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21 de julio de 2024

La jurista estadounidense, Sandra Day O'Connor

La jurista estadounidense, Sandra Day O'ConnorEFE

Sandra Day O`Connor (1930-2023)

Una juez de mucho carácter en la Corte Suprema

La primera mujer en formar parte de la más alta instancia judicial norteamericana votó más en conciencia que dejándose llevar por reflejos partidistas

La jurista estadounidense, Sandra Day O'Connor
Sandra Day O’Connor nació el 26 de marzo de 1930 en El Paso (Tejas) y falleció el 1 de diciembre de 2023 en Phoenix (Arizona)

Sandra Day O’Connor

Abogada, fiscal y congresista en Arizona, llegó con un sólido bagaje jurídico a Washington en 1981, cuando fue nombrada juez de la Corte Suprema por Ronald Reagan. Permaneció en el cargo hasta 2006.

«Es verdaderamente una persona para todas las estaciones, que posee esas cualidades únicas de temperamento, imparcialidad, capacidad intelectual y devoción por el bien público que han caracterizado a los 101 compañeros que la han precedido», dijo Ronald Reagan de Sandra Day O`Connor al designarla como primera mujer de la Corte Suprema. Era 1981 y con la juez curtida en Arizona, Reagan inauguró su tanda de nombramientos en la más alta instancia judicial norteamericana.

El nombramiento de Day Connor superó el examen de Senado sin mayores dificultades y la interesada inició su andadura con un enfoque claro que mantuvo los 24 años en los que sirvió en Washington: si bien admitía libremente la filiación política –republicana– que había hecho que la nombraran para la Corte, afirmaba estar sobre toso motivada por el respeto a los pilares básicos de la Constitución de Estados Unidos. Valga como botón de muestras que siempre llevaba un ejemplar en el bolso, incluidas las enmiendas posteriores que abolieron la esclavitud, ampliaron el derecho de voto y garantizaron la igualdad por razón de sexo y demás criterios.

Así las cosas, su huella más importante fueron sus constantes votos a favor de la confirmación del fallo Roe contra Wade, de 1973, que consagró el derecho constitucional de la mujer a abortar. Defendió este principio a pesar de su opinión personal, que era contraria. Cuando se planteó ante la Corte un intento posterior de derogar el fallo, en el caso Planned Parenthood contra Casey, en 1992, O'Connor volvió a desafiar las expectativas, junto con otros dos miembros conservadores de la Corte, y reafirmó su apoyo al «núcleo» de la sentencia de 1973.

Una línea de conducta que mantuvo una vez se retiró en 2006: Sin ir más lejos, lamentó el fallo de la Corte Suprema, emitido en julio del pasado año, mediante el cual se derogaba el Roe contra Wade, otorgando así a los estados federados el derecho a prohibir el aborto. En su opinión, se había socavado el principio de independencia judicial por el que siempre había hecho campaña con tanta pasión. Justo es precisar que ocasionalmente matizaba su tendencia proabortista votando, por ejemplo, a favor de la potestad de los estados federados para restringir el derecho de la mujer a abortar ulteriormente, siempre y cuando el feto pudiera ser viable fuera del útero.

Su capacidad para revisar opiniones anteriores también se manifestó en su apoyo a la «discriminación positiva» en los programas gubernamentales que asignan beneficios en función de la raza. O'Connor se había opuesto inicialmente a tales disposiciones. «Los beneficios de la discriminación positiva no son teóricos, sino reales», escribió para la mayoría de 5 a 4 en la sentencia Grutter contra Bollinger (2003), que defendió el derecho de la Facultad de Derecho de Michigan a aplicar esa política de admisiones. «La participación efectiva de miembros de todos los grupos raciales y étnicos en la vida cívica de nuestra nación es esencial para hacer realidad el sueño de una nación indivisible».

Un concepto de nación indivisible que tuvo presente desde que nació allá por 1930, es decir, al inicio de la Gran Depresión, en Tejas, si bien creció en la ganadería familiar situada en el desierto de Arizona cerca de la frontera con Nuevo México.

La casa familiar estaba a nueve millas de la carretera más cercana y no tuvo ni agua corriente ni electricidad durante los primeros años de su vida. Day O’Connor manejó un rifle del 22 desde los 10 años, edad en la que ya le permitían conducir un camión dentro del rancho al tiempo que cambiaba sus neumáticos. Una asunción anticipada de combinó con un aprendizaje de la igualdad basado en su propia madre, que nunca aceptó ser tratada como una mera «mujer de» vaquero.

Ese carácter bien forjado le permitió, más adelante, estudiar Derecho en California e iniciar una carrera en Arizona, primero como abogada, después como fiscal general de Arizona y congresista de la cámara estatal durante dos legislaturas.

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