Rafael Nadal
Rafa Nadal cumple 40 años: excentricidades, manías y la cara más íntima del rey de la tierra batida
Ya retirado de la alta competición y con el circuito profesional firmemente instalado en su pasado, Rafa Nadal vive ahora una etapa de absoluta plenitud volcado por completo en su faceta familiar junto a su mujer, Mery Perelló, y sus dos hijos: Rafael, que ya tiene 3 años, y el pequeño Miquel, de apenas 9 meses. Detrás quedan las gestas imposibles sobre la tierra batida de Roland Garros, un torneo que conquistó en 14 ocasiones históricas, y esos 22 títulos de Grand Slam que lo elevaron a los altares del deporte mundial.
Para celebrar este cambio de década y abrir las puertas de su nueva realidad, el tenista repasa en su memoria las luces y sombras de una carrera irrepetible. Su trayectoria no solo está hecha de momentos de gloria, como cuando recibió el premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 2008 de manos del entonces Príncipe Felipe, sino también de esas curiosas manías que dieron la vuelta al mundo, como morder los trofeos para diferenciarse de los deportistas que se limitaban a besar los títulos. Son los contrastes de un gigante de la raqueta que, detrás de su mentalidad de hierro en la pista, esconde miedos infantiles tan humanos como el pánico a la oscuridad que obligaba a sus padres a dejarle las luces encendidas para poder dormir de pequeño.
La casa de Rafa Nadal en Mallorca
Sin embargo, el documental también aborda el calvario invisible que convirtió el tramo final de su trayectoria en una agónica contrarreloj. Los problemas físicos que comenzaron con la temprana lesión del escafoides en Madrid 2005 terminaron derivando en una amenaza constante: un problema degenerativo en el pie relacionado con el síndrome de Müller-Weiss. El propio Rafa reconoce abiertamente que hubo etapas oscuras en las que apenas podía caminar o entrenar con normalidad, transformando cada torneo y cada regreso a las pistas en una batalla brutal para comprobar cuánto más podía resistir un cuerpo castigado por la élite. Ahora, libre de esa presión y con todo el tiempo del mundo por delante, Nadal disfruta de su retiro dorado en su espectacular mansión de Porto Cristo, ubicada en un acantilado sobre el mar Mediterráneo y estratégicamente cerca de su Manacor natal y de su célebre academia de tenis.
Esta fastuosa propiedad, levantada sobre una finca de 7.000 metros cuadrados y cuyas obras concluyeron a finales de 2023 bajo la firma del arquitecto Tomeu Esteva, es el refugio soñado de la pareja. Se trata de una villa de diseño contemporáneo mediterráneo de lujo y arquitectura minimalista, compuesta por dos edificios interconectados de dos plantas y sótano que se integran perfectamente en el paisaje gracias a fachadas en tonos arena y piedra natural.
El interior, rodeado de un imponente jardín de pinos, olivos y palmeras, destaca por sus gigantescos ventanales de suelo a techo pensados para exprimir al máximo las vistas al mar, además de amplias terrazas cubiertas y una escalera con acceso directo al agua.
El yate de Rafa Nadal
Aunque los detalles interiores se guardan con celo, las dimensiones de la casa sugieren un despliegue de suites, salones, una gran cocina y el imprescindible gimnasio privado. Desde las ventanas de este fortín flotante se puede divisar, amarrado en el club náutico contiguo, el otro gran capricho del balear: su exclusivo yate Great White. Esta joya marina es un catamarán de lujo de 24 metros de eslora del modelo 80 Sunreef Power, cuyo precio en el mercado de embarcaciones nuevas oscila entre los 8,3 y los 9,8 millones de euros dependiendo del equipamiento elegido. Se trata de una espectacular obra de ingeniería naval con un diseño futurista y grandes superficies acristaladas que alberga en su interior suites panorámicas y exclusivas zonas de solárium. Es el escenario perfecto para que el de Manacor, a sus recién estrenados 40 años, navegue hacia su nueva vida con la misma privacidad y autonomía con la que gobernó las pistas del mundo entero.