Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa
Francia
La trampa que Mélenchon ha tendido a los socialistas
El primer secretario del Partido Socialista (PS), Olivier Faure, lo dijo por activa y por pasiva antes de la primera vuelta de las elecciones municipales, celebrada el pasado domingo: la formación que dirige no establecería alianzas con La Francia Insumisa (LFI) de cara a la segunda vuelta. La realidad ha sido muy distinta: a las 18 horas del martes, fecha límite para fusionar listas o retirar candidaturas –las dos opciones que ofrece la ley francesa en estas circunstancias– LFI y PS se han aliado en ciudades estratégicas, con la intención de impedir una victoria de la Agrupación Nacional (RN) o de la derecha más moderada de Los Republicanos u Horizontes.
Y lo han hecho en ciudades estratégicas. Inició Toulouse la ola de alianzas el lunes por la mañana. En la conocida, como Ciudad Rosa, cuarta urbe de Francia por población que bien podría teñirse de rojo, los dos François unieron fuerzas. El candidato del LFI, François Piquemal, incluso se impuso entre los candidatos de izquierda con un 27,5 %, por delante de la lista del Partido Socialista de François Briançon (25 %). Sin esta alianza, parece imposible derrotar al alcalde en funciones, Jean-Luc Moudenc, un independiente de centroderecha, que obtuvo el primer lugar con un 37,23 %.
Tras una tarde y una noche de negociaciones, ambos anunciaron su alianza con un acuerdo: la alcaldía para el LFI y la presidencia del área metropolitana para el Partido Socialista, en caso de ganar. «El pueblo de Toulouse nos lo pidió. Nos dieron la ventaja y nos dijeron: 'Unámonos, trabajemos juntos para unirnos'», se justificó Briançon, líder del Partido Socialista en Haute-Garonne. En consecuencia, el Partido Radical de Izquierda, formación históricamente moderada, se retiró de la lista encabezada por Briançon, no sin denunciar esta alianza.
Lo mismo ha ocurrido en Limoges, donde el partido La Francia Insumisa (LFI) también se impuso al resto de la izquierda. Damien Maudet, candidato del LFI (24,86 %), llegó a un acuerdo con Thierry Miguel, cabeza de la lista del Partido Socialista (16,92 %). Esto les da esperanzas de derrotar al candidato republicano, Guillaume Guérin, quien obtuvo el primer lugar con el 27,34 %. Esta alianza se vio facilitada, en particular, por principios fundamentales compartidos. «Nuestros programas eran en gran medida similares», explicó el socialista Thierry Miguel.
Nantes, Brest y Clermont-Ferrand, socialistas y extrema izquierda han optado por una «fusión técnica», es decir, sin acuerdo político de fondo, solo para lograr una mayoría. Después ya se verá. En Nantes, la fusión ha sido complicada, pero era la única opción para que Johanna Rolland, alcaldesa saliente y dirigente del PS a nivel nacional no se vea obligada a ceder el sillón municipal al conservador Foulques Chombart de Lauwe: menos de 1,5 puntos separaron a ambos.
En Brest que, como Nantes, es feudo socialista desde hace décadas, en caso de victoria, LFI no tendrá representación en el poder ejecutivo y formará su propio grupo. Sin embargo, este acuerdo de conveniencia ha sorprendido a muchos, viniendo de alguien cercano a François Hollande. El expresidente se opone frontalmente a cualquier acuerdo con el partido de Jean-Luc Mélenchon. El propio Cuillandre había descartado una alianza antes de la primera vuelta. Pero ante la posibilidad de una victoria de la derecha, algunos principios podrían cambiar. En Clermont-Ferrand, sede de Michelin y gobernada por los socialistas desde 1945, el escenario es globalmente similar.
En Marsella, ha sido el candidato de LFI, el controvertido diputado David Delogu, quien se ha retirado para facilitar la tarea al alcalde socialista Benoît Payan. En París, en cambio, el socialista Emmanuel Grégoire se enfrentará a la exministra de centro derecha Rachida Dati y la candidata de LFI, Sophia Chikirou, compañera sentimental de Jean-Luc Mélenchon. Grégoire, favorito de las encuestas, solo pretende deber su probable victoria a sí mismo.
Caso distinto es del de Estrasburgo, donde la candidata socialista, la exministra Catherine Trautmann, que ya fue alcaldesa entre 1989 y 2001, se ha aliado con el candidato de una formación de centro derecha para frenar al candidato de Los Republicanos, Jean-Philippe Vetter, y también a la alcaldesa saliente, Jeanne Barseghian: ésta su se ha aliado con LFI. Trautmann está a punto de ser expulsada del PS. ¿Y no los que se alían con la cada vez más antisemita LFI?
Con todo, nadie discute la victoria táctica de Mélenchon en la primera vuelta. De entrada, la movilización de su base electoral ha sido impecable. Al clasificarse para la segunda vuelta en muchas ciudades importantes, los candidatos mélenchonistas han logrado volverse indispensables para el resto de la izquierda con el fin de tener alguna posibilidad de ganar. Primera lección. Segunda: los objetivos de LFI eran clarísimos: existir de cara a las las elecciones presidenciales, –las únicas que realmente importan a Mélenchon–, acelerar la fragmentación de la izquierda en torno a su figura, posicionarse como un baluarte contra la derecha y Agrupación Nacional, englobadas bajo la desgastada etiqueta de «fascismo», en contra de cualquier realidad. Los objetivos se han cumplido.