Cartas al director
Estirar el chicle
Gobernar, ni gobierna, ni va a gobernar, ni sabe, ni le interesa, los ciudadanos no le importan. Solo quiere el poder el máximo tiempo posible. No permite que nadie vote: No se fía de la democracia, no le gusta. Hasta la Internacional Socialista ya le ha descubierto: Sánchez es una estafa y ahora se está desangrando, en su mundo falsario, se cree que gobierna a los españoles con una tarjeta de transporte:
Su gobierno le sienta bien a los españoles: «A España le renta este gobierno».
No se sabe qué asesor le habrá apuntado estas expresiones, pero le ha hecho «un flaco favor», ha estado «inspiradísimo».
Ketty Garat, insigne periodista de investigación, le ha calado: «Sánchez no está bien», pero la Constitución no prevé que puedan llegar estos casos de especímenes anómalos con forma humana.
Sánchez, en su verborrea habitual, desvaría, se trabuca. Cuando mira desafiante y chulesco al auditorio, lo hace sin saber bien lo que ve y en la seguridad de que nadie le va a contestar.
Por mucha que sea su resistencia, Sánchez se agota, se consume y, en su irresponsabilidad, huye, se esconde y se ha cogido más vacaciones que los escolares. Todo le da igual, todos le dan igual.
Sánchez no sabe qué decir porque no tiene nada que decir. Solo reitera y repite las mismas «cantinelas», las mismas falsedades.
Su lema, aguantar al precio que sea, es lo único que tiene claro: El Juzgado le puede estar esperando. Ya lo sabía cuando dió el «pucherazo» en el Comité Federal y ahora empieza su agonía.
Sus socios, que son sus cómplices, solo esperan cobrar lo suyo, después le dejarán.
Los otros, los Sumar, no tienen dónde ir y no se han visto en otra para llevar la vida de lujo que llevan a costa de los españoles. Comunismo, pero para el pueblo, no para ellos.
Su insensatez llega a extremos gravísimos, preocupantes.
La Constitución debería prever el «autogolpe», pero los españoles no se movilizan, les «vas más» el conformismo, la pereza, el «pan y circo».