Fundado en 1910
Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Un plan imposible, pero…

Hay un modo de aumentar la limpieza de los montes, pero es tan políticamente incorrecto que jamás se podría hacer en la España actual

Act. 18 ago. 2025 - 11:39

Como cada vez que arden los montes, lo cual continuará sucediendo, pues se queman en todo el mundo (véase la muy opulenta California), llega la hora de las grandes preguntas, de las que como cada año nos olvidaremos a mitad de septiembre. Con el terrible horror del fuego en las televisiones a todas horas nos preguntamos las razones de este espanto recurrente. Y los especialistas vuelven a repetirnos los motivos de siempre:

-Condiciones climáticas muy desfavorables, con una larga ola de calor y con la conocida regla del 30-30-30 en pleno vigor (temperaturas de más de 30 grados, vientos de más de 30 km/h, humedad relativa de menos del 30 %).

-La mano del hombre, con descuidos y con algunos salvajes que queman intencionadamente el monte, por diversos motivos: pura maldad, rencillas vecinales, problemas mentales, móviles económicos, protestas laborales, cuitas de ganaderos… a veces incluso el que prende el fuego resulta ser un brigadista de mala entraña.

-La falta de mantenimiento y limpieza de los montes, que atiende en buena medida a que el rural está despoblado y envejecido y se cultiva menos. Tierras antaño en labor ahora se encuentran asilvestradas.

Sin incendios provocados el panorama sería muy diferente, probablemente estaríamos lejos de este drama. Pero atajar ese problema es lo más difícil, porque corregir la mente del ser humano es algo que escapa al control de los gobiernos (aunque sí se podrían endurecer todavía más las penas a modo de disuasión).

Entonces, ¿qué se puede hacer contra los incendios? La mejor política es poner las tierras a producir y limpiar los montes. Nada contribuye más a mantener algo en buen estado que el puro interés económico de un propietario. En Galicia, que sufre de manera endémica los incendios, está sobradamente demostrado: las comarcas dedicadas a la silvicultura apenas arden, porque quienes las explotan se encargan de que no suceda cuidando los bosques por la cuenta que les trae.

¿Cómo aumentar la limpieza de los montes improductivos y su mantenimiento? A la población que vive en esas comarcas no se le puede pedir más: son pocos y muy mayores. Las tierras orensanas y zamoranas que están sufriendo unos incendios de proporciones dantescas son apodadas desde hace años como «el desierto verde», porque están despobladas. ¿Qué hacer? La respuesta de los sucesivos gobiernos es siempre la misma: un montón de acertadas palabras mientras dura la crisis estival… que luego no se traducen, en cambio, notable alguno en la estrategia contra el fuego.

Confieso que estos días ha pasado por mi cabeza una idea muy políticamente incorrecta, que hasta me da apuro enunciar. Sé que es imposible en la España actual, pero ayudaría a abordar dos problemas acuciantes de manera simultánea. Se trata de un plan muy sencillo: todo inmigrante menor de 50 años que llegue a España de manera irregular y quiera quedarse aquí tendrá que elegir entre la repatriación inmediata a su país de origen o prestar un servicio de dos años en unas brigadas de limpieza forestal que se crearán al respecto. Ese servicio público le permitirá recibir al instante la nacionalidad española y contar con un contrato regular superior al salario mínimo en el tiempo que dure su prestación, prorrogable si así lo desea. Además, el Estado les facilitará una vivienda en las comarcas donde trabajarán.

Ya estoy escuchando las objeciones: «Facherío puro», «imposible de hacer», «se vulnerarían sus derechos»… Son réplicas razonables. Pero es curioso que una iniciativa de este tipo se consideraría descabellada y, sin embargo, se asumen como lo más natural del mundo disparates como renunciar al control de nuestras fronteras, tolerar por la vía de los hechos el negocio de las repulsivas mafias de seres humanos, o dejar abandonados a su suerte a miles de inmigrantes irregulares, algunos menores, que una vez que llegan a España, sin preparación y sin saber español, acaban sin más horizonte que la caridad pública, el top-manta, la mendicidad o, en el peor de los casos, la pequeña delincuencia.

Lo que tenemos no funciona, es evidente. Pero jamás nos atreveremos a intentar otra cosa.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas