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en el recuerdoAlfonso Ussía

Abismo

Siempre que el Gobierno comete una atrocidad, surge un escándalo menor que ocupa la atención de los españoles, mucho más interesados en lo intrascendente e innecesario que en lo fundamental

Hoy es un día maldito. El 14 de abril, con probadas trampas, y la colaboración callada y medrosa de muchos monárquicos, fue desalojada de España la Monarquía y Alfonso XIII partió para el exilio. De ahí, al «no es esto, no es esto» de Ortega y Gasset, a la quema de iglesias, monasterios y conventos, al sometimiento de la Segunda República a la URSS, a la celebración en 1933 de las últimas elecciones democráticas que ganaron las derechas, al golpe de Estado que invalidaba la supuesta legalidad de un sistema tramposo, golpe de Estado perpetrado por el Frente Popular, y de ahí a la Guerra Civil, apenas cinco años de desastres acumulados.

En lo que a mí respecta, otro 14 de abril, el de 1991, fui derrotado por la candidatura de Ramón Mendoza en las elecciones a la Presidencia del Real Madrid. Me ganó por menos votos que los socios muertos que le votaron. No había puesto al día el censo de socios, y entre el difunto Lorenzo Sanz y Pedro Zapata, presidente interino, todos los socios fallecidos en los últimos diez años votaron a su favor. Me lo confesó Ramón Mendoza cuando fue traicionado por Lorenzo Sanz mientras compartíamos un arroz 'socarrat' en la maravillosa 'Casa Benigna' de Madrid. Claro, que aquella derrota, a los pocos días la agradecí profundamente. Yo no estaba dotado para ser un buen presidente del Real Madrid en esos tiempos, –y en ninguna época–, y sólo con pensar que tendría que tratar frecuentemente con Butragueño y compañía, interpreté mi fracaso como una victoria indirecta y saludable.

En este 14 de abril de 2021, los españoles padecemos el peor Gobierno de nuestra andadura democrática, peor aún que el del agente exterior de las tiranías comunistas, Rodríguez Zapatero. Madrid puede ser la tumba del sanchismo y de Iglesias, el resentido podemita que engaña a los suyos mientras él ha sextuplicado su patrimonio personal y adquirido una casa con dos mil metros cuadrados de jardín en Galapagar. La relación de fechorías, barbaridades, necedades y peligros que los españoles hemos sufrido, no lo pueden ocultar ni los llantos de Rociíto, que es el nuevo emblema de Podemos. Siempre que el Gobierno comete una atrocidad, surge un escándalo menor que ocupa la atención de los españoles, mucho más interesados en lo intrascendente e innecesario que en lo fundamental.

El ministro, indigno hasta las costuras de su tanga, Marlasca, además de prevaricador contra admirables mandos de la Guardia Civil, por cumplir el pacto vil del Gobierno con los herederos de la ETA, ha acercado al País Vasco a 209 terroristas, muchos de ellos, salvajes asesinos. Y de esos 209, a 92 con informes adversos de la Juntas de las prisiones en las que pagaban con la enorme generosidad de nuestro Código Penal, sus deudas manchadas de sangre con los españoles. Llevar de nuevo a Rociíto a Tele5 o a la Sexta, no era buena idea, porque la niña ya no da más de sí. Y para colmo, nos enteramos los españoles que leemos y no nos informamos exclusivamente por los informativos de las cadenas de televisión públicas y privadas, que 2.500 jueces españoles se han dirigido a la Comisión Europea para alertar del «riesgo grave de violación del Estado de derecho» en España. Y esa noticia sí alcanza el grado de pavorosa. Es, probablemente la constatación pública más grave de cuantas tropelías ha culminado el Gobierno antiespañol y antidemocrático de España. Y no hay Rociíto a mano para despistar al personal, si bien el personal sigue más pendiente de Rociíto que de la denuncia ante Europa de 2.500 jueces. El cartucho del Gobierno para bloquear el escándalo no es otro que apremiar la exhumación de restos mortales enterrados en el Valle de los Caídos.

Esta denuncia, si prospera, a medio plazo puede terminar con una buena parte de los miembros del Gobierno en la cárcel. Si se abre el melón, ningún forajido está libre de ser devorado. Ni los que gobiernan España con métodos próximos a las tiranías, ni los que ayudan desde instituciones, como la Fiscalía, a quebrar el Estado de derecho.

Su clavo es Madrid. Pero está demasiado alto para que se agarren a él.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 14 de abril de 2021
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