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27 de febrero de 2024

Retrato de la coronación de Jorge IV, realizado por Thomas Lawrence, 1821

Retrato de la coronación de Jorge IV, realizado por Thomas Lawrence, 1821

Picotazos de historia

La mezquindad de Jorge IV de Reino Unido o el proyecto de Ley de Dolores y Penas

Carolina pasaba a convertirse, nominalmente al menos, en Reina consorte del Reino Unido. Algo que su todavía marido, Jorge IV, no podía soportar. Para quitársela de encima organizó el llamado Proyecto de Ley de Dolores y Penas

En el año 1820, a requerimiento del propio Rey del Reino Unido Jorge IV, se presentó en el Parlamento un proyecto de Ley denominado de Pains and Penalties (de dolores y penas) con el objeto de deshacer el vínculo del matrimonio que le unía con su esposa la Reina Carolina de Brunswick. En 1795 el entonces Príncipe de Gales contrajo matrimonio con la duquesa alemana. El matrimonio resultó un desastre pero, todo hay que decirlo, es que el novio no hizo absolutamente nada, más bien todo lo contrario, para ganarse el afecto de su esposa.
La princesa Carolina cumplió con su deber –con mucha repugnancia como refleja su documentación privada, donde se afirma que a lo largo de su matrimonio, que duró veinticinco años, solo mantuvieron relaciones íntimas tres veces. Suficiente para procrear a la Princesa Carlota Augusta– pero tras el nacimiento de su hija y heredera dejaron de vivir juntos. Carolina, harta de las continuas humillaciones y desprecios que sufría, abandonó el Reino Unido dejando un montón de deudas detrás suyo.
La boda de Jorge, príncipe de Gales, y la princesa Carolina de Brunswick se ofició el 8 de abril de 1795 en la Capilla Real de St. Palacio de James, Londres

La boda de Jorge, príncipe de Gales, y la princesa Carolina de Brunswick se ofició el 8 de abril de 1795 en la Capilla Real de St. Palacio de James, LondresWikimedia Commons

El 29 de enero de 1820 el Rey Jorge III falleció. Carolina pasaba a convertirse nominalmente al menos, en Reina consorte del Reino Unido. Algo que su todavía marido, Jorge IV, no podía soportar. Para quitársela de encima organizó el llamado Proyecto de Ley de Dolores y Penas, que terminaría convirtiéndose en una opera bufa.
Para evitar los tribunales eclesiásticos en una causa de divorcio, el Rey presentó en ambas cámaras del Parlamento (Lores y Comunes) documentos y testimonios escritos que probaban la infidelidad de la Reina. La cámara de los Comunes declaró que la investigación, de celebrarse, habría de ser pública dada la relevancia del tema a tratar y sus consecuencias.

El Rey presentó en ambas cámaras del Parlamento documentos y testimonios escritos que probaban la infidelidad de la Reina

Esto ponía al Rey en desventaja ya que, al contrario que él, la Reina Carolina era muy popular y universalmente considerada como una esposa humillada. Además era público el concubinato del Jorge IV con la señora Fitzherbert con quien había contraído matrimonio –ilegal y nulo según las leyes que regulaban los matrimonios reales– y tenido descendencia. El 27 de junio de 1820, en pública sesión, se abrió el saco con los documentos de acusación presentados por Jorge IV a la cámara de los Lores, quienes decretaron, tras examinarlos una comisión de once pares del Reino, que «eran de tal naturaleza y gravedad que demandaban una Ley». Así nació el Proyecto de Ley de Penas y Condenas.
Caricatura de Georg y Caroline, mostrándolos sosteniendo dos grandes bolsas verdes en las que llegaron pruebas desde Milán

Caricatura de Georg y Caroline, mostrándolos sosteniendo dos grandes bolsas verdes en las que llegaron pruebas desde Milán

Jorge IV acusaba a su esposa de mantener una relación con «un extranjero de baja extracción que estaba a su servicio»: Bartolomeo Pergami. El 17 de agosto se inició el debate sobre la cuestión. Los testigos de la parte de la acusación fueron los primeros en declarar. Todos eran miembros del servicio de la Reina y, durante el procedimiento, se demostró que habían sido despedidos, castigados por alguna falta o sobornados.
Los abogados de la causa de la Reina pusieron a los testigos de la acusación en verdaderos apuros, quedando ante el público como unos rufianes desleales. El testimonio de un capitán de barco llamado a declarar en contra de la Reina –un inglés de hocico a rabo que encarnaba los ideales de rectitud y seriedad británicas–, bien reconducido por los abogados de la Reina, resultó mortal para la causa de la acusación al declarar que jamás había visto comportamientos impropios ni atenciones inadecuadas durante el tiempo que sirvió con la Reina Carolina.

La votación en la cámara de los Lores dio un resultado de 108 votos a favor y 99 en contra

Cuando llegó el turno de los testigos de la Reina las pruebas de la acusación quedaron como burdas manipulaciones. La votación en la cámara de los Lores dio un resultado de 108 votos a favor y 99 en contra. Lo que significaba que, quitando el voto de los lores eclesiásticos y de los lores funcionarios (ambos seguían directrices de voto directamente del rey por motivo de su cargo), perderían la votación en la cámara de los comunes y el Proyecto de Ley sería rechazado.
Para la Reina Carolina fue una gran victoria, mayor aún por el masivo apoyo mostrado por el pueblo de Londres, que se apiñó en torno a su persona. Con todo se prohibió su presencia en la ceremonia de coronación. Ese mismo día se encontró mal y moriría tres semanas después. Su esposo, el Rey Jorge IV, no asistió a sus exequias y envió su cuerpo a Brunswick para ser enterrado en la capilla ducal. Lejos de Inglaterra.
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