Ser o no ser primer ministro: Starmer se juega su futuro en Downing Street en unas elecciones clave
La triple cita electoral para renovar los parlamentos autonómicos en Escocia y Gales y las municipales en buena parte de Inglaterra anticipa una derrota para el laborismo, que perdería bastiones inexpugnables en 100 años
El primer ministro británico, Keir Starmer, en Downing Street
El laborismo atraviesa una crisis sin precedente en el último siglo. El partido se enfrenta a un triple desafío en las urnas con la renovación de los parlamentos autonómicos de Escocia y Gales y de buena parte de los municipios en Inglaterra.
Los sondeos, para disgusto del primer ministro británico Keir Starmer, no solo no le sonríen, sino que le dan la espalda. El efecto colateral de una triple derrota podría suponer una inevitable moción de censura.
Mucho tendría que cambiar el ánimo de los británicos para que hoy los pronósticos se estrellaran. La caída a plomo de la popularidad del primer ministro se traduce en su ausencia en buena parte de los carteles de su propio partido.
Starmer llegó hace dos años al Nº10 de Downing Street con la esperanza de ofrecer un futuro más prometedor y estable que contrarrestara la herencia dejada por los tories.
Los antecesores en la emblemática calle de Londres desde David Cameron (2010) con su referéndum del Brexit a Rishi Sunak (2022) sin olvidar la seguidilla inaugurada por Theresa May (2016-2019), los escándalos de Boris Johnson (2019-2022) y la efímera Liz Truss (2022) hundieron a los conservadores.
Con el terreno dela victoria despejado, Starmer se destapó como el líder que logró imponerse con una amplia mayoría hace apenas dos años porque podía cambiar las cosas, pero el sueño se ha desvanecido. Los sondeos colocan al laborismo por detrás de Reform UK, del populista Nigel Farage, y hasta de los Verdes, de Zack Polanski.
Starmer ha tenido que administrar un poder erosionado y buscar soluciones traumáticas que los británicos recibieron sin anestesia. Polémicas por los hoteles para inmigrantes, escaso crecimiento de la economía, recortes de subvenciones a jubilaciones, ajustes fiscales y la subida de los impuestos a la herencia de tierras agrícolas, han ido serruchando su popularidad.
Si a esto se suma su patinazo (sostenido) con el nombramiento del exministro Peter Mandelson en la Embajada de Estados Unidos, –pese a las advertencias de su «trayectoria» junto a Jeffrey Epstein–, el cóctel molotov estaba servido y la destitución de Mandelson no pudo evitar que la bomba le explotara dentro y fuera de Londres.
En el terreno personal, la reputación de Starmer también se ha visto zarandeada por detalles que serían irrisorios en la España de hoy, como aceptar ropa de marca –también su mujer–, entradas gratis a conciertos y eventos deportivos o alojamientos en hoteles de cinco estrellas. Con el viento en contra, mantener a flote y con el rumbo del Gobierno definido está siendo una tarea para pilotos de tormenta.
En ese escenario no ayudan las críticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su socio histórico al reprocharle la falta de respaldo en la guerra de Irán que el republicano decidió, por su cuenta y riesgo, de la mano de Benjamin Netanyahu.
Así las cosas, once millones de británicos votarán hoy en Inglaterra, Escocia y Gales y en los tres sitios parece que el laborismo podría recibir un revés que podría poner fin a la estancia de Keir Starmer en Downing Street.
Inglaterra
En Inglatera hay sobre la mesa de las elecciones 5.000 concejales de 136 consistorios a renovar (algunos parciales). Asimismo, se elegirán alcaldes de seis municipios de los que cinco, como apunta Efe, corresponden a Londres: Hackney, Lewisham, Newham, Tower Hamlets y Croydon mientras el sexto, Watford, está en las afueras.
A diferencia de la alcaldía de la capital, presidida por Sadiq Khan –que no se renueva–, los 32 municipios en que está dividida la ciudad tienen las atribuciones y misión de atender el cuidado de ancianos, recolectar la basura, gestionar las bibliotecas y autorizar planes de construcción de viviendas.
El laborista Khan, en cambio, cuenta con poderes más amplios, como el transporte de toda la capital, la Policía Metropolitana de Londres (Met, en inglés) o grandes proyectos de construcción.
Hoy por hoy en Inglaterra los laboristas cuentan con 2.569 concejales, seguidos de los conservadores con 1.369, los liberal demócratas con 693, los Verdes con 144 y Reform UK dos, mientras que el resto de asientos corresponden a independientes.
Los votantes tendrán la opción de depositar un voto por cada puesto de concejal de su consistorio. Al igual que en las generales, un solo candidato, el que obtenga la mayoría de los votos, se lleva el asiento.
Escocia
En Escocia, los votantes elegirán a los 129 miembros que componen el Parlamento de Holyrood (regional/Edimburgo), de los que 73 corresponden a las circunscripciones en que está dividida Escocia y 56 son representantes de las regiones.
Se da por casi segura la victoria del Partido Nacional Escocés (SNP), que actualmente controla el Parlamento de Edimburgo con 64 escaños, seguido de los conservadores y de los laboristas.
La elección en Escocia, como observa Viviana García, será por el sistema de representación proporcional y los votantes tendrán que rellenar dos papeletas: una por su circunscripción y otra por la región escocesa a la que pertenecen.
Gales
En Gales, los ciudadanos elegirán el nuevo Parlamento de Cardiff (llamado Senedd), que en esta cita electoral quedará ampliado: de los 60 escaños pasará a 96, seis por cada una de las 16 circunscripciones en que está dividida Gales. Al igual que en Escocia, el sistema que se aplica en el territorio galés es de representación proporcional.
Las encuestas anticipan un fuerte avance de los nacionalistas de Plaid Cymru, que puede suponer un duro varapalo para los laboristas que romperían, muy a su pesar, con una tradición triunfal. El partido ha quedo en primera posición en todas las elecciones generales desde 1922 y en las autonómicas desde 1922.
Pero este escenario, si los sondeos no se equivocan, cambiará y en ese caso, Keir Starmer podría terminar saliendo por la puerta de atrás –obligado por una moción de censura– de Downing Street.