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TribunaIgnacio Trillo

Titiritero en La Moncloa: cambiar españoles por votantes

Esto no es solidaridad. Es demografía como arma política. Es sustituir a un pueblo que se despierta con otro que aún no ha abierto los ojos. Es el plan B del sanchismo –y de la izquierda europea fracasada– cuando las urnas libres dejan de obedecerle: fabricar urnas nuevas

Otra vez el PSOE nos la cuela. Y lo hace con esa sonrisa cínica que ya es marca de la casa, mientras los escándalos de corrupción salpican hasta la mascota del clan Sánchez y se pudren tranquilamente en los cajones de unos tribunales desbordados y unas comisiones de investigación convertidas en puro teatro de marionetas.

Pedro Sánchez, titiritero mayor del reino, mueve los hilos con mano maestra. Proyecta en la pared su sombra chinesca y una parte de España, anestesiada, aplaude desde el sofá. En vez de salir a defender la soberanía nacional con uñas y dientes, nos conformamos con tertulias de bar y 'memes' de WhatsApp. Prisioneros voluntarios de nuestro propio síndrome de Estocolmo.

Y ahora saca de la chistera su truco favorito: la regularización masiva de inmigrantes irregulares. Entre 500.000 y 600.000 nuevos «residentes» –que según Funcas podrían rozar los 840.000– que, según el relato oficial, llegan huyendo de la miseria. Mentira rotunda. No es compasión. No es generosidad. Es puro cálculo electoral, frío y premeditado. Es el caciquismo 2.0 elevado a estrategia de Estado.

Esto no es un invento español. Es un manual global que la izquierda aplica donde gobierna: importar clientela electoral cuando la propia se le escapa. En Europa el patrón es idéntico y devastador.

En Suecia, la política de puertas abiertas de los socialdemócratas atrajo oleadas masivas que colapsaron el modelo de bienestar, dispararon la delincuencia y provocaron el ascenso meteórico de los Demócratas de Suecia (de casi irrelevantes a segunda fuerza). Hoy el país ha dado un volantazo radical: restricciones duras, deportaciones y fin del experimento. Los autóctonos de clase trabajadora huyeron en masa del voto socialista.

En Alemania, el SPD y los Verdes aceleraron la inmigración y hasta intentaron un fast-track de ciudadanía en tres años. El resultado: explosión del AfD, pérdida del voto obrero tradicional y un giro restrictivo actual que desmonta sus propias reformas.

En Francia, la izquierda y Macron han visto cómo la inmigración no occidental impulsa el voto al RN de Marine Le Pen. Los datos son claros: los inmigrantes de segunda generación votan sistemáticamente más a la izquierda, pero sus hijos y nietos no compensan la fuga masiva del electorado nativo de clase baja.

El mismo truco en toda Europa: compensar la pérdida del voto obrero autóctono –harto de globalización, inseguridad y precariedad– importando nuevos votantes dependientes del Estado y de las prebendas progresistas. Sánchez no innova. Copia y pega el manual fallido.

Regularizar no es nacionalizar, pero el sanchismo ya tiene engrasada la maquinaria para convertir residencia en voto con velocidad de vértigo. Han multiplicado los funcionarios en Justicia y Registros Civiles, han inyectado cientos de millones y han convertido la Administración en una fábrica de carnets y pasaportes. Lo hicieron con la Ley de Memoria Democrática. Lo están repitiendo ahora.

Un colombiano o peruano regularizado en 2026 puede estar votando en municipales en 2030-2031 y, con el acelerador puesto, en generales poco después. No es casualidad. Es ingeniería electoral pura.

Y aquí viene el detalle que lo desnuda todo: los grandes beneficiados son colombianos y peruanos. Justo de los países con gobiernos de izquierda radical (Petro y Perú Libre) a los que el propio presidente tiende lazos de tintes deplorables. Este colectivo representa el 60% de estas regularizaciones.

El plan es coherentemente maquiavélico. Tras el mazazo territorial de 2023, cuando perdieron centenares de alcaldías y diputaciones, el PSOE no se resigna: prepara la reconquista desde la base, desde el barro de los pueblos y ciudades medianas donde siempre ha reinado por caciquismo puro. Empadrona en masa, asienta a los nuevos residentes en barrios y municipios afines, acelera trámites con la Administración secuestrada y fideliza con subsidios, ayudas y promesas de protección. El clientelismo de toda la vida, pero ahora a escala industrial y con dinero público.

Si la derecha gana las generales, heredará un país económicamente arrasado, socialmente fracturado y moralmente exhausto. Tendrá que aplicar medidas duras, necesarias e impopulares para enderezar el barco. Y entonces, mientras la derecha se deja la piel gobernando con responsabilidad, el PSOE activará la maquinaria perfectamente engrasada: «La derecha es cruel y xenófoba», «los migrantes son las nuevas víctimas del fascismo», y los nuevos votos —ya empadronados y acelerados— empezarán a caer como fruta madura en ayuntamientos y diputaciones provinciales.

Recuperarán feudos perdidos. Controlarán instituciones clave. Y cuando el momento sea propicio, llegará la moción de censura oportunista, aupada por ese voto importado y el relato victimista de siempre. Tachán. El ciclo se completa. Vuelta a la casilla de salida. España, secuestrada otra vez.

Esto no es solidaridad. Es demografía como arma política. Es sustituir a un pueblo que se despierta con otro que aún no ha abierto los ojos. Es el plan B del sanchismo –y de la izquierda europea fracasada– cuando las urnas libres dejan de obedecerle: fabricar urnas nuevas.

Despierten de una maldita vez.

Antes de que la sombra chinesca en la pared se convierta en la única España que les quede.

Y antes de que sea demasiado tarde para recuperarla.

  • Ignacio Trillo Arespacochaga es miembro de la junta directiva de la Asociación Pie en Pared y de la Fundación Foro Libertad y Alternativa
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