La decisión del Rey
La historia enseña. Alfonso XIII abandonó España porque decepcionó a sus partidarios y quedó a merced de una izquierda republicana y radical. La Monarquía perdió sintonía con el pueblo y le falló el escudo militar. Sanjurjo no garantizó a Romanones ni el apoyo de la Guardia Civil
Se cuenta que Alfonso XIII, residiendo en la Magdalena, se presentó sin anunciarlo —él era así— en un buque de la Armada surto en el puerto y llegó a una sala en donde los oficiales almorzaban. El comandante, sorprendido, solicitó al monarca que ocupase su lugar en la presidencia de la mesa. Alfonso XIII respondió, sonriendo: «No se preocupe, comandante, la presidencia estará allá donde yo me siente». Recuerdo esta anécdota, cierta o no, por la opinión de un buen amigo embajador sobre un fallo protocolario en el acto de presentación en el Senado del libro El Rey de Manuel García-Pelayo, a los 35 años de su muerte. Felipe VI se sentaba en el viejo salón de plenos, que tan bien conocí, inmediatamente después del presidente del Senado, que, obviamente, no tiene preferencia sobre el Rey. Nadie la tiene.
Hemos vivido una semana movidita. La presentación del libro de García-Pelayo, con contundente intervención de Felipe González y, como es ya costumbre en los actos del Rey, ausencia de Sánchez ¡ay Paiporta!; el anuncio de Yolanda Díaz de que no irá en listas electorales, pero sin dejar sus chollos; el giro españolista de Rufián, que no asume; el error de Marisu Montero con su voto en contra de las ayudas para los afectados en Adamuz; dos nuevas derrotas parlamentarias de la izquierda; la desclasificación de documentos del 23-F que devuelve al primer plano a Juan Carlos I, y la petición de Feijóo de su regreso a España.
Para García-Pelayo, el Rey encarna un papel constitucional de enorme magnitud; su condición de árbitro no le convierte en convidado de piedra. El luego reconocido jurista fue en la guerra oficial del Ejército Popular de la República mientras su padre y su hermano, militares, lo fueron del Ejército Nacional. Tras pasar por la cárcel, indultado, se exilió a Hispanoamérica. Regresó a España en 1978, y en 1980 fue nombrado presidente del Tribunal Constitucional. Acogió mal las presiones del Gobierno socialista en casos tan ruidosos como la expropiación de Rumasa, por decreto-ley, en 1983, y la inconstitucionalidad de la ley del aborto, en 1985. En ambos casos fueron necesarios sus votos de calidad. Dimitido, regresó a un exilio voluntario en Caracas dirigiendo el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central. García-Pelayo opinó que el Constitucional debería «renunciar a la tentación de hacer del tribunal un órgano político, desvirtuando su auténtica naturaleza», refiriéndose a «una patente y posible deformación del régimen democrático». ¿Qué opinará Conde-Pumpido? Lo imaginamos.
Escribí ya que Yolanda Díaz busca ir en las listas del PSOE; debería desconfiar de Sánchez. Rufián, qué justo el apellido, ha pasado de anunciar hace años que dejaría «el Congreso español» a querer encabezar, como salvavidas, otro invento de la extrema izquierda; en este caso, quien no debe confiarse es Junqueras. Del error en el voto de Marisu Montero no sé qué pensarán en Andalucía. Las derrotas parlamentarias de la izquierda evidencian su debilidad. Y esa nota de los papeles desclasificados del 23-F en que los golpistas lamentan no haber desactivado «al Borbón», que impidió el triunfo del golpe, la izquierda la olvidará. Los comunistas ya han denunciado una «operación de blanqueo» de Juan Carlos I. Ellos blanquearon a su partido sobre su pasado criminal desde las checas a Paracuellos. Y Feijóo debería también ocuparse de la traición sobre Gibraltar y de la reforma constitucional para considerar el aborto un derecho.
Desde 2022 insisto en El Debate, y antes en Terceras de ABC, sobre el deseable final del destierro del Rey padre. Según Bolaños, el Gobierno no intervino en su marcha; difiere de lo constatado. La decisión sobre el regreso será de Felipe VI. El Rey no tiene partido. Es de todos los españoles. Ojalá decida sin influencias. Podría ser una decisión condicionada. ¿Condiciones aceptables o hirientes? ¿Residencia permanente o viajes libres a España? ¿En su casa? Vayamos al artículo 48.2 de la ley General Tributaria.
La historia enseña. Alfonso XIII abandonó España porque decepcionó a sus partidarios y quedó a merced de una izquierda republicana y radical. La Monarquía perdió sintonía con el pueblo y le falló el escudo militar. Sanjurjo no garantizó a Romanones ni el apoyo de la Guardia Civil. No demos bazas al letal proyecto del sanchismo sobre la Corona.