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GaleanaEdurne Uriarte

El año en que colapsó la izquierda

La izquierda cae en todos los grandes países europeos mientras la derecha lidera las encuestas

Una imagen de fin de año simboliza la crisis de la izquierda europea en 2025. Es la del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, jurando su cargo sobre el Corán. Mamdani, representante del ala radical del Partido Demócrata, ha sido ampliamente celebrado por la izquierda europea, que es la misma que «promete» y no «jura» sus cargos en España, por las connotaciones cristianas del juramento. La imagen anterior se producía esta semana justamente al mismo tiempo de la publicación de un artículo en un diario izquierdista español que atribuía la reivindicación de la Feliz Navidad frente a las Felices Fiestas por parte de Feijóo y Ayuso a su evolución «hacia la ultraderecha».

Estas posiciones críticas de la izquierda con el cristianismo son parte de su pérdida de contacto con los ciudadanos europeos. La rectificación del laborista Keir Starmer, con su defensa del cristianismo en su mensaje de Navidad, parece que llega demasiado tarde, lo mismo que el endurecimiento de sus políticas de inmigración. Porque el Partido Laborista ha caído nada menos que al cuarto lugar en las encuestas del Reino Unido, superado hasta por los Verdes. De hecho, el triunfo de los laboristas en 2024 fue la última gran alegría de la izquierda de Europa Occidental.

En 2025, el triunfo laborista en Noruega ha sido lo poco que han podido celebrar, mientras que los apoyos de los partidos socialistas caen en todos los grandes países europeos. En Francia y en Italia, la izquierda figura en segundo lugar de las encuestas, lo mismo que en España, y en Alemania y en Portugal está en tercer lugar. En todos esos países, o bien lidera la derecha tradicional, como en España, Alemania o Portugal, o la derecha populista, como en el Reino Unido, Francia o Italia.

Mientras la izquierda llama ultras y peligrosos a los votantes europeos, estos protagonizan una revuelta pacífica contra los discursos y las políticas del progresismo. Seguridad, inmigración, identidad nacional y valores occidentales son los motores de la movilización. A lo que se suma la crisis de identidad de la propia izquierda, sobre todo con sus contradicciones en banderas que creía suyas, como el feminismo o el pacifismo. En el feminismo, la izquierda europea se tambalea entre crisis como la del Me Too de las socialistas españolas o la imposible defensa como diversidad de símbolos como el hiyab en el resto en Europa.

Y luego está el derrumbe de la bandera pacifista, una bandera de cierto éxito a pesar de la falsedad de la supuesta oposición entre la izquierda pacifista y la derecha militarista. Y que ha caído definitivamente con Ucrania y el reconocimiento socialista de que hay ataques que exigen respuestas militares. Otra imagen americana, la de Trump, también ha contribuido a poner en evidencia el falso pacifismo, como Mamdani el anticristianismo. Con ese radical rechazo de la izquierda a todas sus propuestas de diálogo y negociación, en Gaza o en Ucrania, mientras Trump se proclama 'presidente de la paz' en la tan criticada Estrategia de Seguridad Nacional. Que Trump, tu objeto fóbico, proclame el pacifismo del diálogo y la negociación y lo tengas que rechazar es un símbolo cruel de la crisis de la izquierda europea.

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