Adolf Hitler paseando frente a la Torre Eiffel en París, 23 de junio de 1940
Picotazos de historia
Las colaboradoras de la élite parisina que delataron a judíos y miembros de la resistencia
Todas ellas espiaron para los alemanes, denunciaron a familias judías, participaron en el mercado negro y se enriquecieron con el contrabando
Los años de la ocupación de la mitad de Francia por las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial fueron años en los que muchos miembros de la élite de la intelectualidad (Sartre, Bouvier…), del arte (Picasso, Vlaminck…) y de la alta sociedad mostraron una ambigüedad moral y política que hoy —ya que no hemos vivido esos tiempos ni nos enfrentamos a esas circunstancias— nos llama la atención y puede chocarnos.
Durante esos años convulsos hubo grupos de individuos que directamente se pusieron al servicio de las fuerzas de ocupación. Oportunistas que aprovechaban las circunstancias para enriquecerse, dar libertad a sus más bajas pasiones o, simplemente, sobrevivir. De entre todas estas personas destacó un grupo que se movía entre la élite social e intelectual y donde llevaron a cabo sus delitos y delaciones, protegidos por la Gestapo alemana y la policía francesa. A este grupo concreto se le dio el nombre de las «condesas de la Gestapo».
Estas señoras formaban un abigarrado grupo donde podemos encontrar prácticamente de todo: auténticas nobles empobrecidas o exiliadas, actrices, meretrices, aventureras, etc. Pero todas ellas espiaron para los alemanes, denunciaron a miembros de la resistencia y a familias judías, participaron en el mercado negro y se enriquecieron con el contrabando. Llevaron a cabo mil fechorías, pero siempre envueltas en el lujo y la degeneración. Fueron la élite del champán. Las colaboradoras horizontales.
La más conocida de estas señoras fue la actriz Illa Meery, famosa por haber aparecido con el pecho al aire, junto a la norteamericana Josephine Baker, en la película Zouzou (1934). Su verdadero nombre era Mara Tchernycheff y era hija de un conde ruso exiliado tras la Revolución rusa. En 1939 se casó con el actor Henri Garat, matrimonio que duró poco y que se caracterizó por una liberalidad de mente extrema.
Ila Meery. Tarjeta postal francesa
En 1942 Illa, o Mara, se encuentra en París firmemente establecida como informante de la Gestapo. Además, fue la amante de Henri Lafont, comandante de la Gestapo francesa. Mara lo sustituirá por Hans Leimer, que era el oficial de las SS encargado del envío a Alemania de todas las obras de arte y antigüedades requisadas en Francia.
Detenida por la Gestapo, fue enviada a Berlín para ser juzgada por los delitos de mercado negro, robo y contrabando. A su amigo Leimer lo enviaron a combatir al frente de Rusia y nunca más se volvió a saber nada sobre él. Y es que resultó muy mala idea intentar robar a los mismos que la protegían.
Liberada por los norteamericanos, fue deportada a Francia, donde se le juzgó por colaboración, delación, contrabando, etc. Salió muy bien librada, ya que solo fue condenada a dos años y a la confiscación de sus bienes. Tras cumplir la pena, desapareció. Cada cierto tiempo aparecía en los periódicos en relación con la reclamación de alguna propiedad que había pertenecido a alguna familia judía denunciada por ella. Se ignora la fecha de su fallecimiento.
Otro notable personaje de esta colección fue la princesa Eufrosina Mourousi. Perteneciente a la nobleza fanariota (grupo de familias de origen griego y ascendencia noble que habitaron en el distrito de Fanar, en la Estambul musulmana, y que tuvieron gran protagonismo bajo el gobierno de los sultanes).
Mujer de fascinante belleza, sexualidad poliamorosa y rampante, politoxicómana y de amoralidad absoluta, se especializó en el contrabando de cigarrillos y de ropa interior femenina. Detenida por la policía francesa, le cayó una pena de seis meses. Al salir de la cárcel estaba sin un céntimo y embarazada de un colaboracionista. El hijo sería un conocido periodista de nombre Yves Mourousi.
Desesperada, se ofreció a la Gestapo para espiar dentro de los salones más selectos de París. Está comprobado que al menos cuatro familias fueron deportadas por sus delaciones. Familias de rusos exiliados y judíos, personas a las que ella ofreció amistad y protección para después denunciarlas y aprovecharse de los despojos.
Terminada la guerra, fue apresada y condenada a tres años de cárcel por colaboración con el enemigo y, cumplida la pena, le fue prohibida la entrada en Francia por un periodo de veinte años. Falleció, sola y arruinada, en Atenas en 1965.
Otro personaje fue la marquesa Sylvie d’Abrantes. Esta mujer nació en 1912 y fue bautizada como Sylviane Quimfe. Aunque luego se hizo llamar Sylvie, los documentos suelen referirse a ella como Sylviane. Fue prostituta, buscavidas y apasionada del billar, lo que la llevaría a participar en el primer campeonato de Francia de billar femenino en 1932.
En esta celebración hizo de modelo promocional (vestida y desnuda, como la Maja de Goya). Un afortunado día, mientras ejercía las artes de Venus en un conocido local parisino especializado en estas mercaderías, conoce y fascina al influenciable Maurice Bertrand Andoche Le Ray, marqués d’Abrantes y heredero del ducado que Napoleón Bonaparte concedió a su mariscal Jean Andoche Junot. Sylviane consigue que Maurice se case con ella y, ¡he ahí!, oficialmente se transforma en Sylviane, marquesa d’Abrantes. Esto sucedió en 1939.
Durante los años de la ocupación, Sylviane se encontraba en París. Maurice reside fuera y está separado de su mujer, aunque no ha oficializado el divorcio. En París, Sylviane se arrojó a los brazos de los diferentes oficiales de la Gestapo y de la policía. Colaboró con ellos denunciando a las familias judías, y los despojos de sus bienes le sirvieron para mantener un extravagante ritmo de vida.
Una de sus diversiones, que practicaba con su amiga María Angustias Núñez de Prado, marquesa de San Carlos de Pedroso, consistía en identificar a republicanos españoles y denunciarlos a las autoridades alemanas. Debían de considerarlo graciosísimo.
Terminada la guerra, fue detenida y condenada a una breve estancia en prisión. Se le confiscaron sus bienes, no así los de Maurice, que consiguió el divorcio de ella en 1947 y jamás quiso volver a verla. Desapareció discretamente y nadie volvió a saber nada de ella hasta su muerte en 2012, con cien años de edad.
Hay más mujeres en el listado, pero con las mencionadas ya se habrán hecho una buena idea de cómo eran estas condesas de la Gestapo.