07 de agosto de 2022

'Desembarco de Colón de Dióscoro Puebla'. Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, óleo de 1862 de Dióscoro Teófilo Puebla (1831-1901)

Desembarco de Colón de Dióscoro Puebla. Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, óleo de 1862 de Dióscoro Teófilo Puebla (1831-1901)

Leyenda negra

La Historia de España y la leyenda negra: una batalla perdida contra la desinformación

La maquinaria propagandística y de desinformación contra el Imperio español ha hecho asimilar el proceso de conquista como un genocidio indígena y todo tipo de atrocidades cometidas por españoles

Son estos, tiempos de buenismo manso y de correcciones políticas llevadas al paroxismo. Tiempos en los que, incluso, se retuerce la historia hasta límites inverosímiles, de tal manera que películas y series de épocas pasadas son descaradamente adulteradas por plataformas y grandes estudios hasta el punto de que sus productos, que venden como históricos, serían más propios del genero de la ciencia ficción. Actitudes en ocasiones bienintencionadas a favor de una cierta lucha en defensa de los derechos fundamentales, pero cuyo resultado, al alterar de manera casi obscena la realidad, pueden ser objeto incluso de una lectura contraria a la que pretenden.
Determinados colonialismos no se blanquean sentando en el trono de una corte europea a una actriz de origen africano. Aunque, curiosamente, muchos de estos movimientos surgidos en dichos países con un pasado colonial y esclavista muy cuestionable, son los mismos que, en la actualidad, siguen vendiendo una imagen anacrónica y falsa del Imperio español, muchos de cuyos héroes, simbolizados en estatuas y monumentos, han rodado por el suelo, en esas sinergias viscerales en las que acaban pagando justos por pecadores.
De todas formas, la leyenda negra, como es bien sabido, no es una invención actual, si no que ha sido parte de la implacable maquinaria propagandística de las potencias rivales, las fake news de la época que asimiló el proceso de conquista, cristianización y civilización del continente americano con el genocidio indígena y todo tipo de atrocidades cometidas por aventureros españoles cegados por una desmedida ambición de oro y riquezas. La realidad es que se trataba de personas que buscaban aumentar su fortuna o, los más, sencillamente enriquecerse. Pero más allá del afán del oro también se vislumbran otras razones: ennoblecerse, conseguir títulos nobiliarios y el orgullo de servir a su Rey, a su patria y a su Dios, además de un indudable espíritu aventurero e intrépido. De hecho, la mayoría de los capitanes de Hernán Cortés no se contentarán con quedarse con ricas encomiendas y dedicarse el resto de sus días a una plácida vida de terratenientes. Muy al contrario, seguirán explorando territorios de lo que hoy son países como Guatemala, Honduras y Estados Unidos y ampliando los límites americanos del Imperio español. En cualquier caso, estas campañas de desinformación fueron tan persistentes que llegaron a calar en el subconsciente colectivo, razón por la cual vuelven a surgir ahora con fuerza, en un caldo de cultivo propicio y destinado a movimientos y personas manipulables y mal informadas.

Desmintiendo la leyenda negra

Hay que empezar diciendo que, en el contexto de una sociedad, aún feudal en muchos aspectos, como la del siglo XVI, durante la conquista se produjeron, numerosos enfrentamientos bélicos y posteriormente muchos abusos hacia los pueblos originarios. Eso es incuestionable y aunque quizás de manera un tanto exagerada, dichos abusos fueron denunciados por el fraile Bartolomé de Las Casas en un ejercicio de transparencia no tan usual en la época.

Francisco de Vitoria afirmó en su obra que los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano

En primer lugar, habría que aclarar que no hubo tal «genocidio». La mayor parte de los americanos precolombinos fallecidos durante la conquista lo fueron por enfermedades traídas por europeos. En segundo lugar, habría que decir que desde el principio la Corona española legisló a favor de sus nuevos súbditos. En 1503 la Reina Isabel la Católica solicitó al Gobernador Nicolás Ovando que fomentase los matrimonios mixtos, es decir, no solo se permitían, sino que se promovían los matrimonios interraciales, más de 500 años antes, por cierto, que en Estados Unidos, donde dichos matrimonios no fueron declarados completamente legales en todos sus estados hasta 1967. Las denominadas leyes de indias, firmadas por el Rey Fernando el Católico el 27 de diciembre de 1512, fueron además muy pioneras y vanguardistas para su época y en ellas, entre otros derechos, se abolió la esclavitud indígena.
También los intelectuales españoles de la época apoyaron una colonización humanista. Es el caso de Francisco de Vitoria, que, junto a Hugo Grocio, se consideran los fundadores del Derecho Internacional. Vitoria, en su obra De indis afirma que los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Algo que en el siglo XXI nos parece de una obviedad absoluta y sin embargo no dejaba de ser un concepto profundamente revolucionario en el siglo XVI. En la misma línea de pensamiento estuvieron otros intelectuales de la Universidad de Salamanca como Melchor Cano, Domingo Báñez, Domingo de Soto o Francisco Suárez.
Por otra parte, los «malvados» españoles además de buscar oro, realizaron una ingente labor civilizadora. Construyeron hospitales, iglesias, universidades y ciudades siguiendo los patrones europeos. El ahora vilipendiado San Junípero fundaba misiones en la actual California para dar educación y medios para una subsistencia independiente a los indios, pero antes, en 1551 se funda la Universidad de San Marcos en Lima, a las que les seguirían otras 24 más.
En realidad, aunque a mucho les pueda llamar la atención viendo la diferente evolución de los países del continente después de la independencia, durante la época colonial, la América española estaba mucho más avanzada en todos los órdenes, (y no solamente en el académico), que la América inglesa. Como señala el diplomático español Martinez Montes en su libro España, una historia global, a principios del siglo XVIII la renta per cápita de la américa hispana era superior a la de la américa anglosajona y a nivel de Derechos Humanos el fomento del mestizaje dio por resultado que, por ejemplo, en el Virreinato de la Nueva España se conservaba, antes de la independencia, con algunas variaciones en función de las áreas, más de un 50% de la población indígena, más de un 20 %, mestiza, alrededor de un 16% de española y solo un 0,2 % esclava.

Durante la época colonial, la América española estaba mucho más avanzada en todos los órdenes, (y no solamente en el académico), que la América inglesa

De hecho, cualquiera puede consultar cual es el porcentaje actual de población indígena en los numerosos estados herederos del Virreinato, desde el territorio de Nutca, en la actual Canadá, hasta Costa Rica. Quizás porque preveían un futuro mucho más incierto fue la razón por la que muchos indígenas apoyaron la causa realista durante las guerras de independencia. Como señala el historiador Víctor Zuluaga, «los indígenas, (refiriéndose a los de Nueva Granada), tenían bien claro que de producirse la independencia de España sus tierras serían ocupadas por los criollos». Más al norte, la denominada conquista del oeste estadounidense fue, como en el caso colombiano más bien una ocupación de territorios indígenas, porque esas tierras ya habían sido conquistadas en años y siglos posteriores a la caída de la nación mexica por España que ciertamente, en ocasiones, hubo de luchar con seminolas, comanches, apaches y demás tribus norteamericanas, pero si después de la guerra de Estados Unidos con un México ya independiente, al que arrebata gran parte de su territorio, ese país entró en una espiral de guerras indias con numerosas tribus, es precisamente porque las misiones y presidios españoles, lejos de exterminarlos, habían intentado respetar, educar y evangelizar a la población local, con la que se intentó llevar con armonía, siempre que fue posible. En esta zona, más que en ninguna otra se puede hacer un análisis objetivo de dos modelos colonizadores.
En realidad, en la historia de las colonizaciones se da una trágica paradoja. Aquellas más sangrientas y que terminan por suplantar la población local por población foránea, sus descendientes actuales no tienden a ser muy autocríticos con ciertos excesos históricos. Aquellas otras, por el contrario, que fueron más respetuosas con los indígenas, fomentan esa visión crítica y descarnada y exigen disculpas a los españoles, pero no a sus antepasados, que fueron los españoles que en todo caso cometieron los abusos, sino a los descendientes de los que se quedaron en España y que curiosamente intentaron con leyes y tratados que no se cometiesen dichos abusos.
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