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Pecados capitalesMayte Alcaraz

TJUE, la amnistía compró una investidura

Eso no obsta para que, cuando Puchi ponga un pie en territorio nacional, que tarde o temprano lo hará, lo primero que van a hacer los suyos es quitarlo de en medio, ya que tiene a su formación devastada: según el CIS catalán, ha perdido ya la mitad de sus escaños gracias al empuje de los ultras de Silvia Orriols

Siempre he defendido el respeto a las decisiones de los tribunales: cuando sus pronunciamientos me han gustado, y cuando no –¡ay, Félix Bolaños, si tú hicieras lo mismo! Ayer la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid sobre Begoña Gómez le parecía un horror, y la de Luxemburgo, una bendición. Pero humildemente, yo no voy a hacer una excepción con el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, conocido en los ambientes periodísticos como TJUE, que suena a juego con tejos en el patio del cole. Pues bien, este alto tribunal europeo, afincado en un país de la Unión que presume de ser un paraíso fiscal –«paraisito», por su tamaño–, ha dictaminado, tras ser consultado por el Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional, que la ley de Amnistía de Pedro Sánchez «no se opuso» a la normativa europea ni afectó a los caudales públicos, ni infringió la directiva comunitaria contra el terrorismo. Quince togados de la Gran Sala avalan la madre de todos los relatos de Pedro y Salvador para engañar a los catalanes y al resto de españoles: dice el tribunal que esa ley, que exoneró de responsabilidades penales a 64 cargos públicos golpistas que atentaron contra el ordenamiento jurídico y la integridad territorial de España, fue «un instrumento adecuado para apaciguar un conflicto político o social». Es decir, queridos niños, si en un futuro seguís el gran magisterio intelectual de Félix, Patxi y los 15 de Luxemburgo, habéis de saber: a partir de ahora se puede robar a la anciana del quinto, porque para evitar que se enfade el caco y vuelva a intentarlo, el Estado le eximirá de responsabilidades. Apacigüemos por la vía de perdonar el delito.

Pero es que, además del oprobio que para una nación significa premiar a unos sediciosos –hasta Sánchez, que no es la esencia de la moralidad, dijo que se iba a traer a España al cabecilla huido, Puigdemont, para que pagara–, es un disparate el razonamiento de la sentencia. Los separatistas catalanes no se han «calmado» porque esta autoamnistía los haya vuelto seres benéficos; es que han acallado las calles a cambio de acabar con la igualdad en España –que se lo digan a la exdirectora de la Agencia Tributaria– y de recibir cuantas prebendas han exigido al presidente del Gobierno, que les ha satisfecho todas –con los derechos y dinero de todos– a cambio de seguir en Moncloa. Porque la amnistía, no lo olvidemos, pagó una investidura. Ergo, el día que Pedro tenga que dejar la Presidencia, volverán a la carga. En parte porque se les acabará la bicoca, en parte porque ya no habrá más raciones de la tarta que nos correspondía a todos y que se han comido ellos solitos.

El belga que preside el Tribunal de Luxemburgo ha leído la resolución que sostiene que a Europa se la refanfinfla lo del dinero público porque los fondos dilapidados «no provienen del presupuesto de la UE». Toma ya. Los pobres españolitos, cuyos fondos fueron derrochados para satisfacer los delirios soberanistas de unos desleales gerifaltes catalanes, deben incluso estar contentos de que todo se haya quedado ahí, en unos cientos de millones de nada de nuestros impuestos. No hubo malversación y, si la hubo, que con su pan se la coman los españoles. Menudos pijoteros nos han salido estos señores del sur, piensan los prohombres de la justicia europea.

Así que constatamos lo que ya sabíamos: solo nos queda, no París, sino el Tribunal Supremo que, como órgano sentenciador, seguirá defendiendo su resolución con uñas y dientes. Así que si el TC de Cándido Conde-Pumpido, como parece previsible, impone una interpretación distinta de la malversación que suponga la amnistía de Puigdemont, la Sala Segunda puede presentar una nueva cuestión prejudicial que vuelva a paralizar durante meses la situación del forajido. Eso no obsta para que, cuando Puchi ponga un pie en territorio nacional, que tarde o temprano lo hará, lo primero que van a hacer los suyos es quitarlo de en medio, ya que tiene a su formación devastada: según el CIS catalán, ha perdido ya la mitad de sus escaños gracias al empuje de los ultras de Silvia Orriols, partido que ya le supera como tercera fuerza en el Parlament. Además de Carles, también Oriol Junqueras aguarda, para presentarse a las autonómicas, que la amnistía le levante la inhabilitación que le fue impuesta por esa malversación que está en cuestión.

Si esa ley se la hubieran aplicado a los separatistas corsos, de Baviera o de Flandes, igual los jueces del TJUE franceses, alemanes o belgas no hubieran sentado esta doctrina. Aun así, respeto a las resoluciones judiciales, y a esperar que el Supremo defienda su intachable sentencia contra el procés. Que fue, realmente, la que pacificó a las élites insolidarias y separatistas catalanas a base de castigarles por lo que había hecho –hasta que llegó Pedro. Y Junts, a seguir esperando, y fustigando al marido de la imputada por malversación y tráfico de influencias por no cumplir. Aunque solo sea de boquilla.

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