03 de julio de 2022

Rafael de Llanza, jefe de batallón del Regimiento José Napoleón, en la batalla de Borodinó

Rafael de Llanza, jefe de batallón del Regimiento José Napoleón, en la batalla de BorodinóAugusto Ferrer-Dalmau

Picotazos de historia

Los españoles del regimiento de 'José Napoleón' en Rusia

En 1812, mientras en España combatía la Guerra de la Independencia, cuatro batallones españoles acompañaron a la Grande Armée de Napoleón a la Campaña de Rusia

En 1807 España envió tropas para ayudar a Napoleón en su pretensión de aislar al Reino Unido de los puertos europeos. Las tropas españolas, bajo el mando del marqués de la Romana, se desplegaron en Dinamarca. Tras el 2 de mayo de 1808 y ante la exigencia de que se jurara lealtad a José Bonaparte, las tropas españolas se rebelaron y la Romana organizó el reembarco y traslado con ayuda inglesa. Unos nueve mil soldados reembarcaron para España pero dos regimientos (Asturias y Guadalajara) no pudieron y cayeron prisioneros de los franceses.
De las desgracias que sufrieron los españoles nos dejó una relación muy entretenida un comandante del regimiento Guadalajara: Don Rafael de Llanza. Por él sabemos las penalidades que sufrieron hasta que les destinaron a fortificación y guarnición en zonas remotas del norte de Europa. Reunidos en un regimiento, con una fuerza de dos batallones de veinticinco oficiales y 888 soldados, –el «José Napoleón»–, se encuadraron en la brigada Dufour, 2ª división del general Friant, primer cuerpo de Ejército de la Grande Armeé bajo el mando del mariscal Davout.
Llanza y sus compatriotas se vieron obligados a combatir contra los rusos y así nos habla del Wozoroff, Borodino, Moscú y la terrible retirada. Rafael de Llanza nos cuenta con detalle lo trágico de esta última, de cómo los restos del regimiento fueron designados para unirse a la retaguardia. Cómo, tras los combates en Smolensko, Ney les abandonó a su suerte. El 18 de noviembre de 1812 libraron combates desesperados en el barranco de Krassnow y se vio, sin darse cuenta, único jefe en una columna de cuatro mil soldados, cuando se acercó un oficial ruso ofreciéndoles un trato humano si se rendían.
Don Rafael respondió: «Señor, soy un desgraciado español...». El oficial ruso le cortó la palabra y le dijo que su padre –el general ruso príncipe de Galitzin– no hacía prisioneros a los españoles por que eran aliados.
Tras la sorpresa fueron conducidos a unos alojamientos, mientras los franceses eran repartidos entre las diferentes columnas de prisioneros. Estaban tan flacos y macilentos que la primera comida «normal» que tuvieron se cobró la vida de tres oficiales y varios soldados, las tropas españolas que le quedaban se redujo a siete oficiales y dos docenas de soldados.
La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal

La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal

Durante los siguientes meses Don Rafael fue agasajado y presentado en los mejores salones de diferentes ciudades hasta llegar a la Corte y ser recibido por la zarina. Los rusos se negaron a soltar a Llanza. No por maldad sino por que para ellos era una rareza, algo original, exótico y que había demostrado su capacidad y valor. Vamos, que tenían intención de que se uniese al ejército ruso y se quedase a vivir. Todo sonrisas y amabilidades, Llanza, se resistió como un loco, hasta ver su sueño, de verse camino a España, cumplido. El 3 de octubre de 1813, a las dos de la tarde, desembarcaba en San Vicente de Luarca. Había estado seis años fuera.
La historia no acaba aquí. Pues hay un relato que no cuenta Don Rafael. Hubo más españoles, de los restos de Dinamarca, en Rusia. También pasaron las de Caín, pero muchos lograron pasarse a los rusos. El Emperador Alejandro, viendo el número de españoles, creó con ellos un regimiento el «Imperial Alejandro» por ucase de 2 de mayo de 1813, entregándoles las banderas el 19 de julio, aniversario de la batalla de Bailén y bajo el mando de Don Alejandro O´Donnell. Este regimiento, armado y vestido, por el propio zar, fue enviado a España y llegó a Santander en las mismas fechas que Don Rafael. Durante tres lustros estuvo integrado en el ejército español y recibió el apodo de «el moscovita».
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