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Iñigo Onieva and his mother Carolina Molas in Madrid, Otober 09 2022

Íñigo Onieva y su madre Carolina Molas, en MadridGTRES

El día que la familia de Íñigo Onieva huyó de Getxo para escapar de las garras de ETA

Su madre Carolina Molas ha confesado que a pesar de sus múltiples cambios de residencia, tuvieron que empezar una nueva vida en Madrid

Carolina Molas irrumpió en la crónica social de manera involuntaria en noviembre de 2020, tras conocerse que su hijo Íñigo Onieva mantenía una relación sentimental con Tamara Falcó. Desde entonces, su nombre ha estado presente en la prensa rosa, aunque la empresaria siempre lo dejó claro: no quería ser un personaje público. De hecho, llegó a manifestar a golpe de comunicado, el pasado mes de marzo, que se respetara su anonimato. Ahora ha aflojado su habitual contención y ha concedido una entrevista a Forbes.

En esta inesperada intervención, la empresaria recuerda cómo tuvo que huir de Bilbao a Madrid para empezar de cero al recibir constantes amenazas de ETA. La madre de Íñigo Onieva revela que tuvo que abandonar de incógnito su casa junto a sus padres y su hermano, por miedo a ser víctimas de la banda terrorista. «Somos exiliados de ETA. En el 83 tuvimos que venir a Madrid. Salimos huyendo una madrugada sin coger nuestras cosas y nunca más pudimos volver a casa. Fue muy traumático. Yo tenía 15 años, muy mala edad», cuenta.

Carolina Molas during the wedding of Tamara Falco and Iñigo Onieva in Aldea del Fresno on Saturday 8 July 2023

Carolina Molas, en la boda de su hijo y Tamara FalcóGTRES

Carolina Molas explica que su padre llevaba muchos años amenazado y que estuvieron a punto de atentar contra él en varias ocasiones. «Vivíamos en Neguri (Getxo, Vizcaya) y a nuestro alrededor había secuestros sin parar. Amenazaron a los primogénitos de las familias, como es mi caso, y eso empeoró mucho las cosas», continúa al mismo tiempo que asegura que ella ha intentado borrar ese episodio de su mente. Asimismo, indica que «me falta información, porque mi padre era muy vasco y no daba explicaciones. Nos fuimos un día a las cinco de la mañana, cada uno en un coche, con el perro, las tortugas, nevando...».

El único objetivo de Molas y su familia era estar lejos de esas amenazas por lo que se instalaron en la capital, aunque siempre con el miedo a ser localizados y sufrir las represalias de su huida. Al principio vivieron en hoteles hasta que encontraron el que fue su hogar. «Nos íbamos mudando porque nos iban descubriendo. Fue horrible», asegura la suegra de Tamara Falcó. Tardaron años en vivir «tranquilos». «Cuando nos instalamos aquí mi padre montó Cemevisa Madrid», cuenta sobre esta etapa de su vida.

Se refiere a la empresa de electrodomésticos que ahora ella capitanea. «Esta empresa es como un hijo. Me ocupo de su crianza, de su crecimiento, de que su corazón siga palpitando. Y lo traduzco en palabras para que todo el mundo lo entienda», confiesa.

No solo habla de su infancia como exiliada de ETA en Madrid, sino de cómo vivió uno de los momentos más dolorosos de su vida al perder a un hijo. Fue madre muy joven, lo que la llevó a formar una familia a los 20 años. Cinco años después tenía 4 vástagos, pero «uno de ellos falleció de meningitis a los 7 años. Lo tenemos aceptado, aunque costó». Sin duda, estas confesiones han colocado, de nuevo, a Carolina Molas en primera plana mediática después de pedir expresamente que quería alejarse de los focos. Sin duda, un giro de guion 180 grados que ha sorprendido a propios y extraños.

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