17 de agosto de 2022

La rendición de Breda o Las lanzas de Velázquez (1634)

La rendición de Breda o Las lanzas de Velázquez (1634)

Análisis

La falacia de que los Tercios de Flandes no eran españoles

Una cadena de izquierda presenta como un invento «de la derecha» la españolidad de uno de los cuerpos de combate más legendarios de la historia de España

El pasado 6 de mayo de 2022, la página web de la Sexta publicó un resumen de la noticia que había aparecido en el programa la Sexta Columna acerca de los Tercios de Flandes y que, en la versión de la web, se tituló: Los Tercios de Flandes no eran exactamente españoles: la realidad histórica que desmonta el discurso nacionalista de la extrema derecha. En el mismo se hacía un resumen de las breves palabras de José Álvarez Junco, catedrático emérito de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Políticos y Sociales de la Universidad Complutense de Madrid.
El corto vídeo con el que la Sexta nos deleitó, escasos tres minutos, no tiene desperdicio alguno. Después de retrotraer al espectador a hace cuatro siglos, véase 1622, nos presenta a un caballero medieval de alrededor de 1400 llamando a la puerta de un castillo y, ¡sorpresa!, quien recibe el mensaje es nuestro actual monarca, Felipe VI, de apellido Borbón, no Austria –recordar que la Dinastía de los Austrias reinó en España desde 1516 hasta 1700 y que los Borbones fueron los que perdieron Flandes durante la Guerra de Sucesión–.
Al mismo tiempo, una voz en off anuncia a su «Serenísima Majestad» la llegada del correo. ¿Perdón?... ¿Cuándo un monarca español tuvo el tratamiento de Serenísima? Que yo sepa, por favor, si estoy equivocado, pido que algún alma caritativa me saque del error, los Reyes de España recibieron el título de Católicos a partir de que la dupla formada por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón conquistasen el Emirato nazarí de Granada en 1492 –lo de Serenísima se lo dejamos mejor como tratamiento a los príncipes hijos de reyes o, más habitualmente, a la República de San Marcos, o de Venecia, si no les importa a los guionistas de la Sexta–.
Vamos, que después de una introducción tan humorística y chistosa, fue difícil tomarse en serio la sesuda noticia que dicha cadena de televisión dio como primicia mundial y que, como no podía ser de otra manera, pretendía poner en tela de juicio cualquier momento de la Historia de España que pueda ser clasificada de «gloriosa». Da igual que mientras que los Tercios dominaban los campos de batalla en Europa, norte de África, Iberoamérica y el Pacífico –obviamente una parte minúscula de orbe conocido en aquel momento–, al mismo tiempo las letras, las artes y las ciencias también fueran dominados por personajes históricos de origen español, tales como Cervantes, Lope de Vega, Velázquez, Sánchez Coello, Pedro Sarmiento de Gamboa o Diego Brochero de Paz y Anaya –una muestra microscópica de la realidad–. Ahora mismo, el destacar es algo que está mal visto por la izquierda, si no me creen, por favor, lean acerca de las reformas que ha introducido la Ley Celaá y los nuevos currículos de educación primaria o secundaria. Parece que consideran que todo aquel momento en el que España destacó es para sentirse avergonzado.

Los Tercios siguieron siendo unas unidades temibles hasta su extinción por Felipe V

Así parecen corroborarlo las cuatro frases que Álvarez Junco nos regaló en la mini entrevista, y en las que enseguida se deduce que ha dedicado toda su vida académica al estudio de los movimientos sociales, pero ni de lejos al de los Tercios. El que se lo dice lleva estudiando los Tercios y el mundo militar de los Austrias desde el 2000, justamente la mitad de mi vida, y sigo considerando que necesitaría unas cuantas vidas más para conocer todo lo que me gustaría saber sobre este tema.
El Gran Capitán encuentra el cadáver de Luis de Armagnac

El Gran Capitán encuentra el cadáver de Luis de Armagnac en la Batalla de Ceriñola

Pero volviendo a la entrevista, la primera afirmación que me llamó la atención fue la de que a finales del siglo XV los Tercios ya habían derrotado a la caballería pesada francesa. Algo que es totalmente imposible ya que estas unidades fueron creadas en 1536, cuando el Emperador Carlos V promulgó las ordenanzas de Génova, dónde por primera vez se habló de Tercios. Y, aunque es verdad que la infantería española había derrotado a los jinetes franceses en las batallas de Ceriñola y el Garellano, estas fueron en 1503, no en las postrimerías del siglo anterior. También me sorprendió la afirmación de que los Tercios dominaron la guerra en Europa hasta la Guerra de los Treinta años, en vez de lo cual, debería haber dicho que se mostraron intratables hasta el final de dicha guerra, una vez que Francia, con la inapreciable ayuda de Inglaterra, logró arrebatarnos la hegemonía en el Viejo Mundo. Voy a ir más allá, a pesar de la pérdida de la preponderancia, los Tercios siguieron siendo unas unidades temibles hasta su extinción por Felipe V.
Sé que muchos me tildarán de puntilloso, pero soy historiador y me tomo muy en serio mi trabajo. Igual que todo el mundo consideraría como un grave equívoco si yo afirmara que la Granada nazarí cayó en manos cristianas en 1453, para mí lo es que alguien adelante o atrase cualquier evento histórico.
A continuación, el objetivo primordial es poner en ridículo las afirmaciones del partido político Vox cuando sus dirigentes se refieren a los Tercios de Flandes, en las que es verdad que siempre hablan de las unidades españolas como si no hubiera habido Tercios de otras «naciones» –y pongo el término naciones entre comillas porque en el siglo XVI y XVII no se referían a los países-estado que conocemos hoy, sino simplemente al lugar de procedencia de las tropas–. Y afirma que las tropas de origen español, supongo que se referirá a Flandes, eran apenas un 10 % del total. Este es el único dato en el que puedo darle la razón, aunque este porcentaje podía variar del 5 % al 15 %, siempre dependiendo de las llegadas de nuevos reclutas desde la península a los Países Bajos católicos. A partir de ahí, Álvarez Junco da una serie de datos que son erróneos, pero que quedan muy bien para hacer creer a los televidentes que tiene razón.

No eran «algunos aragoneses»

Al hablar del origen de los soldados españoles, únicamente detalla que junto a los castellanos había «algunos aragoneses». En realidad, tendría que haber dicho que junto a los castellanos, que incluían no solo a los originarios de la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León, sino también a gallegos, asturianos (pocos, la verdad), cántabros, vascos (aunque a algunos les sorprenda y duela), riojanos, madrileños, manchegos, extremeños, murcianos, andaluces y canarios. De entre esos «algunos aragoneses», no solo había maños, turolenses y oscenses, también catalanes –no se puede olvidar el Tercio de los Papagallos en Flandes, ni a aquella unidad catalana que combatió en Granada durante la Guerra de los Moriscos (1568-1571)–, valencianos –uno de los mejores historiadores de las guerras de Flandes fue el noble Carlos Coloma de Saa (nacido en Elda)–, algún mallorquín e, incluso, sardos, súbditos de la Corona de Aragón desde que Jaime II conquistó Cerdeña en el siglo XIV y entre los que destacaron la familia de los Castelví. Como vemos, la afirmación de «algunos aragoneses» no casa con la realidad, la cual desde luego liquida toda la perorata nacionalista, hoy tan en boga.
El Milagro de Empel por Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

El Milagro de Empel por Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

Lo mismo ocurre al referirse a los ejércitos multinacionales de los Habsburgo de Madrid, a los que denomina «conjuntos imperiales». Típico lenguaje efectista que gusta a la izquierda, pero que únicamente entiende aquel que lo enuncia. Sí, claro que fueron conjuntos de tropas o de unidades, pero ¿imperiales? Al renunciar Carlos V a sus coronas, quien recibió el Sacro Imperio Germánico fue su hermano Fernando, no su hijo Felipe II. España, desde aquel momento, dejó de ser parte de un Imperio. Y Felipe II y sus descendientes no fueron imperialistas en las provincias de Flandes según el significado moderno del término que brinda la RAE –actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política–, ya que, al haber sido heredadas de su abuela paterna por Carlos V, no hubo conquista o invasión. Eran suyas por derecho propio.

Nunca hubo Tercios suizos

Finalmente, habla del origen de los soldados de los Tercios de Flandes: españoles, italianos, flamencos, suizos y alemanes. Lo que me dejó estupefacto y con la mandíbula desencajada. Mezcla «naciones» que tenían la organización de un Tercio, como españoles e italianos, con otras que lo hicieron en regimientos, caso de los alemanes. Puede parecer algo baladí, pero el organigrama de uno u otro modelo era muy distinto. Sin embargo, los errores no se quedan ahí: a la infantería nativa de las provincias de Flandes se la denominaba valona o alto alemana, dependiendo de si provenían del sur o del norte de dichos territorios, pero nunca flamencos, tal y como los denomina Álvarez Junco. Aunque no es este, a mi entender, el mayor error que comete. El cual se produce cuando cita a los suizos como miembros del Ejército de Flandes. Si bien habían sido los mercenarios por excelencia de Europa durante el siglo XVI, la mayoría de ellos sirvieron a los reyes de Francia. La Monarquía Hispánica apenas pudo desplegar uno o dos regimientos –nunca hubo Tercios suizos– en el Ducado de Milán y, además, con el inconveniente de que por su contrato no podían abandonar dicho territorio, ya que se estipulaba que su misión sería únicamente defensiva. En Flandes no sirvió ningún regimiento de tal «nación», por más que el catedrático retirado lo afirme por dos veces.
Y una vez que se despacha a gusto con el tema, Álvarez Junco cierra su intervención con la soflama de que los Tercios hoy únicamente forman parte de los mitos ultraconservadores de la derecha más extremista. En ese momento mi cerebro colapsó, se lo reconozco, me quedé alelado delante de la pantalla. No podía entender la vinculación que acababa de hacer, por mucho que intentara analizarla. A ver, ¿por qué un partido político utilice a dichas unidades militares en su estrategia de campaña, estas ya solo son un icono para la derecha? Vox ha hecho un uso partidista de aquello que le interesa de los Tercios: las banderas, el tipo de casco llamado morrión, el apócrifo brindis o los innumerables himnos inventados que se han difundido por internet… Pero no por ello se puede afirmar sin más que los Tercios son un mito de la formación conservadora.
Por todo lo que ya les he contado y por unas cuantas razones más que dejo en el tintero por no ser pesado, no puedo estar de acuerdo con una mirada tan miope y partidista como la expresada por la Sexta y Álvarez Junco. Si quieren seguir laminando la Historia de España, desde luego que lo tendrán que hacer con mejores armas y soldados. Mientras, yo, dependiendo de mis posibilidades, intentaré explicar a los lectores de El Debate qué eran los Tercios y el mundo que les rodeaba.
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