videollamada y después pasar al juego simbólico.
De este modo, y aunque no es ni imprescindible ni necesaria para un correcto crecimiento del niño, la tecnología puede ser empleada de forma positiva porque mantiene su carácter de herramienta al servicio del desarrollo humano, y no se convierte en cárcel para secuestrar nuestra atención.