01 de diciembre de 2022

William Hodges : Resolución y aventura con un barco de pesca en la bahía por Matawai ( Tahití ), Óleo sobre lienzo, 1776

Resolución y aventura con un barco de pesca en la bahía por Matawai ( Tahití ), Óleo sobre lienzo, 1776, por William Hodges

Núñez de Balboa, Panamá y la historia de la unión de dos océanos

Núñez de Balboa bautizó el nuevo océano como «Mar del Sur». Más tarde, Magallanes lo rebautizaría como Pacífico, por la aparente tranquilidad de sus aguas

El 25 de septiembre de 1513 Vasco Núñez de Balboa, tras casi un mes de marcha extenuante por la jungla del Darién, llegó a lo alto de un cerro desde el que pudo contemplar el vasto océano del que le habían estado hablando los indígenas de aquella región. Balboa, el primer europeo en contemplar el nuevo océano, lo bautizó como «Mar del Sur» por encontrarse al sur del «país de la abundancia de peces», significado de «Panamá» para los pueblos originarios. El descubrimiento del que después sería rebautizado por Magallanes como Pacífico, por la aparente tranquilidad de sus aguas, supuso toda una nueva perspectiva en la era de los descubrimientos y la confirmación definitiva de que aquellas tierras no formaban parte de las míticas Cipango y Catay. Desde entonces se intentará buscar, infructuosamente, un paso entre ambos océanos a través del istmo y al comprobar que tal paso no existía, el propio Carlos V sugerirá excavar un canal. Bajo el reinado de Felipe II, el científico jesuita José de Acosta, ya alertaba sobre la dificultad de semejante tarea, por la diferencia de nivel entre el mar caribe y el pacífico.

Un paso entre ambos océanos

El proyecto no se intentaría hasta finales del siglo XIX por parte del diplomático y empresario francés Fernando de Lesseps, quien había concluido con éxito el canal de Suez. Sin embargo, Panamá, entonces provincia de Colombia, no tenía nada que ver con el desierto egipcio. Por otra parte, Lesseps era diplomático de profesión, pero no ingeniero y los informes en los que se basó la obra no reunían la calidad científica y técnica necesaria e incurrían en numerosos errores de bulto.
El principal, el intentar construir un canal a nivel como el de Suez. Tal como ya había constatado Acosta en el siglo XVI, los dos mares tenían niveles distintos. En el Caribe, flanqueado en su parte oriental por un enorme rosario de islas desde Trinidad hasta Cuba, se podía considerar prácticamente un mar cerrado y por tanto apenas tenía mareas. En el Pacífico, sin embargo, el desnivel de las mareas podía llegar hasta los siete metros. Por otra parte, a diferencia del llano Suez, en Panamá para hacer un canal a nivel se debería abrir un paso entre montañas de más de 26 metros, altura que separa el lago Gatún del nivel del mar y que llegaba hasta los 95 metros en el corte culebra. En pocas palabras, un canal a nivel y con los medios del siglo XIX era absolutamente irrealizable. Por si todo eso fuese poco, trabajadores y encargados del proyecto, muchos de ellos poco habituados a zonas selváticas, se vieron diezmados por numerosos casos de malaria y fiebre amarilla transmitidos por los mosquitos. Cerca de la esclusa de Pedro Miguel, en la comunidad de paraíso, se encuentra el denominado cementerio francés.
Sus abundantes cruces blancas son un testimonio de las vidas que se cobró aquel insensato proyecto. En 1887 un comité consultivo aconsejó cambiar radicalmente el mismo y construir un canal con esclusas, de tal forma que los barcos pudiesen subir y descender esos 26 metros de altura a través de las citadas esclusas. Aún muy a regañadientes, al Vizconde de Lesseps no le quedó más remedio que aceptar esta solución, pero la misma llegaba tarde. La compañía universal del canal interoceánico se había quedado sin fondos. La quiebra provocó una gran crisis financiera, la pérdida de ahorros de numerosos franceses y afectó a la imagen de Francia y del propio Lesseps y su familia.
Con el fracaso del canal francés, los Estados Unidos pretenden tomar el relevo perfeccionando el modelo de canal con esclusas y a tal efecto negocian con Colombia el denominado tratado Herrán-Hay, (por el Ministro colombiano Tomás Herrán y el secretario de Estado John Hay). Cuando el citado tratado, después de muy arduas negociaciones, ya había sido ratificado por el senado estadounidense, el colombiano pretendió una nueva negociación para intentar obtener una mayor suma de dinero por parte de los Estados Unidos, lo que colmó el vaso de la paciencia del Presidente Theodore Roosevelt. Roosevelt, célebre por su carácter incendiario y decidido a que su país construyese el canal a cualquier coste, propone un cambio radical en el proyecto. Estados Unidos ya no negociaría con Colombia sino con un Panamá independiente.

La independencia de Panamá

El problema radicaba en que, a pesar del relativo aislamiento, debido a que no existe paso terrestre en la selva del Darién y que, en consecuencia, todas las comunicaciones eran por vía marítima, en el Panamá de principios del siglo XX los independentistas eran cuatro gatos. No obstante, los norteamericanos contactan con ese movimiento minoritario prometiéndoles no solo armas y apoyo, sino también el despliegue de las flotas del atlántico y del pacífico, en ningún caso rival para la débil armada colombiana. A sabiendas que cuentan con el decidido respaldo del gigante del norte, el hasta entonces marginal independentismo panameño crece como la espuma. Ante la imposibilidad de Colombia de llevar tropas por vía terrestre, ni desembarcarlas por el bloqueo marítimo, la independencia de Panamá se consuma los primeros días de noviembre de 1903. La tarde del día 3, el crucero colombiano Bogotá, antes de escapar de la flota estadounidense, descarga sus cañones sobre San Felipe, el actual casco viejo de la capital. Uno de los proyectiles causará la muerte de Wong Kong Yee, un tendero de origen chino, y otro de un pacífico burro. Siendo estas las dos las únicas víctimas de la guerra de la independencia de Panamá. Para los aficionados a la novela histórica, el libro de Juan David Morgan, Con ardientes fulgores de gloria, describe de manera muy fidedigna todos estos hechos y para aquellos interesados en la historia del canal, imprescindible el libro de David McCullough, The path between the seas (Un camino entre dos mares).

Tras la independencia, los Estados Unidos negociarán un nuevo tratado muy ventajoso para sus intereses y concluirán el canal en 1914

Tras la independencia, los Estados Unidos negociarán un nuevo tratado muy ventajoso para sus intereses y concluirán el canal en 1914. Por los acuerdos Torrijos-Carter, el 31 de diciembre de 1999, éste pasó a soberanía panameña. Recuerdo que aquel día, tras el tormentoso discurso, (por el diluvio que cayó en ese momento), de la presidente Mireya Moscoso, un alto cargo de su gobierno me dijo: «Hoy hemos conseguido nuestra tercera independencia. Tras España, Colombia y Estados Unidos».
El que una empresa española haya liderado recientemente la ampliación del canal con un modélico nuevo sistema de esclusas supone el broche de oro a un proyecto que los propios españoles comenzaron a explorar hace 500 años.
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