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Y de regalo de Reyes: el chándal Nicolás

Ante la crisis venezolana, España podría aportar las valiosas lecciones de su Transición, pero nuestro presidente ha preferido unirse al Grupo de Puebla

Act. 06 ene. 2026 - 13:36

Los españoles siempre hemos sido hipercríticos con nuestro país. Una lástima que no celebremos y vendamos más nuestros éxitos, cuando algunos son memorable y cuando nadie va a hablar bien de España si no lo hacemos nosotros. En esa línea de autodesprecio se ha puesto de moda despellejar la Transición, denostar una gesta que tanto la izquierda populista-populachera como cierta derecha subida de testosterona denominan despectivamente 'el régimen del 78'.

Otra forma más sutil de despreciar nuestro país consiste en ignorar que aquí existe una valiosa sociedad civil, que piensa y actúa. Solo tenemos ojos y oídos para los políticos, los cocineros-filósofos y los histriones televisivos, pero hay muchas neuronas moviéndose ahí fuera en todos los ámbitos profesionales (por eso España aguanta incluso bajo la incompetencia sanchista).

Uno de esos españoles valiosos es José María de Areilza Carvajal, madrileño del 66 y casi coruñés (estamos a punto de concederle la nacionalidad de «coruño»), doctor en Derecho por Harvard, profesor universitario cosmopolita, secretario general del Aspen Institute y fino analista de temas internacionales en los periódicos de Vocento. Como tiene la desgracia de ser mi amigo, José me llamó ayer desde Londres, donde se encuentra estos días impartiendo clases, y me hizo dos observaciones sagaces, que le voy a robar para este artículo. La primera es que, ante la crisis venezolana, Sánchez ha tomado la insólita iniciativa de embarcarse con el Grupo de Puebla, lo mejor de cada casa de la izquierda populista americana. Su segunda observación es que si España tuviese hoy un Gobierno y una diplomacia a su altura, ante la crítica situación de Venezuela estaría ofreciendo su experiencia sobre cómo culminar con éxito una Transición política de alto riesgo.

La sociedad que dejó Franco a su muerte en 1975 poco tiene que ver con la que hoy se tiene que hacer cargo de Venezuela. España había experimentado un pujante crecimiento económico desde los años sesenta y además se había forjado una sólida clase media. Otra diferencia es que a pesar de la restricción de las libertades políticas, la seguridad jurídica de la España franquista era muy superior a la de la Venezuela chavista, donde la arbitrariedad, el soborno y la violencia son moneda corriente. Por último, las dictaduras de derechas presentan la ventaja sobre las de izquierdas de que al menos mantienen la libertad de empresa. El capitalismo aporta savia a la economía, mientras que el socialismo es como intentar correr con un cepo en los tobillos en nombre de una utopía que jamás se cumple y que siempre acaba igual: reparto de mediocridad y hachazo a las libertades.

Pero a pesar de esas notables diferencias, la Transición española podría aportar muchas enseñanzas a los atribulados venezolanos –y a la propia Administración de Trump–, porque supuso un éxito asombroso. El 20 de noviembre de 1975 murió Franco y el 6 de diciembre del 78 ya se aprobaba una Constitución democrática con un apoyo en referéndum del 87,7 %. Antes, el 15 de diciembre de 1976, los españoles dieron un respaldo del 97,3 % a Ley Fundamental para la Reforma Política, que desmontaba el andamiaje del franquismo. Es muy notable que todo se hizo «de la ley a la ley», en un ejercicio de ingeniería jurídica de notable inteligencia. Esa portentosa reforma en tiempo récord, llevada a cabo en las más delicadas circunstancias, la protagonizaron además personas que eran hasta entonces jerarcas del franquismo, como el propio Suárez, pero que supieron entenderse con aquellos que hasta ese día estaban mal vistos por el régimen, o abiertamente proscritos y perseguidos.

Existe un gran país que sí supo hacerlo. Se llama España. Pero jamás verán a Sánchez y su Gobierno vendiendo por el mundo las bondades de nuestra Transición. Nuestro líder está más bien con el indigenismo, la leyenda negra, la persecución al español, el fundamentalismo islámico de Hamás, la nación de naciones y el guerracivilismo cainita. Y por supuesto, con la dictadura china y contra Estados Unidos, y del ganchete con la izquierda más rancia de Hispanoamérica.

¿Qué le habrán traído los Reyes de regalo? No cuesta imaginar la respuesta: el Chándal Nicolás.

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