23 de mayo de 2022

Las claves del conflicto en Kazajistán ¿Qué está sucediendo?

Las claves del conflicto en Kazajistán: ¿qué está sucediendo?

El mundo asiste entre el asombro y la preocupación a los violentos e inesperados choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Kazajistán

Las protestas en distintos puntos de Kazajistán por la subida del precio del gas licuado y contra el sistema político autoritario han situado al país durante la última semana como protagonista inesperado de la esfera internacional.
La casi inmediata intervención militar rusa para sostener a su aliado es una prueba de que el régimen se tambalea, a pesar de que el presidente Kassym Jomart Tokayev aseguró que el orden constitucional ha sido «ampliamente reestablecido» con ayuda militar rusa.

¿Cuándo empezaron las protestas?

Las protestas comenzaron el pasado domingo 2 de enero con una serie de manifestaciones pacíficas en ciudades de provincia de Kazajistán. La represión violenta de los manifestantes hizo que las protestas se extendieran a otras zonas del país y que aumentaran de intensidad.
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El martes 4 de enero llegaron a la ciudad de Almaty, segunda ciudad de Kazajistán en importancia y centro económico del país. En Almaty las manifestaciones se volvieron violentas y se produjeron fuertes choques con la policía y el ejército.
A pesar del gran despliegue policial, los manifestantes lograron obligar a las fuerzas de seguridad a replegarse y consiguieron ocupar e incendiar edificios administrativos, como la sede del gobierno local o la Fiscalía, y suspender el funcionamiento del aeropuerto.

¿Qué exigen los manifestantes?

El detonante de las protestas fue la fuerte subida del precio del gas licuado, principal combustible de Kazajistán. En apenas unos días, el precio del gas se duplicó. Los ciudadanos de Kazajistán, duramente golpeados por las consecuencias de la pandemia de coronavirus, se echaron a la calle para protestar por lo que consideraron un abuso por parte de las autoridades kazajas.
Tras el aumento de intensidad de las protestas, el presidente de Kazajistán, Kassym Jomart Tokayev, destituyó a todo el Gobierno y decretó una bajada de precios del gas licuado, la gasolina y el diésel.
Sin embargo, las protestas no se detuvieron. La violenta represión de las manifestaciones hizo que las reclamaciones ya no fuesen la bajada del precio de los combustibles, sino que ahora se reclama un cambio de régimen.

¿Qué sistema rige en Kazajistán?

Kazajistán fue una república soviética hasta su independencia en 1991 tras la caída de la URSS. La figura central de la historia reciente del país es Nursultán Nazarbáyev, que fue primer ministro durante la época soviética y primer presidente del Kazajistán independiente.
Nazarbáyev, a quien se conoce con el nombre de «viejo presidente», renunció a la presidencia en 2019 y lo sustituyó Tokayev. Sin embargo, Nazarbáyev se mantuvo como poder en la sombra desde su cargo de presidente vitalicio y sigue ejerciendo el control absoluto sobre los destinos del pueblo kazajo. Su poder es omnipresente y prueba de ello es que en 2019 se cambió el nombre de la capital, Astaná, por el de Nur-Sultán, en su honor.
Los manifestantes exigen la derogación de este sistema con la proclama «fuera el viejo», es decir, fuera Nursultán Nazarbáyev, que se ha convertido en el lema principal de la revuelta.

¿Qué intereses tiene Rusia?

Rusia ve con temor la deriva en la que ha entrado Kazajistán en la última semana. El presidente Vladimir Putin está intentando mantener, y aumentar, la influencia rusa en los países que pertenecieron a la Unión Soviética, y las manifestaciones contra el régimen prorruso de Kazajistán amenazan ese objetivo.
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Kazajistán es importante para Rusia tanto por los lazos históricos que unen a ambas naciones como por los intereses estratégicos y económicos rusos en el país. En Kazajistán está el cosmódromo de Baikonur, esencial para el programa espacial ruso y, además, el país dispone de minerales estratégicos necesarios para Moscú.
La entrada de muchos de países exsoviéticos en la Unión Europea y en la OTAN, la desaparición de Yugoslavia o la caída de varios gobiernos prorrusos asestaron un duro golpe a la autoestima de los mandatarios rusos.
En los últimos años, Putin ha emprendido una estrategia de intervencionismo y expansionismo militar en su vecindario. En 2008 intervino militarmente en Georgia, cuyo gobierno prorruso fue depuesto en los años previos y sustituido por un gobierno prooccidental, y anexionó de facto los territorios georgianos de Abjasia y Osetia del Sur.
En 2014 Rusia anexionó la península ucraniana de Crimea tras la destitución del presidente prorruso Víktor Yanukóvich y el giro occidental de Ucrania. Ahora, Rusia ha situado en la frontera con Ucrania un importante contingente militar con la amenaza de invadir el país en apoyo de los independentistas prorrusos de la región oriental de Donbás. Rusia pretende con esta maniobra de presión evitar que Ucrania culmine su giro a occidente con su ingreso en la OTAN.
En la reciente crisis en Bielorrusia, donde miles de manifestantes pusieron en jaque al dictador Alexandr Lukashenko tras el fraude electoral de agosto de 2020. Rusia envió ayuda militar a Bielorrusia para reprimir las manifestaciones y atar más en corto al díscolo dictador bielorruso y dar un impulso al proceso de integración que Putin pretende que culmine con la integración de Bielorrusia en la Federación Rusa.
La reciente guerra entre Armenia y Azerbaiyán en 2020 ha servido también a Putin para forzar un mayor acercamiento entre su socio caucásico y Rusia y atajar la política de cercanía a la Unión Europea y la OTAN.
La pérdida de gran parte del enclave armenio de Nagorno Karabaj a manos del ejército azerí forzó a Armenia a solicitar el envío de un contingente militar ruso que garantice la seguridad en sus fronteras.
Rusia ha enviado ahora un contingente militar a Kazajistán en el contexto de una misión de paz de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una alianza militar de ex repúblicas soviéticas en la que participan también Bielorrusia, Armenia, Kirguistán y Tayikistán, además de Rusia y Kazajistán.
Esta intervención muestra que Putin no está dispuesto a perder una nueva pieza en el tablero ex soviético de su vecindario y que está dispuesto a hacer lo que haga falta para mantener al dúo Nazarbáyev-Tokayev en el poder.

¿Cuánta gente ha fallecido?

Los medios de comunicación están intervenidos en Kazajistán, y el Gobierno ha limitado el acceso a internet y a la telefonía móvil, por lo que es difícil tener datos fiables de lo que está sucediendo.
Según fuentes oficiales del Gobierno, se han producido 18 muertos entre miembros de las fuerzas de seguridad y 748 heridos. Además, entre los manifestantes habrían muerto 26 personas y se habrían producido 18 heridos. Los medios de difusión gubernamentales informaron de que se han detenido a 3.000 personas.
El Gobierno definió a los manifestantes como «terroristas armados», «bandidos» y «criminales». El presidente Tokayev ordenó «disparar a matar sin aviso previo» contra los manifestantes y prometido «eliminar a los bandidos».

¿Cómo ha reaccionado el mundo?

El estallido de la crisis ha hecho que las miradas de la comunidad internacional se dirijan a Kazajistán. Estados Unidos, por medio del portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, advirtió que «Estados Unidos y, francamente, el mundo, estará atento a cualquier violación de derechos humanos» en Kazajistán.
No obstante, lanzó también una advertencia a los manifestantes al subrayar que «también estaremos vigilantes de cualquier acción que pueda llevar a la toma de las instituciones». De hecho, el Secretario de Estado, Antony Blinken, expresó «el total respaldo de Estados Unidos a las instituciones constitucionalmente establecidas y a las libertades de prensa, y abogó por el respeto de los derechos y la resolución concertada de la crisis».
La Unión Europea, a través de su alto representante para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, mostró su preocupación por lo que está sucediendo en Kazajistán. Por medio de un mensaje en Twitter, Borrell aseguró que en las instituciones europeas hay «gran preocupación por la situación en Kazajistán. La asistencia militar extranjera evoca recuerdos de situaciones que deben evitarse». Añadió que «los derechos y la seguridad de los civiles deben ser garantizados».
En una declaración conjunta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente francés y presidente de turno del Consejo de la Unión Europea, Emmanuel Macron, pidieron el fin de la violencia y recordaron que «los derechos y la seguridad de los ciudadanos son primordiales y deben ser garantizados».
Asimismo, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, exigió a todas las partes involucradas en el conflicto que se frene la violencia y que se garantice el derecho a la manifestación pacífica.
«La gente tiene derecho de manifestarse pacíficamente y expresarse libremente. Por otro lado, los manifestantes, por muy enojados o descontentos que estén, no deben recurrir a la violencia», defendió.
Por otro lado, el presidente de China, Xi Jinping, respaldó al presidente kazajo y elogió sus «medidas contundentes» para mantener el orden. «Usted tomó medidas contundentes en un momento crítico y rápidamente calmó la situación, mostrando su posición de responsabilidad y de un sentido del deber como político, mostrándose muy responsable hacia su país y su pueblo».

¿Cómo evolucionará la crisis?

El líder opositor Mukhtar Abliazov, refugiado en Francia, aseguró que estas manifestaciones son «el final del régimen, la pregunta es cuánto tardará». «El cambio de régimen aún no se ha producido, pero la revolución ya ha tenido lugar en la mente de la gente», afirmó en declaraciones recogidas por AFP.
Sin embargo, al igual que ocurrió en Bielorrusia, la intervención militar rusa y la determinación de Vladimir Putin de mantener el régimen kazajo, podría permitir al presidente Tokayev recuperar el control y atajar las protestas.
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