Ojalá un perro con hantavirus
La anterior pandemia nos pilló con un licenciado en Filosofía al frente de la Sanidad y a un putero con Magisterio como ministro de Fomento. Veremos la próxima
Recuerdo el día en que nos llegó al periódico la información de que Begoña Gómez, mujer del presidente del Gobierno, estaba a un paso de la imputación. Era la primavera de 2024. «Hasta aquí ha llegado Sánchez», pensaron muchos, porque una cosa es pactar con la ETA o aprobar una amnistía que rechazabas horas antes de las elecciones; pero otra muy distinta era tener imputada a tu señora por hacer negocios –privados– en la sede del Poder Ejecutivo –que es pública–.
Visto para sentencia el juicio del caso Mascarillas, y visto en los sondeos que apenas le penaliza electoralmente, creo que solo hay una cosa que puede erosionar a Sánchez: un perro con hantavirus. Ya que la izquierda no se manifiesta por la pérdida de poder adquisitivo, ya que tampoco protesta por la pésima situación de la vivienda o el aumento de las violaciones, creo que lo único que haría temblar (mínimamente) al presidente del Gobierno sería la necesidad de sacrificar a un animal sospechoso de estar enfermo, como le tocó a Rajoy con Excalibur y el ébola.
Hecha la broma, no queda otra sino preguntarse con qué mimbres nos pillaría una nueva pandemia. Si la anterior nos alcanzó con un licenciado en Filosofía al frente de Sanidad (Salvador Illa) y un putero con Magisterio al frente de Fomento (José Luis Ábalos), el capital humano que manejamos ahora no es mucho mejor. La ministra de Sanidad vigente es Mónica García, que hace diez días lanzó su candidatura a presidir la Comunidad de Madrid porque ve que Sumar se hunde. En su haber, tener a los médicos en huelga. Después, como ministro de Transportes y Movilidad Sostenible (otrora Fomento), contamos con Óscar Puente, del que ya se ha dicho todo. Si tenemos en cuenta que reconoció en una entrevista en radio que dedicaba parte del presupuesto a vigilar lo que se decía de él en prensa… Poco más que añadir. Aprovecho para saludar al periodista de cámara ministerial que esté leyendo esto. Qué pereza dedicarse a algo así, pero más duro es vendimiar. Mucho ánimo, compañero: mes pasado, mes cobrado.
Posdata. Durante la elaboración de esta columna ningún animal resultó herido. Es más, no deseo ver enfermo a ningún perro, pues me parecen de las criaturas más geniales de la Creación. Tengo un bichón maltés por parte de hermano y es mucho más gracioso que cualquiera de nuestros ministros. Me atrevería a decir que incluso más listo. No obstante, al contrario que a Yolanda Díaz, le entiendo casi todo cuanto intenta decirme. Y al contrario que Ábalos, siempre obedece cuando le dicen «vamos, a casa». No hay color.