25 de septiembre de 2022

en primera líneaEmilio Contreras

Cortinas de humo

Según el Gobierno, el responsable de los incendios es el cambio climático, el de la crisis económica, Ucrania, y en la sentencia de los ERE «han pagado justos por pecadores». Pero tras esas cortinas de humo no hay nada, salvo el fuego, la crisis y la sentencia del Tribunal Supremo

Cuando las cosas no van bien en la gobernación del país es fácil caer en la tentación de levantar cortinas de humo con las que ocultar el paisaje a los ciudadanos. El problema está en que en ocasiones acaban cegando a quienes las lanzan.
Escribo esto porque el Gobierno sigue tratando de ocultar sus errores con maniobras de distracción. Desvía la atención de los ciudadanos con señuelos y evita afrontar los problemas que de verdad preocupan. El paso del tiempo está confirmando que no aborda su solución porque no tiene ni programa ni alternativas con las que hacerles frente.
El ejemplo más evidente son los incendios que este verano están calcinando miles de hectáreas con una virulencia que no tiene precedentes. En el debate sobre el estado de la nación del 12 de julio, el presidente del Gobierno endosó la responsabilidad de esta catástrofe al cambio climático. Hizo una disertación más propia de un profesor que describe un problema que de un gobernante que debe aplicar con urgencia programas concretos con los que hacer frente a los fuegos. La estrategia fue endosar al cambio climático toda la responsabilidad de los incendios y eludir la que tiene el Gobierno de hacerles frente. La cortina de humo con la que ocultar su fracaso ha sido el cambio climático. Pero hemos visto que tras esa cortina no había nada; ni planes ni presupuestos.
La guerra en Ucrania es otra cortina de humo que el gobierno levanta para ocultar las carencias de su política económica y convertirla en el chivo expiatorio al que endosar el origen de todos los males. La crisis es igual para todos los países de la UE, pero vaya como muestra que tenemos el doble de paro y de paro juvenil que la media europea; nuestra inflación es del 10,8 por ciento –casi doblamos la de Francia– y la media de la Eurozona es del 9,6 por ciento; tras Grecia e Italia, España es el país de la Eurozona que tiene que pagar intereses más altos por el dinero que nos prestan para taponar el déficit. Además de la guerra de Ucrania, la crisis económica de nuestro país tiene perfiles propios que ya estaban presentes antes de que empezara la invasión, para los que el Gobierno no ofrece alternativa eficaz.
«Han pagado justos por pecadores» es la última cortina de humo lanzada por el Gobierno para ocultar la gravedad de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso de los ERE. Ni Griñán ni Chaves han sido condenados por llevarse dinero, sino por malversar (destinar los caudales públicos a un uso ajeno a su función) o por prevaricar (dictar a sabiendas una resolución injusta). Según el Tribunal Supremo «eran plenamente conscientes de la palmaria y patente ilegalidad del procedimiento». Si ambos se hubieran quedado con dinero, los delitos habrían sido más graves y las penas más altas.
Sánchez humo

Lu Tolstova

Y no hay que olvidar que los «pecadores» por los que supuestamente van a pagar Griñán y Chaves son ex altos cargos de la Junta de Andalucía, todos miembros del Partido Socialista, algo de lo que no se habla. Hay penas de prisión para ocho de ellos –además de Griñán con seis años– que suman 54 años, 31 meses y 12 días, a las que hay que añadir 253 años y 13 días de inhabilitación para el total de los 19 condenados. No hay chivos expiatorios porque en la sentencia cada uno paga por los delitos que ha cometido, todos ellos probados, según el Tribunal Supremo. De nuevo, el aire fresco de la información completa despeja la cortina de humo.
Y con la Ley de Memoria Democrática ha ocurrido lo mismo. Con el humo de las víctimas del franquismo se quiere tapar las cesiones a los separatistas y a Bildu. En este caso, quienes apartaron el humo para que se viera la realidad fueron decenas de ex altos cargos socialistas que se manifestaron públicamente en contra.
El recurso a las cortinas de humo viene de largo y siempre se ha saldado con un fracaso. Zapatero lo intentó reavivando los rencores de la Guerra Civil, pero esa maniobra de distracción no impidió que, tras su pésima gestión de la crisis económica de 2008, el PSOE se hundiera hasta los 110 diputados en 2011, su peor resultado desde 1977. Pedro Sánchez sacó con gran parafernalia los restos de Franco del Valle de los Caídos en octubre de 2019, pero en las elecciones generales de noviembre tuvo 720.000 votos menos que en las que se habían celebrado 28 de abril. La puesta en escena del valle no le dio resultado. En la campaña electoral de Andalucía, Yolanda Díaz pidió el voto «en nombre de los represaliados franquistas», y nunca la izquierda ha tenido peores resultados en esa comunidad desde 1977.
El Gobierno ha perdido la calle. Esa es una evidencia que nadie puede negar. Al principio se oían las protestas de ciudadanos en los actos públicos que trasmitían la radio y la televisión. Para silenciarlas, se crean cortinas, no de humo sino físicas, con las que se aleja cada vez más al público de los miembros del Gobierno. A veces, incluso se acordona la zona para que no haya público.
Las cortinas de humo que lanza el Gobierno no resisten ni un segundo una corriente de aire que limpie el paisaje y deje ver la realidad desnuda. A nadie engañan porque, como dice el proverbio, por el humo se sabe dónde está el fuego.
  • Emilio Contreras es periodista
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