Fundado en 1910
Dignora Hernández, política y opositora venezolana

Dignora Hernández, política y opositora venezolana

Entrevista

Dignora Hernández, opositora venezolana: «En El Helicoide no eres dueña de tu vida. Es un depósito de gente»

Liberada el 8 de febrero, tras casi dos años presa, en entrevista con El Debate asegura: «Zapatero es el Maquiavelo que ha permitido a la tiranía buscar subterfugios para mantenerse en el poder»

Dignora Hernández, 57 años, es una reconocida política y opositora venezolano. Hernández ocupó el cargo de diputada suplente de la Asamblea Nacional de Venezuela y, en ese periodo, impulsó la declaración de persona non grata del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por su papel como mediador con la dictadura chavista.

Su última etapa se desempeñó como secretaria del partido Vente Venezuela (VV)y miembro de la campaña de María Corina Machado, lo que acabó con su secuestro por parte de comandos chavistas en marzo de 2024.

Pasó casi dos años en el mayor centro de torturas del chavismo, El Helicoide. El pasado 8 de febrero fue excarcelada junto a otros opositores. No ha dado declaraciones a ningún medio desde su liberación.

Hernández comparte por primera vez su testimonio con El Debate. Empieza pidiendo disculpas. «Son preguntas que me conmueven profundamente, porque todavía no me he incorporado a esta vida que va tan rápido. Te pido que me permitas hacer pausas para poder responder con la seriedad del caso, sin que me ganen las emociones», confiesa, antes de bajar al barro.

¿Cómo recuerda el día que fue secuestrada por el Sebín?

–Transcurrió como cualquier otro, lleno de ilusiones y ganas de trabajar por la libertad de Venezuela. Cuatro días antes había regresado de España. Aún así, me despedí de mi sobrina María Laura, que es como la hija que no tuve. Sentí una necesidad espiritual de hablar con tres personas: un amigo en España, a quien le dije que si algo me pasaba quería que mi familia supiera que estaría bien; mi sobrina; y mi hermano menor. Fueron conversaciones generales, pero muy sentidas.

Al salir de casa, a media cuadra, un comando de unos veinte hombres me hizo una emboscada. Al principio no entendía quiénes eran. Me identifiqué con mi nombre y mi posición: «Soy miembro del comando de campaña de María Corina Machado, soy miembro de la dirección de Vente Venezuela, me estoy presentando. ¿Quiénes son ustedes?», dije. Llevaban pasamontañas y nadie hablaba. Corrí por puro instinto y me persiguieron como en una cacería hasta que me acorralaron contra una camioneta. Después entendí que, en los códigos que ellos usan dentro del centro de reclusión, a lo que me hicieron lo llaman «una rueda de pescado». Volví a decir quién era y pedí ayuda. Me esposaron y lancé un grito de auxilio que después supe que había sido grabado. Ese día comprendí que mi historia ya no era solo mía, sino la de todo un país.

¿Había recibido algún tipo de amenaza previa?

–En Venezuela todos los que hacemos política contra una tiranía sabemos cuál es el precio: desaparición o muerte. Sin embargo, uno piensa que le puede pasar a otros y no a sí mismo. No recibí una amenaza concreta ni siquiera una orden judicial previa. La detención vino primero y la orden apareció días después.

–¿La torturaron durante el tiempo que estuvo encarcelada en El Helicoide?

–La tortura no es solo el golpe físico. Existe la tortura emocional, la llamada tortura blanca, que no deja marcas visibles. La privación ilegítima de libertad, la incomunicación –mi familia no supo dónde estaba hasta ocho días después de mi secuestro–, la falta de información o de defensa jurídica son también formas de tortura. En El Helicoide uno deja de ser dueño de su vida; es un depósito de personas. Allí te lanzan y te dicen que no saldrás de ahí hasta que no haya una negociación, mientras que el régimen niega que haya presos políticos.

No sabía cuándo era de día o de noche. Podían cortarte el agua aun habiéndola. No tuve acceso al expediente ni a defensa privada. Las audiencias se hacían sin preparación y con un defensor público que me instaba a reconocer unos delitos que no había cometido. También existe la cosificación del preso: te mueven como un objeto, sin control sobre nada. Allí me dejaron 690 días. 23 meses. Casi dos años.

–Una vez libre, ¿sufre algún tipo de secuelas?

–Todavía no puedo dimensionarlas. Gracias a los libros, la música, el humor y algunas estrategias mentales pude resistir. Pero el cuerpo empieza a mostrar señales. Me he descubierto durmiendo con la luz apagada, pero con una linterna encendida y un reloj al lado. El otro día también, al pasar por el lugar del secuestro, sentí un frío intenso bajo el sol. Conocí el miedo de verdad en El Helicoide, cuando nombraban a mi familia con nombre, apellido y sus direcciones. Las secuelas, imagino, las iré descubriendo poco a poco.

Conocí el miedo de verdad en El Helicoide, cuando nombraban a mi familia con nombre, apellido y sus direccionesDignora HernándezPolítica y opositora venezolana

–¿Cómo es estar preso en El Helicoide?

–El Helicoide no es igual todos los días. Las órdenes cambian constantemente y creo que eso forma parte de una estrategia para confundirte, para que no sepas si quienes te custodian son buenos o malos. Puede haber un día relativamente permisivo, en el que te abren la puerta de la celda y te dejan caminar unos metros, algo que en realidad es un derecho, pero que uno termina percibiendo como un permiso. También puede haber un día malo o peor, o incluso un día aparentemente sereno que se rompe con un insulto inesperado por la tarde, sin motivo alguno. Ese quiebre forma parte del patrón.

El preso político desarrolla mecanismos para entender lo que ocurre, aunque no puedo revelar detalles mientras exista un solo preso político en Venezuela, porque también construimos códigos propios para informarnos y resistir.

En mi caso no hubo golpes físicos directos, en parte porque el régimen es misógino y subestima a las mujeres, creyendo que puede quebrarnos solo con insultos o malos tratos. Sin embargo, con muchos compañeros hombres la violencia fue mayor, y sí pude conocer sus testimonios. Algunos estuvieron en celdas de castigo, a las que se refieren como 'el tigrito', donde recibían envases para sus excrementos, sin agua y con la comida dentro del mismo espacio. En los primeros tiempos varios sufrieron golpes, a los que ellos llamaban «masajes», adoptando un lenguaje propio para poder contarlo.

También debo decir, por honestidad, que en los últimos tres meses de mi reclusión hubo cierta cordialidad por parte de algunos custodios jóvenes, personas que también aspiran a una Venezuela distinta. Existió un trato más respetuoso, sin dobles sentidos ni humillaciones abiertas. No sé si obedecía a un cambio de estrategia o a que sabían que podíamos ser liberados y querían dejar otra impresión.

–¿Por qué a los excarcelados se les prohíbe dar declaraciones o tener presencia en redes sociales?

–En mi caso tengo las mismas medidas que tenía Juan Pablo Guanipa cuando fue excarcelado por primera vez, siendo estas la prohibición de salida del país y régimen de presentación periódica. Legalmente puedo declarar; lo que ocurre es que al régimen no le gusta la verdad porque debilita un sistema basado en la mentira.

–¿Tiene miedo de volver a ser detenida?

–La noche en la que Guanipa fue nuevamente secuestrado tengo que reconocer que dormí vestida y con el bolso en la mano. Pensé que volverían a por mí y estaba preparada. El miedo es una reacción normal, pero la libertad está detrás del miedo. Defiendo una premisa y un eslogan de vida. El que asume hechos, asume consecuencias. Y yo asumí el hecho de haber enfrentado un sistema con estas características y tengo claro que hasta que no cese y no se termine de romper esta tiranía, nosotros seguimos corriendo riesgos.

El miedo es una reacción normal, pero la libertad está detrás del miedoDignora HernándezPolítica y opositora venezolana

–¿Cómo valora la operación de Donald Trump que acabó con la captura de Nicolás Maduro?

–Los venezolanos llevábamos décadas buscando la libertad por vías democráticas, pero faltaba la presión internacional. De manera que yo con el Gobierno de Estados Unidos y el presidente Trump tengo un agradecimiento infinito. Ojalá nunca se hubiera llegado a este punto, pero ocurrió porque se agotaron todas las vías democráticas internas tras una crisis humanitaria que, dicho sea de paso, es de orden antropológico. Y no como en otros lugares, que viene provocada por una catástrofe natural. En nuestro caso no fue un terremoto, no fue un ciclón, aquí fue Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez quienes destruyeron Venezuela. La intervención era necesaria y llegó en el momento oportuno.

–¿Qué opina de la ley de amnistía anunciada por Delcy Rodríguez?

–La misma que ordena detener es la que ordena liberar. La amnistía es necesaria cuando se tiene voluntad, y ellos lo que están demostrando es que no tienen voluntad. Por eso buscan subterfugios, instrumentos que sean capaces de dilatar lo que ya es un hecho irreversible, la libertad de Venezuela. Se trata de una táctica para dar a entender al mundo que se está trabajando, pero basta con ordenar que todos regresen a sus casas.

–¿Cree posible una transición y la instauración de una democracia?

–Sí, si hay voluntad y justicia. La transición no puede significar impunidad. Sin justicia no habrá transición. Yo particularmente no necesito que me perdonen porque no he cometido ningún delito. En cierta manera, en El Helicoide me reconcilie con el chavismo. En prisión conocí también a víctimas de este régimen. Mujeres, hombres, jóvenes, los hijos del chavismo, los 'tontos útiles' que le sirvieron en la industria, en alcaldías, en la Asamblea Nacional y que una vez que no los necesitaban los encerraron, porque el comunismo es un monstruo que se come a sus propios hijos. Por eso creo en la reconciliación entre venezolanos que sufren, pero no en el perdón para quienes ordenaron el sufrimiento.

El comunismo es un monstruo que se come a sus propios hijosDignora HernándezPolítica y opositora venezolana

–¿Qué papel cree que debe jugar María Corina Machado en el futuro de Venezuela?

–María Corina Machado ya está jugando un papel. Es una ciudadana de primera línea, se ha puesto al frente y ha abierto el camino. Es conocida por mucha gente como la dama de hierro. Yo, que he podido y tenido la oportunidad de trabajar a su lado, puedo decir que es una dama de hierro con corazón de diamante. Está comprometida con la justicia, la libertad y el retorno a la democracia.

Zapatero ha sido el estratega, el Maquiavelo que le ha permitido a la tiranía buscar subterfugios para mantenerse en el poderDignora HernándezPolítica y opositora venezolana

–¿Qué papel ha desempeñado realmente José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela?

–Rodríguez Zapatero es innecesario, inoportuno y no es grato para la sociedad venezolana. Ha contribuido a estabilizar al régimen. Ha sido el estratega, el Maquiavelo que le ha permitido a la tiranía buscar subterfugios para mantenerse en el poder. Pero de estabilizador pasó a ser ilusionista. Ahora está haciendo magia, tratando de devolver al régimen a la vida, pero él sabe que esa vida política se terminó y que ahora les toca enfrentarse a la justicia.

Cada vez que viene a Venezuela evidencia su compromiso con el sistema y para la sociedad venezolana es una figura innecesaria y poco grata. Su compromiso ha estado con el régimen, son los negocios, la sangre y la savia lo que circula por las venas de Zapatero y no el compromiso con la liberad. El mejor ejemplo de esto es que Zapatero ya ni siquiera nombra a Maduro y ahora su mejor amiga es Delcy.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas