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El yate de Onassis busca comprador

El yate de Onassis busca comprador

El legendario yate de Onassis busca nuevo propietario; mientras llega, se alquila por 700.000 euros semanales

El antiguo palacio flotante del armador griego sale al mercado por 52 millones de euros, aunque todavía puede alquilarse este verano desde unos 700.000 euros por semana

La leyenda busca nuevo dueño. El Christina O, el yate con el que Aristóteles Onassis convirtió un antiguo buque de guerra en uno de los grandes símbolos flotantes del poder, la exclusividad, la riqueza y el buen vivir del siglo XX vuelve a estar en el mercado. Su precio de venta, 52 millones de euros, parece casi una cifra modesta si se mide no solo en metros de eslora, sino en historia acumulada, mitología social y noches larguísimas en las que se mezclaron políticos, magnates, divas, príncipes, estrellas de Hollywood y algún que otro náufrago sentimental.

Aristóteles Onassis convirtió un antiguo buque de guerra en uno de los grandes símbolos flotantes del poder, la exclusividad, la riqueza y el buen vivir

La venta, sin embargo, no lo retira todavía de su otra vida contemporánea. Desde hace más de dos décadas, tras la gran restauración que lo devolvió al mar a comienzos de este siglo, el Christina O funciona también como uno de los yates históricos más codiciados del mercado de charter. El mito sigue navegando y continúa disponible para alquilar, con tarifas que parten de unos 700.000 euros semanales. Ya no hace falta apellidarse Onassis, Kennedy ni Niarchos para subir a bordo. Basta, como casi siempre en este universo, con poder permitírselo.

Sueño norteamericano

El yate de Onassis en el puerto de Mónaco en 1960

El yate de Onassis en el puerto de Mónaco en 1960Getty Images

En esta época del año, además, el barco encaja a la perfección con ese viaje soñado por muchos norteamericanos que cruzan el Atlántico en busca de Mediterráneo, Riviera, islas griegas, privacidad y una forma de glamour que, en el caso del Christina O, les resulta misteriosamente familiar. No es solo un yate clásico. Es casi una pieza flotante del imaginario Kennedy, una prolongación marítima de Camelot.

El yate ‘Christina O’ fue mucho más que el escenario donde Jackie Kennedy dejó de ser la viuda de América para convertirse en Jackie O

Pero el ‘Christina O’ fue mucho más que el escenario donde Jackie Kennedy dejó de ser la viuda de América para convertirse en Jackie O, señora del magnate más rico de su generación, armador griego por antonomasia y uno de los hombres más fotografiados de su tiempo. Por sus cubiertas pasaron Winston Churchill, John F. Kennedy, María Callas, Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, Greta Garbo, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco. El yate fue, durante años, una especie de salón flotante del siglo XX, un lugar donde el poder político, el dinero de toda la vida, Hollywood, la aristocracia europea y la tragedia griega compartieron mesa, sol y confidencias.

Barco de guerra

Su historia, sin embargo, no empezó entre copas de champán, taburetes excéntricos y puestas de sol en el Egeo, sino en plena Segunda Guerra Mundial. Fue construido en 1943 por Canadian Vickers como fragata antisubmarina para la armada canadiense y bautizado con el nombre de HMCS Stormont. Participó en operaciones de apoyo durante el desembarco de Normandía y, terminada la contienda, acabó, como tantos otros barcos militares, en el mercado de excedentes de guerra. Onassis lo compró en 1954 por unos 34.000 dólares, una cantidad casi irrisoria si se compara con los cerca de cuatro millones que invirtió después en transformarlo en el superyate más célebre de su tiempo.

Onassis lo compró en 1954 por unos 34.000 dólares e invirtió cerca de cuatro millones para transformarlo en el superyate más célebre de su tiempo

La pregunta resulta inevitable. ¿Por qué el barco más glamuroso de su época nació de una vieja fragata de guerra? En aquellos años, los astilleros no fabricaban yates privados de semejante tamaño. Y Onassis, que entendía mucho de barcos, pero sabía que el lujo era una sutil forma de dominio, necesitaba jugar a lo grande. Con sus casi cien metros de eslora, elChristina O ofrecía algo que ningún yate convencional podía darle entonces: escala, presencia y una cierta teatralidad imperial.

Un bar de leyenda

El corazón de esa leyenda sigue siendo Ari’s Bar, probablemente uno de los bares más exclusivos que hayan existido nunca. Según la tradición del barco, la barra se realizó con maderas procedentes de un galeón español hundido, y sus famosos taburetes pertenecen a esa categoría de extravagancias que Onassis disfrutaba explicando a sus invitados con una sonrisa y que conviene dejar solo insinuadas. Allí rió Marilyn, cantó Sinatra, sufrió la Callas, bailó Nureyev y Churchill ejerció de Churchill con puro, copa y mirada de viejo león. También sobreviven otras piezas del mito, como la célebre piscina con mosaico que puede transformarse en pista de baile.

Tras la muerte de Onassis en 1975, su hija Christina lo donó al gobierno griego, que lo rebautizó como 'Argo' y lo destinó a uso presidencial

Tras la muerte de Onassis en 1975, su hija Christina lo donó al gobierno griego, que lo rebautizó como Argo y lo destinó a uso presidencial. Comenzó entonces una lenta decadencia, como si el barco hubiera perdido de golpe el personaje que le daba sentido. Años más tarde fue rescatado por John Paul Papanicolaou, amigo de la familia Onassis, que emprendió una restauración ambiciosa para devolverle parte de su antiguo esplendor.

Los nuevos amos del mar

La célebre piscina con mosaico del barco que puede transformarse en pista de baile

La célebre piscina con mosaico del barco que puede transformarse en pista de baile

Pero el mundo de los grandes yates ya había empezado a cambiar. Frente a aquellos palacios flotantes de madera, camareros con chaqueta blanca, olor imaginario a puro caro y pitillera de plata, los nuevos amos del mar empezaron a preferir barcos de líneas futuristas, proas imposibles y aspecto de refugio para villano de James Bond. Aun así, quedaba margen para la nostalgia. Y el Christina O, contra todo pronóstico, ha envejecido bien.

El yate cuenta con 17 cabinas y puede alojar a 34 invitados en charter nocturno, además de una tripulación de casi cuarenta personas

Aunque sus camarotes puedan resultar pequeños para los estándares actuales del ultralujo, su capacidad sigue siendo excepcional. El yate cuenta con 17 cabinas y puede alojar a 34 invitados en charter nocturno, además de una tripulación de casi cuarenta personas. En sus sucesivas reformas ha incorporado spa, gimnasio y esa clase de juguetitos náuticos que hoy se esperan en cualquier gran yate, pero ha conservado su fabulosa historia y su pedigrí.

Icono histórico

La comercialización actual corre a cargo de Fraser y Morley Yachts, dos nombres de referencia en la intermediación internacional de grandes yates. Su argumento es claro. El Christina O no es solo un icono histórico, sino un barco con demanda real en charter. Para su futuro propietario, puede ser un capricho privado y también un activo capaz de seguir alquilándose a clientes dispuestos a pagar desde unos 700.000 euros semanales por navegar en uno de los grandes mitos del siglo XX.

La leyenda busca dueño, sí, pero de momento sigue en su sitio. En el Mediterráneo. En Grecia

Mientras espera comprador, el barco sigue navegando. Según los rastreadores marítimos AIS, estos días el Christina O aparece en aguas del mar Egeo, bajo bandera maltesa y en ruta por Grecia. La imagen resulta casi demasiado perfecta. El yate de Onassis, puesto de nuevo en venta, continúa moviéndose por el mismo territorio donde empezó el mito, cerca de esas aguas que conducen inevitablemente a Skorpios, a Jackie y a la Callas. La leyenda busca dueño, sí, pero de momento sigue en su sitio. En el Mediterráneo. En Grecia. Navegando por las aguas de Ulises. Queda por saber quién protagoniza ahora esta particular odisea.

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