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22 de abril de 2024

Atendiendo a la leyenda, Claudi Lorenzale pinta (1843-1844) el momento en que Carlos el Calvo con la sangre de la herida de Wifredo en sus dedos crea las cuatro barras del escudo de armas del condado de Barcelona

El momento en que Carlos el Calvo crea las cuatro barras del escudo de armas del condado de Barcelona

Serie histórica (II)

Wagner reutilizado en la mitología catalana: de Parsifal y Siegfried a Carlos el Calvo y Sant Jordi

Amfortas pasa a ser Wifredo el Velloso. Si uno luchó por defender el Santo Grial, el otro por defender Cataluña

Si en el anterior artículo hablábamos de dos personajes a imagen y semejanza de Lohengrin, también hubo otros personajes y lugares que se reutilizaron.
Si Lohengrin supuso el reconocimiento del caballero mítico, el lugar donde procedía no se quedó atrás: la montaña mágica que albergaba la Orden del Santo Grial no era una invención. Montsalvat existía y estaba en Cataluña. El Montsalvat mitológico en realidad era Montserrat. Si se busca en Wikipedia «montaña Montsalvat» aparecen la imagen de la montaña de Montserrat. Esto no es todo. La Enciclopedia Británica, en su edición de 1911 aseguraba que Montsalvat era Montserrat. En la edición de 1928 rectificó.

La Enciclopedia Británica, en su edición de 1911 aseguraba que Montsalvat era Montserrat

Aun así, la idea perduró y perdura. Lo hemos visto en Wikipedia. Y lo vimos en 1940, cuando Himmler visitó la Abadía de Montserrat con el objetivo de llevarse el Santo Grial según el plan de recopilación de objetos mágicos impulsado por la Ahnenerbe, entidad pseudocientífica integrada en las SS.
Himmler, en compañía de su séquito y algunos monjes de Montserrat

Himmler, en compañía de su séquito y algunos monjes de Montserrat

La mitología explica que Amfortas es el Gran Maestre de la Orden del Santo Grial. Klingsor, al ser rechazado, hiere a Amfortas y roba la lanza sagrada. La leyenda concluye que un día llegaría un sencillo de espíritu, uno de corazón puro que salvaría la Orden. A esto le sacaron mucho jugo. Parsifal significa inocente, simple, puro de corazón. ¿Quién podía ser este personaje en Cataluña? Lo tuvieron muy claro. Sólo había un personaje que salvó a Cataluña de la opresión. Y este era Sant Jordi. El espíritu de Parsifal fue canalizado en Sant Jordi. Cuando conocieron a Siegfried también lo vieron como el nuevo Sant Jordi. Mató al dragón, como Parsifal destruyó a Klingsor.
Nos queda Amfortas, el guardián del Santo Grial, y su herida producida por el mago Klingsor. Recordemos que en la obra de Wagner la herida que Amfortas tiene en un costado se la cura Parsifal. Ahora tenemos que cambiar los nombres. Amfortas pasa a ser Wifredo el Velloso. Si uno luchó por defender el Santo Grial, el otro por defender Cataluña. En realidad defendía una cosa que no existía, pues solo era conde y la palabra Cataluña no apareció como tal hasta el 1115 y por un error de transcripción al confundir lacetania por catelania. Pero eso a los intelectuales de la Renaixença les importaba poco. En Ripoll, supuestamente, se encuentra la tumba de Wifredo el Velloso y dentro se conservan sus cenizas. En una lápida se puede leer: «Fundador de la dinastía nacional catalana». Otra invención de la Renaixença.
Final del acto III en la producción original de 1882; diseño de Paul von Joukowsky

Final del acto III en la producción original de 1882; diseño de Paul von Joukowsky

Pues bien, Parsifal pasó a ser Carlos el Calvo. Este no le curó la herida, pero sí que con su sangre creó un escudo de armas que derivó en la actual senyera. Los intelectuales de la Renaixença vistieron este hecho diciendo que Wifredo se lo pidió. El conde de Barcelona era un visionario. Pidió un escudo de armas 400 años antes de la aparición de estos. ¡Qué más da! Lo importante era dar forma a la senyera. También en esto fue visionario. En primer lugar porque era el emblema de la Corona de Aragón. En segundo, porque se referenció la señera por primera vez en el 1187. Y en tercer lugar Carlos el Calvo había muerto 20 años antes. La Renaixença tenía como misión convertirlo todo en catalán y puso todo su empeño en ello.

Amfortas pasa a ser Wifredo el Velloso. Si uno luchó por defender el Santo Grial, el otro por defender Cataluña

Hay dos imágenes que van unidas a Siegfried. Ambas, a parte de ser la representación simbólica del personaje, fueron trasformadas por los intelectuales de la Renaixença a mayor gloria de su ideal mitológico. La primera imagen es una espada. En la obra de Wagner Siegfried recupera la espada rota de su padre Sigmund y la vuelve a forjar. Existe una clara relación entre una espada y la lengua. Para los intelectuales de la Renaixença aquella imagen representaba la consolidación de la lengua catalana. Se tenía que forjar de nuevo. Escribieron que «el idioma de nuestros padres estaba roto en diversos fragmentos, nosotros tenemos la obligación de forjar, de nuevo, aquellos fragmentos y hacer renacer la lengua catalana, símbolo de la raza catalana». Estas palabras fueron escritas a finales del siglo XIX. Hoy en día actúan, hablan y piensan igual. Siguen estancados en esta idea.

Siegfried pasó a ser Sant Jordi. Uno mató al dragón para recuperar el anillo. El otro mató al dragón para salvar al pueblo de Cataluña

¿Cómo se consolidó todo esto? Después de forjar la espada Siegfried mató al dragón para recuperar el anillo de los Nibelungos. De la noche a la mañana Siegfried pasó a ser Sant Jordi. Uno mató al dragón para recuperar el anillo. El otro mató al dragón para salvar al pueblo de Cataluña y con esa espada forjó el idioma y la raza catalana. Así pues, de una sola tacada tenemos un póker de ases: Lohengrin, Parsifal, Siegfried y Montsalvat. La mitología inventada por los intelectuales de la Renaixença es muy floja. De parvulario. Ahora bien, teniendo en cuenta el desconocimiento de la sociedad catalana, que no sabía nada de todo aquello, les sirvió y algunos aún hoy en día están explotándolo.
No debemos olvidarnos, para finalizar de Wotam, el ser supremo, que envió a sus hijas, hijos y nietos para luchar contra los que querían destruir el mundo. Wotam era la representación de aquello que el obispo Torras i Bages denominó «Casa pairal». Esto es, la cuna de la raza catalana.
Finalmente no nos podemos olvidar de las hespérides –ondinas– wagnerianas que quedaron inmortalizadas en mosén Cinto Verdaguer y Antonio Gaudí. En el poema L’Atlàntida Verdaguer habla de ellas y, esa inspiración poética quedó reflejada en el Pabellón Güell, construido por Gaudí entre los años 1884 a 1887.
¿Por qué los intelectuales de la Renaixença se inventaron esta mitología? La respuesta a la pregunta nos la dio Josep Pla al afirmar que «el subconsciente catalán se siente forastero y esto crea un sentimiento de inferioridad permanente». Y esta es la realidad. El espíritu catalán se siente inferior porque Cataluña es la unión de varios condados. Nunca fue un reino y si perteneció a uno. En cambio, todo a su alrededor eran reinos: Aragón, Valencia, Baleares. Esta inferioridad les hizo creerse más grandes que nadie, sin importarles el ridículo.
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