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Un mundo felizJaume Vives

La moda de lo católico

La Iglesia tiene que prepararse, acercando la moda a lo suyo y alejando lo suyo de la moda, para que esa legión de corazones, que está llamando a su puerta, se sienta en casa

Act. 27 nov. 2025 - 08:38

Observo que está de moda hablar acerca de si lo católico está de moda o no. Que lo católico esté de moda ya es otra cosa, que me voy a permitir poner muy en duda.

Tampoco creo que sea algo deseable, no por querer cerrar a nadie las puertas de la Iglesia, sino más bien porque quienes entran en ella por moda acaban saliendo hastiados. En la Iglesia hay mucha belleza, pero si esa belleza no la vive uno en su interior, acaba haciéndose antipática.

Eso sí, gente que se está haciendo preguntas, incluso en público, la hay y mucha. Youtubers, artistas, deportistas… Y eso ni es malo ni es raro. La humanidad siempre ha mirado fuera de sí misma para intentar entender. El corazón del hombre está inquieto hasta que descansa en Dios. Y por mucho que se pretenda cerrar la puerta de la trascendencia, se abrirá y con mayor fuerza si cabe.

Cuánto más agresivo y prolongado en el tiempo haya sido el intento de mutilación espiritual, con mayor fuerza buscará el corazón del hombre respuestas. Y ello es la demostración inequívoca de que hemos sido creados por y para Dios. Y ese grito del corazón (que hoy vemos en tantos) es la huella divina, imposible de borrar.

Decía Lewis: «Si encuentro en mí mismo un deseo que nada de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo».

Y es necesaria una Iglesia capaz de acoger estos corazones inquietos que, lejos de querer más de lo mismo, buscan más pero de calidad. Y ello obliga a guardar una muy prudente distancia de la moda. Hay que protegerse de las categorías mentales, del lenguaje, y del criterio mundano. Quienes se acercan a la Iglesia, lo hacen huyendo precisamente de todo ello.

Cuando la Iglesia se abre y se moderniza (y, por tanto, se mundaniza) muchos entran atraídos no por Cristo y la Iglesia que fundó, sino más bien porque esa Iglesia por fin se adaptó (más concretamente se rebajó) a sus apetitos y criterios mundanos. Lo católico acercándose a la moda.

Esa es la tentación en la que muchos caen con el propósito de llenar las iglesias y conseguir el nihil obstat del mundo. Pero las iglesias siguen vacías y la hostilidad por lo católico no disminuye.

La gente se acerca a la Iglesia porque su corazón busca, pero si lo que se le ofrece es la versión light del producto, acaba hastiándose, y se echa de nuevo en brazos del mundo, quizá para seguir una larga travesía en el desierto o ¡quién sabe! si para seguir buscando respuestas.

Es bueno que la moda se acerque a lo católico, pero si la aproximación es a la inversa, el mundo se vuelve un lugar peor.

Que lo católico no procure estar de moda está bien, pero que lo católico haya desaparecido de lo político, de lo cultural, de lo social, incluso de lo espiritual, es dramático. Es renunciar a que el mundo se acerque a la Iglesia y a criterios, estilos y principios católicos, algo a lo que estamos llamados todos los bautizados.

Lo católico no está de moda, por mucho que un disco, una película o un equipo de fútbol toquen tangencialmente el tema, pero hay muchos corazones inquietos que quieren salir de ese estado de narcolepsia en el que llevan instalados desde hace años.

La Iglesia tiene que prepararse, acercando la moda a lo suyo y alejando lo suyo de la moda, para que esa legión de corazones, que está llamando a su puerta, se sienta en casa.

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