20 de enero de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

El tonto filarmónico

Es tan tonto, que ha calumniado e injuriado al trabajo y honestidad de nuestros ganaderos, ha indignado al sector, se ha situado en la diana de relevantes barones socialistas que temen por los votos que ha traspasado con sus majaderías a la oposición, y ha perdido el apoyo  del mundo del campo español

Aunque en ocasiones haya confundido a mis lectores por valorar en exceso mi pudor ante el elogio, hora es de reconocer la admiración que siento por el ministro de Consumo, Alberto Garzón. De siempre he admirado a los tontos sinfónicos, es decir, a los que lo son con el violín, la viola, el contrabajo, el óboe, el trombón, los platillos y la batuta. Un tonto sinfónico es aquel que pasea por su cerebro un noventa por ciento de células transparentes, y ello es digno de reconocimiento y gratitud. El filarmónico es más tonto aún. El tonto filarmónico es el que alcanza la totalidad de la nada en su mente deshabitada. Se trata de ejemplares vulnerables a un paso de la extinción, y merecen similares cuidados y mimos que los koalas, los ositos Panda y los ornitorrincos de cola azul, que son los más tontos de los ornitorrincos. Toda su vida la ocupan en averiguar si son patos o mamíferos, y fallecen desconociendo la respuesta.
El tonto filarmónico es capaz de las mayores hazañas contraindicadas por la inteligencia, como convocar una huelga de juguetes. Gracias a los pactos de Pablo Iglesias con Pedro Sánchez, España tiene como ministro de Consumo a un tonto filarmónico de excepcional pureza. Siendo ministro de Consumo, ha declarado al diario inglés «The Guardian» que la carne que exporta España es de poca calidad y procedente de animales maltratados. El Reino Unido importa de España cada año millones de kilogramos de carne, y las palabras de Garzón, obviamente, han enfurecido a los ganaderos españoles, cuyos intereses habría de defender y no de atacar. La carne española es magnífica, y se exporta de acuerdo a todas las exigencias de calidad exigidas en el comercio internacional. Pero hay algo que justifica y disculpa la declaración de Garzón. Su tontería filarmónica, si bien sería deseable que dejara de ser ministro inmediatamente, porque el tonto filarmónico no conoce límites ni barreras, y mañana puede declarar que la fruta que exporta España está podrida, que el jamón de bellota es una porquería comparado con el jamón de cerdo vietnamita, y que las anchoas de Santoña provienen de las pesquerías saharianas. Especialmente, en lo que concierne al consumo de carne, Garzón se ha alineado con su maestra Greta Thunberg, y opta por la prohibición del consumo cárnico en beneficio de la limpieza ecológica del planeta.
Hace años no era así. Cuando contrajo matrimonio con la bella mujer que se retrata dando de mamar a sus cachorretes, reunió en La Rioja a 270 invitados, a los que ofreció carpaccio de ternera, bogavante, solomillo y «foie gras». Posteriormente se largó con su distinguida esposa «como una pareja más de jóvenes españoles» a Nueva Zelanda, donde disfrutó de lo lindo. Es comunista, pero la boda y el viaje nupcial le salieron por una cantidad a la que no puede aspirar una abrumadora mayoría de las parejas compuestas por jóvenes españoles. No obstante, ellos dan ejemplo de amor por la naturaleza, colgando fotos en las redes al estilo de la loba que amamantó a Rómulo y Remo, que en paz descansen.
En su «Jardín de las Víboras», narra Jaime Campmany una vivencia en la fiesta de San Fermín. Acudió al cine. Y un niño dio la tabarra. No dejaba de llorar ni berrear. Al fin, un mozo, gritó a la madre desde las butacas de entresuelo; 
–¡Señora, dele teta para que se calle! 
Ella respondió desde el patio de butacas. 
–¡No le doy teta porque ha cumplido ya los 10 años! 
Y el mozo sentenció: 
–¡Pues entonces, dele un par de soplamocos! 
Y no fue «soplamocos» lo que dijo. Como la señora del filarmónico, que al paso que lleva, va a dar el pecho a sus hijos hasta que terminen el bachillerato.
Pero esto último es anecdótico. Aquí de lo que se trata, es de exigir –y lo siento por mi admiración a su persona–, que Alberto Garzón deje de ser ministro inmediatamente. Es tan tonto, que ha calumniado e injuriado el trabajo y honestidad de nuestros ganaderos, ha indignado al sector, se ha situado en la diana de relevantes barones socialistas que temen por los votos que ha traspasado con sus majaderías a la oposición, y ha perdido el apoyo –ya muy deteriorado– del mundo del campo español, que es un mundo muy importante en las urnas. El tonto filarmónico es digno de ser cuidado por su escasez y singularidad.
Pero en su casa. No en el Gobierno.

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