Nueve millones
Con nueve millones de euros se puede crear una película impresionante, pero no hay visos de cambio en el proceder de la banda ni en ellos planes de los chulos del sistema, que siguen produciendo con el dinero de los españoles los bodrios necesarios para que el público haya abandonado el cine español
Lo he leído en diferentes medios y redes sociales. Almodóvar ha recibido de nuestro dinero nueve millones de euros, equivalentes a 1.500 millones de pesetas. Sinceramente, me considero apto para contradecirme. Si Pedro Sánchez, que está deseando conocerme en plan cebra, es decir, entre rejas, me llama un día y me ofrece nueve millones de euros por no hacer nada nuevo, se me derriten las corvas de la dignidad y me sumo a su banda inmediatamente. Y más aún, si me autoriza –que lo hará–, a dejar en paz a las Trece Rosas y narrar la última noche de las 5.000 rosas que pasaron rezando en las checas comunistas y socialistas a la espera de ser asesinadas por el Frente Popular en Paracuellos, en Alhaurín y en Alcalá de Henares. Con nueve millones de euros se puede crear una película impresionante, pero no hay visos de cambio en el proceder de la banda ni en ellos planes de los chulos del sistema, que siguen produciendo con el dinero de los españoles los bodrios necesarios para que el público haya abandonado el cine español.
Asistí en la sede de ABC a una cena con el bicho bola, cuando gobernaba el PP y Luis María tenía espacio para jugar a una cosa y otra. Estuve sentado cerca del bicho bola, y les aseguro que no dijo nada que distrajera su elementalidad. Guillermo Luca de Tena, el Viejo Patrón, lo comentaba durante el café: «Tengo que pedirle al director que deje de traernos chusma». Lo más interesante que dijo en la cena fue que estaba muy orgulloso de ser manchego. Y Vicentón Zabala, soltó este comentario. «Qué original y emocionante», que todos aplaudimos menos Sara Montiel que defendió las palabras de su paisano con un discurso nada distante del que transcribo. «Pedro es maravilloso. Es una maravilla. Sus películas me maravillan y me encantaría que contara conmigo en sus maravillosos repartos». Y ella se incorporó, se acercó al sillón de Pedro, le dio un beso y Almodóvar, ahí sí, reaccionó como una persona normal. Se sacó del bolsillo un pañuelo, se secó el beso del moflete izquierdo, y Vicentón Zabala lo celebró con entusiasmo. ¡Maravilla maravillosa!
En aquellos tiempos Almodóvar trataba muy bien al PP, y los del PP también metieron la mano en la caja de los españoles, para financiarle algún tostón desencadenado de histerismo y mariconeo. En la cartelera, con la libertad de la taquilla, arrasaban los hermanos Ozores y las divertidísimas películas del destape, que no necesitaron ni un euro público para producir casi un centenar de películas. Con la banda de los jabones íntimos, Almodóvar se está forrando. Su cine es malísimo y su profesión, la que le regaló un óscar consecuencia del movimiento woke y los despachos de influencias.
Escribió el gran Gabriel Albiac que los españoles tendrían que acceder a las salas donde se proyectan las películas de estos chulos destartalados, mostrando la liquidación del IRPF. Con nueve millones hay que ser más osado que con tres. Y enfrentarse al fin, a contar en imágenes y palabras la terrible historia, mancha roja de sangre derramada por la izquierda, de las cinco mil rosas que empezaron a ser tronchadas durante todo el mes de noviembre.
Pero no. Habrá que esperar que un director libre de culpas y de complejos nos deje ese recuerdo de la peor Historia de España.