26 de septiembre de 2022

Irene papas

GTRES

Irene Papas (1926-2022)

De Zorba el griego a las tragedias

Tan helénica como universal, destacó asimismo como mujer fuerte en Los Cañones de Navarone y en Z

Irene Papas icono
Nació en Corintia (Grecia) el 3 de septiembre de 1926 y falleció en Corintia el 14 de septiembre de 2022

Irene Lelekou

Irini Leleku nació el 3 de septiembre de 1929 en Chiliomodi (Grecoa), municipio en el que falleció el 14 de septiembre de 2022. Actuó en más de ochenta películas a lo largo de una carrera que duró casi sesenta años, y en la que también hubo espacio para el teatro y la televisión.

Cuenta en su autobiografía el cineasta Alekos Sakellarios que cuando vio actuar por primera vez –durante una representación teatral– a Irene Papas tuvo la sensación de estar frente a una cariátide moderna. Razón no le faltaba, pues la actriz en ciernes poseía los principales rasgos femeninos helénicos: lozanía, cabellos oscuros, ojos vivaces y tez morena.
Era el final de la década de los cuarenta y Sakellarios pensó que el futuro de Papas también pasaba por la gran pantalla, por lo que tramitó su contratación por parte de una productora local. Aunque el tiempo tardó algo en confirmar su apuesta: hubo que esperar casi un lustro para que despegase la carrera cinematográfica de Papas. El punto de inflexión tuvo lugar en la edición de 1952 del Festival de Cannes con la proyección de Ciudad muerta, película en la que encarnaba a una mujer que se enamora de un hombre perteneciente a una familia rival.
Tras unos años rodando principalmente en Italia, Papas despunta en Los cañones de Navarone por su rol de mujer fuerte, comprometida con la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y al mismo tiempo objeto de deseo de los hombres. Fue la primera vez que actuó con Anthony Quinn. La siguiente fue en Zorba el griego, de 1964, donde su papel de viuda le hizo alcanzar la fama planetaria.
Si bien unos años antes, la crítica elogió, casi sin reservas, su actuación de heroína condenada en las versiones cinematográficas de dos tragedias griegas Antígona y Electra, completando ese género, ya en los setenta, con papeles similares en Las Troyanas e Ifigenia. Sin embargo, Papas también sabía ejercer perfectamente de mujer griega contemporánea: el mejor ejemplo es en Z, donde ejerce de mujer de Grigoris Lambrakis (interpretado por Yves Montand), el diputado izquierdista asesinado por oponerse a la instalación de misiles norteamericanos en suelo griego.
Una película estrenada en plena «dictadura de los coroneles», régimen del que Papas, militante del Partido Comunista, fue una firme opositora. Al igual que Mikis Theodorakis o Melina Mercuri, sacó provecho de su fama para denunciar, a nivel internacional, sus tropelías.
Restaurada la democracia, trasladó sus simpatías hacia los socialistas de Andreas Papandreu. Un compromiso progresista que no fue óbice para mantener una larga amistad con la Familia Real griega. Baste decir que hasta el final de su vida fue patrona de la fundación de la exreina Ana María.
Papas era actriz y algo más: una mujer con una cultura oceánica que empezó a atesorar desde la infancia, alentada por sus padres, un profesor de teatro clásico y una maestra de instituto. Una base que le sirvió paras alcanzar el estatus de griega universal, orgullosa de su identidad, pero abierta al mundo: son inolvidables sus actuaciones como Catalina de Aragón en Ana de los Mil Días –intervención corta, pero clave– o en la adaptación al cine de Crónica de una muerte anunciada.
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