El portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78)
Trump mantiene al Ejército estadounidense en alerta ante una campaña militar de varias semanas contra Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene todas las opciones abiertas con respecto a Irán. El republicano, y como ya hizo con Venezuela pero también con la República Islámica el pasado verano, continúa con las negociaciones y apuesta por la diplomacia –o al menos eso dice públicamente– mientras despliega a su Armada en la región de Oriente Medio y prepara a su Ejército para una campaña militar que podría durar incluso semanas, según informó este sábado la agencia de noticias Reuters, citando a dos funcionarios estadounidenses.
Estados Unidos ya cuenta en la región con el portaviones USS Abraham Lincoln, concretamente en el mar Arábigo, al que en los próximos días se sumará el USS Gerald R. Ford, el más potente del mundo y que Trump utilizó el pasado mes de enero en su operación para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro. A todo esto hay que sumar sus respectivos grupos de escolta, así como aviones de combate, misiles guiados y más soldados. Cualquier opción está encima de la mesa, el propio Trump, este viernes durante un acto militar en Fort Bragg, Carolina del Norte, aseveró que un cambió de régimen en Irán «sería lo mejor que podría pasar».
En este sentido, evitó pronunciarse sobre quién podría ostentar el poder si los ayatolás llegaran a caer, pero aseguró que «hay gente». Sin embargo, por ahora, la Casa Blanca juega al despiste sin aclarar que haría si fracasa la diplomacia. «El presidente Trump tiene todas las opciones sobre la mesa», apuntó este viernes la portavoz del presidente, Anna Kelly. «Escucha una variedad de perspectivas sobre cualquier tema, pero toma la decisión final basándose en lo que es mejor para nuestro país y la seguridad nacional», zanjó. Así, Washington y Teherán tienen previsto una nueva ronda de conversaciones este martes en la ciudad suiza de Ginebra. Hace diez días, ambos países se reunieron de manera indirecta en Omán, donde se comprometieron a seguir hablando.
A pesar de que ese primer contacto fue «positivo», según ambas delegaciones, este sábado el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reconoció durante la conferencia de seguridad de Múnich que un acuerdo nuclear con Teherán es «muy difícil de conseguir». Trump no solo quiere que la República Islámica limite su programa atómico, también exige a Irán que restrinja la producción y el alcance de sus misiles balísticos, entregue sus reservas de uranio enriquecido al 60 % y ponga fin a su apoyo militar y económico a las milicias y organizaciones terroristas afines en la región como Hezbolá, en el Líbano; Hamás y la Yihad Islámica, en la franja de Gaza o los hutíes en Yemen.
Por ahora, Irán se ha mostrado dispuesto a negociar su acuerdo nuclear, a cambio de que Estados Unidos levante las sanciones económicas al país, pero ha marcado como línea roja incluir en las negociaciones cualquier referencia a su programa de mísiles balísticos. Para tratar de seducir al equipo negociador de Trump, encabezado por su enviado especial Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, el régimen ha abierto la puerta a negociar sobre la explotación de yacimientos de petróleo y gas, ha planteado inversiones mineras e incluso la compra de aeronaves. «Para la durabilidad de un acuerdo, es esencial que Estados Unidos también se beneficie en áreas con altos y rápidos retornos económicos», ha apuntado Hamid Ghanbari, subdirector de diplomacia económica del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.
Asimismo, y para allanar el terreno antes de las negociaciones con Estados Unidos en Ginebra, el ministro de Exteriores de la República Islámica, Abbas Araghchi, mantiene este lunes un encuentro con el director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi. «Estoy en Ginebra con ideas reales para lograr un acuerdo justo y equitativo. Lo que no está sobre la mesa es la sumisión ante las amenazas», ha aclarado Araqchi en un mensaje en su cuenta de X, antes Twitter. Mientras tanto, Israel, presiona su gran aliado Estados Unidos para que no ceda a ninguna de las peticiones de Teherán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien se reunió con Trump la semana pasada en la Casa Blanca para abordar las negociaciones nucleares con Irán, exige que se desmantele toda la infraestructura nuclear iraní, así como que limite a 300 kilómetros el alcance de sus misiles balísticos.