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Cartas al director

El necesario límite al poder

Es cierto que las sociedades son crecientemente egoístas. Que nos encerramos en nosotros mismos como casi exclusivo fin. Que nos retrotraemos crecientemente en nuestra participación en la colectividad. Sin embargo, o tal vez precisamente como consecuencia de ello, nuestros líderes siguen siendo sustanciales como siempre en nuestro devenir. Modelan nuestra existencia. Sus decisiones mejoran el mundo, o muy al contrario lo desintegran. Trump es la prueba palpable. Las decisiones alocadas de un tipo inestable ponen al orbe patas arriba. Me cuesta creer que no haya consejeros, miembros de la Administración, representantes de los partidos o de las instituciones públicas que sean capaces de hacer rectificar determinadas resoluciones adoptadas por los líderes. ¿Qué clase de mundo hemos creado?

Todos en EE.UU. plegados a una voluntad. Pero es que es así en muchas partes del globo. Cada vez más. Ahora mismo, Erdogan hace y deshace a su antojo en Turquía, como si de un reyezuelo se tratase. Encarcela a quien le hace sombra, para él insistir en el poder sin sombra de oposición. Estas están siendo crecientemente nuestras democracias: unas elecciones libres, pero injustas, mediantes las cuales alcanzar la cúspide, para gobernar a tumba abierta y sin control una vez en ella. O les dotamos de límites a los liderazgos insanos, o nos destartalan la vida.

Enrique Lopez de Turiso

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