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Ángela María Murillo Bordallo

Ángela María Murillo BordalloEuropa Press

Ángela María Murillo Bordallo (1952-2026)

Azote de ETA en la Audiencia Nacional

Su habilidad jurídica contribuyó a desmontar el entramado de Ekin; sin embargo, comentarios inoportunos contra Otegui desembocaron en dos absoluciones del dirigente bilduetarra

Ángela María Murillo Bordallo
Nació el 13 de septiembre de 1952 en Almendralejo y falleció en Madrid el 13 de febrero de 2026

Ángela María Murillo Bordallo

Magistrada

Miembro de la Carrera Judicial desde 1980, tras prestar sus servicios en Lora del Río, Valencia, San Sebastián y la Inspección del Consejo General del Poder Judicial, ingresó en 1993 en la Audiencia Nacional, en la que trabajó hasta su jubilación en 2024

Ángela María Murillo Bordallo fue la primera mujer en formar parte de la Sala Penal de la Audiencia Nacional –instancia en la que transcurrió la mayor parte de su carrera– en 1993, y también la primera en presidir su Sección Cuarta a partir de 2008. Desde esa atalaya le incumbió ser ponente de juicios de gran repercusión pública como: Operación Nécora contra el narcotráfico, caso Ucifa (Unidad Central de Investigación Fiscal y Antidroga), el de las «tarjetas black», la salida a bolsa de Bankia; el «Clan de los Charlines»; Argentia Trust, el de la organización terrorista Grupo Islámico Armado, Operación Temple (2002), el proceso contra Al Qaeda en España, el excomisario José Villarejo, o el juicio por el secuestro del Alakrana.

Mas fue en los juicios contra la banda terrorista de ultraizquierda ETA donde alcanzó notoriedad personal. Especialmente las dos veces en las que tuvo enfrente a Arnaldo Otegui. En la primera fue víctima de su humor cáustico. Como recuerda la publicación digital Confilegal, durante la vista del juicio de 2010 en la que el actual dirigente bilduetarra comparecía por enaltecimiento del terrorismo, Murillo le preguntó si condenaba el terrorismo de ETA. Silencio de Otegi. Réplica de la magistrada: «Ya sabía yo que no me iba a contestar».

La consecuencia de semejante pulla, según Confilegal, fue la anulación del juicio por parte del Tribunal Supremo que «consideró que la observación prejuzgaba la culpabilidad del acusado, vulnerando el derecho a la imparcialidad recogido en el artículo 24.2 de la Constitución». Además, «la magistrada había emitido un juicio de valor sobre la conducta de Otegi antes de que concluyera la fase probatoria». El Supremo ordenó repetir la vista con otro tribunal, que finalmente absolvió al dirigente de Bildu.

La ironía de Murillo también terminó empañando el segundo juicio que presidió contra Otegui. En esta ocasión –el motivo era el caso Bateragune–, era 2011, la vista se celebró sin incidentes. Sin embargo, la defensa del antiguo miembro de ETA la recusó, recurso procesal que fue rechazado tanto por la Audiencia Nacional como por el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, pero admitido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Un fallo que obligó a España a indemnizar a Otegui. En cambio, su buen hacer jurídico si que desembocó, unos años antes, en la condena de 47 de los 56 condenados del juicio de Ekin sobre el entramado de ETA.

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