06 de febrero de 2023

En primera líneaAlfonso Ibáñez Solano

Terrorismo nazionalista

No hay ninguna diferencia entre asesinar a cinco niñas en Mauthausen asfixiándolas con gas o destrozar a cinco niñas en Zaragoza con una bomba. Tampoco son factores diferenciales cometer los asesinatos luciendo en el pecho una cruz gamada o un lauburu, ni hacerlo en nombre de la raza aria o la vasca

Vivimos en un mundo prácticamente globalizado, en el que cualquier suceso que ocurra en el último rincón del hemisferio puede pasar a ser de conocimiento general en cuestión de escasos minutos.
Situémonos en Alemania diez años después de finalizar la II Guerra Mundial. Una Alemania recién salida de perder una guerra y descubriendo que, por encima del horror propio de cualquier conflicto bélico, hubo un horror todavía mayor si cabe, como fue el exterminio de seres humanos, hombres, mujeres, niños… en los diferentes campos de concentración.
Aquella población germana no daba crédito a lo que iban conociendo, el asesinato de tantos y tantos inocentes de manera fría y calculada. Y como no podía ser de otra manera, en su inmensa mayoría renegaron de ello y condenaron tan salvajes e inhumanos actos. Porque ni tan siquiera en medio de un conflicto armado todo vale. Y esa actitud de rechazo de la sociedad germana fue una de las claves para que el resto de países de todo el mundo decidieran pasar página y tender la mano a una Alemania prácticamente arrasada.
Pero imaginemos que en aquella época, es decir, una década después de finalizar la IIGM, Alemania se hubiera mantenido en sus trece. Que por todo el país se sucedieran actos de homenaje a los asesinos de los campos de concentración, que se pidiera su liberación inmediata, que se les hubiera tratado como a héroes por su valentía y arrojo en la eliminación de personas desvalidas e inocentes… Imaginémonos una Alemania volcada en apoyar a esos asesinos y que los trataran como figuras emblemáticas y ejemplo a seguir por sus jóvenes. Una escuela alemana en la que se educara a las nuevas generaciones en el ensalzamiento tanto de los fines como de los métodos seguidos en los campos de concentración… Un país que decidiera aupar a esos asesinos hasta el mismo poder nacional.
Ilustración Pedro Sánchez

Lu Tolstova

Una Alemania así habría sido rechazada por la comunidad internacional, habría quedado aislada del resto del mundo que miraría asombrado y sin comprender tanta injusticia y estulticia. No se le permitiría formar parte de ningún organismo europeo ni mundial. Hoy Alemania sería un país pobre y aislado, porque sería del todo inadmisible que un pueblo que defendiera y encumbrara a asesinos convictos y confesos pudiera caminar en igualdad con el resto de países de su entorno en los cuales los derechos humanos son pieza fundamental de su desarrollo.
Pero no fue así, los alemanes decidieron anteponer la justicia y los derechos humanos a cualquier otra cuestión, porque comprendieron que no podrían construir un futuro digno e ilusionante si antes no enterraban su pasado de horror y muerte.
Ahora, donde pone Nazis pongan nacionalistas radicales vascos, donde pone campos de concentración, pongan calles y plazas de nuestra geografía nacional. Donde se habla de asesinos nazis pongan terroristas de ETA… y así vayan cambiando las fichas del relato sustituyéndolas por nuestras fichas locales y actuales. Innumerables homenajes a asesinos, concentraciones juveniles en favor de ETA en institutos, solicitud de excarcelaciones a terroristas… y todo ello no sólo con la aquiescencia del Gobierno de la Nación, sino que incluso se entrega las llaves de la gobernanza nacional y navarra a estos asesinos ya juzgados y condenados.
Pretender que semejante dislate no pase factura tanto a nivel nacional como internacional ya se está demostrando que es un grave error. Hoy España ha perdido peso internacional de manera considerable, pintamos poco o nada… y pruebas que apoyan esta afirmación no faltan.
¿Se imaginan a los presidentes de Francia o Alemania o Gran Bretaña o… babeando tras Biden en un vergonzoso intento de conseguir una sonrisa del presidente norteamericano para poder vender a nivel local una foto que falsee la realidad de nuestro aislamiento?
¿Se imaginan a cualquiera de los presidentes anteriormente mencionados llamando a Sánchez para pedirle opinión sobre algo?
No se puede gobernar un país del primer mundo de la mano de un grupo de terroristas.
Da igual si el horror viene de la mano de un Ejército nazi o de una pandilla de asesinos euskalherrianos. Las consecuencias morales finales son las mismas porque no hay asesinatos plausibles y asesinatos condenables, como tampoco hay asesinos buenos y malos. Todos son deleznables.
Y no hay ninguna diferencia entre asesinar a cinco niñas en Mauthausen asfixiándolas con gas o destrozar a cinco niñas en Zaragoza con una bomba. Tampoco son factores diferenciales cometer los asesinatos luciendo en el pecho una cruz gamada o un lauburu, ni hacerlo en nombre de la raza aria o la vasca. O condenamos y repudiamos a todos los niveles el terrorismo y a los terroristas o estaremos cometiendo un gravísimo error de consecuencias impredecibles.
Vendrán nuevos tiempos y nuevos gobernantes y tocará reconstruir España desde los mismos cimientos de los derechos humanos porque cualquier sociedad que se precie necesita primero sentirse digna, como lo necesitaron y así lo hicieron los alemanes en su día. 
  • Alfonso Ibáñez Solano es consultor político
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