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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

'Yoli goes to Hollywood'

En el crepúsculo de su carrera política, el nuevo lema de la vicepresidenta Díaz es «que me quiten lo bailao», la vuelta al mundo pagada por tus impuestos

A mediados de los ochenta, en mis días universitarios, llegó desde Inglaterra una pegadiza tonada de pop electrónico, que era imposible no escuchar si salías a tomar algo a partir de las ocho de la tarde (y no digamos ya a esas horas en que todos los gatos se tornan pardos). La pieza se llamaba Relax. Sus autores eran Frankie Goes to Hollywood y la canción disfrutaba de la alquimia del gran productor Trevor Horn.

Cuando los rítmicos sarasas de Frankie Goes to Hollywood triunfaban por todo el mundo, la hoy vicepresidenta Yolanda Díaz era una adolescente de Fene, hija de un señor de profesión sindicalista y tan feminista como un casete del Fari. Por entonces, la discoteca de moda en la comarca ferrolana se llamaba Walhalla, el nombre del paraíso de los vikingos, que los locales, siempre gente práctica, apañaban pronunciándolo como «valaya».

En el año del bum de Relax, Yolanda tenía unos 15 años y probablemente los porteros de Walhalla no la dejarían pasar a la disco. Pero hoy, cuando peina 52 tacos, se ha desquitado protagonizando un sonado Yoli Goes To Hollywood, que ha sido incluido en la Agenda del Gobierno. Yolanda, sumida en el crepúsculo de su carrera, ha decidido recorrer el mundo a costa de nuestros impuestos y ha convertido en acto oficial el acudir a Los Ángeles para la entrega de los Oscar.

Es evidente que los Oscar nada tienen nada que ver con el negociado de Yolanda, el Ministerio de Trabajo, aunque ciertamente podría haber sido nominada a «los mejores efectos especiales» por su chanchullo con los fijos discontinuos. El pretexto que puso al exlíder de Restar para gozarla en la rutilante gala de Hollywood a costa del erario público fue que se iba a reunir allí con «los nominados y nominadas» españoles (huelga decir que Sirat, un plúmbeo truño perfectamente «progresista», al final no rascó pelota en la gran velada). Parece que esta vez no contó con el apoyo de Carmeliña, su hija adolescente, que últimamente se había sumado a algunos bolos de la viceboutique, mostrándose la muchacha siempre fiel a su famoso bolso pijis falsificado en el mercadillo luso de Cerveira (Portugal).

Yolanda, que como dirían sus paisanos de Fene «no es nada parva» y gasta una jeta acerada, ha decidido dedicarse al turismo de altos vuelos en los meses que le quedan en el Gobierno. Sabe que Sánchez está de salida, porque la derecha suma más del 50% del voto, y porque los de su órbita ya no la quieren ni para hacer una queimada de género para recuperarse de la cefalea tras un discurso de Rufián.

A vivir la vida, que pagamos los panolis de la parrilla fiscal de socialistas y comunistas. En diciembre, hotel de cinco estrellas con súper spa en el Valle de Aosta y viajecito a Ginebra. En enero, a Helsinki, con Carmeliña de paquete. En febrero, a Harvard, y luego garbeo por Nueva York. Este mes, primero a Chipre, y para celebrar los idus de marzo, a los Oscar, porque Yolanda no va a ser menos que Jessie Buckey. Todos los viajes se llevan a cabo con coartadas de baja categoría: coloquios, charletas, visitas a gente que nada importa... pretextos para hacer turismo gratis.

Mientras Yolanda tomaba una copilla en el corazón de Hollywood y sobaba al pobre Oliver Laxe con sus carcajadas impostadas, Podemos y Sumar –la marca a la que traicionó y la que montó a su mayor gloria y acabó renegando de ella– se despeñaban con cero escaños en Castilla y León.

Es normal que Yolanda apure a fondo sus últimos días del todo gratis. Va a resultar muy amargo evacuar el casoplón oficial de la Castellana y aterrizar en el precio desorbitante de los alquileres en Madrid. O cambiar la berlina y los escoltas por un Cabify. O quedarse sin el generoso sueldo público y volver al que corresponde a su nivel de competencia real.

Yolanda acabará de tertuliana redicha en televisiones varias. Si Segura se apiada de ella, incluso puede que reciba un pequeño cameo en el próximo Torrente, donde no desmerecerá a la vera del ministro Cañita Brava, estadista que no habría desentonado demasiado en Sumar o en Podemos.

En fin, aprovecha, Yolanda, que ya te queda poco, y date un voltio por Japón, o por Nueva Zelanda, que seguro que hay por allá algún sindicato un poco friki para ir a hablarles de La problemática laboral de género y su afectación por la emergencia climática en un contexto heteropatriarcal e imperialista.

Es increíble que un país de la categoría de España lleve ya siete años seudogobernada por personas de tan romo nivel y tan granítica efigie.

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