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Cartas al director

La ética del científico estrella

Soy una de las personas que contribuyó a llenar las redes de mensajes de gratitud hacia Mariano Barbacid cuando se hizo pública la noticia de que había logrado 'curar' el cáncer de páncreas, sin embargo, detrás de la bata blanca y la promesa de vida para miles de pacientes, se escondía una realidad burocrática y ética que hizo que esta persona me desilusionara cuando supe que la eminencia española de la oncología, la figura que había regresado de EE.UU. para impulsar la ciencia pública quedaba en entredicho al preferir la opacidad sobre su vinculación empresarial; Barbacid y sus colaboradores más cercanos eran co-propietarios y accionistas de la empresa creada específicamente para explotar comercialmente esta terapia.

Hoy leemos en la prensa que ante la enorme presión y la pérdida de credibilidad, Mariano Barbacid anuncia su renuncia a beneficiarse económicamente de la patente y se desvincula de la empresa intentando salvar su reputación, pero para miles de ciudadanos como yo, personas anónimas golpeadas por el cáncer, que no dejamos de trabajar para recaudar fondos para acelerar los ensayos clínicos, nos deja una amarga lección sobre la ciencia, la financiación y la fragilidad de la esperanza en la lucha contra el cáncer.

Luis Vázquez García

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