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en primera líneaElena Ramallo Miñán

El voto femenino decide las mayorías y los gobiernos en España

El llamado feminismo gubernamental es percibido por muchas votantes como ideologizado, distante y alejado de sus problemas reales, especialmente ante el aumento de la violencia sexual y de otros delitos cometidos por una inmigración descontrolada y culturalmente poco respetuosa con los valores de igualdad

Act. 12 nov. 2025 - 05:58

Durante décadas, el voto femenino fue percibido como un reflejo del masculino, un acompañamiento estadístico sin mayor incidencia en la dirección política del país. Sin embargo, desde hace años, el voto de las mujeres se ha consolidado como un cleavage político —un eje estructural de división del voto— comparable a la clase social o la religión. En la España del siglo XXI, el voto femenino se ha convertido en un factor decisivo, capaz de inclinar el poder hacia uno u otro bloque de nuestro país.

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El Debate (asistido por IA)

En las elecciones generales de 2023, el voto femenino fue clave para impedir una mayoría de derechas (PP-Vox) y permitir al PSOE conservar el Gobierno de España. Si solo hubiesen votado los hombres, el bloque PP-Vox habría obtenido la mayoría absoluta. Sin embargo, la movilización del electorado femenino progresista inclinó la balanza hacia el PSOE y Sumar, facilitando la continuidad de Pedro Sánchez en el poder. En unas elecciones tan ajustadas, ese diferencial —en torno a trece puntos de ventaja de la izquierda entre las votantes mujeres— resultó determinante.

En escenarios de empate técnico, las mujeres indecisas —más numerosas y con tendencia a decidir su voto en la última semana de campaña, además de más sensibles a los hechos y a las conductas políticas— se convierten en el objetivo estratégico de todos los partidos. Los expertos coinciden en que el voto femenino es hoy el que decide las elecciones en España.

No obstante, los datos más recientes muestran un cambio profundo. El voto femenino está experimentando un reajuste evidente: mientras el PSOE, tradicionalmente más feminizado, pierde apoyo (hasta diez puntos menos), Vox comienza a obtener un respaldo incipiente entre las mujeres, y el PP continúa sin conectar plenamente con ellas debido a su indefinición en cuestiones que las afectan directamente.

¿Qué ha ocurrido para que las mujeres hayan dejado de confiar en la izquierda, y especialmente en el PSOE? La respuesta tiene varias explicaciones. Las políticas contrarias al feminismo real y cercanas al movimiento woke, junto con los escándalos de prostitución, abusos y la pasividad ante conductas machistas protagonizados por dirigentes de la izquierda (PSOE, Podemos y Sumar), han generado una creciente desafección entre las mujeres.

El llamado feminismo gubernamental es percibido por muchas votantes como ideologizado, distante y alejado de sus problemas reales, especialmente ante el aumento de la violencia sexual y de otros delitos cometidos por una inmigración descontrolada y culturalmente poco respetuosa con los valores de igualdad y libertad de las mujeres. A ello se suma la teoría de que ser mujer es un sentimiento, que ha erosionado la protección jurídica del sexo femenino, y la tolerancia hacia el islamismo en contextos donde se vulneran abiertamente los derechos de las mujeres. Lo que ha contribuido a romper el vínculo histórico entre una parte del electorado femenino y la izquierda.

Como consecuencia, la abstención femenina crece de forma exponencial, reflejando el desencanto con un discurso de igualdad que muchas mujeres consideran vacío o instrumentalizado. Este viraje no es anecdótico: demuestra que las mujeres ya no constituyen un bloque ideológico homogéneo, sino un electorado autónomo, plural y determinante en la formación de mayorías y gobiernos.

En términos globales, los datos de 2023 mostraban que el 56 % del electorado de izquierdas era femenino, frente a un 55 % masculino en el bloque de derechas. Aquella diferencia hizo que las mujeres inclinaran la balanza ideológica del país hacia la izquierda. Sin embargo, en la actualidad, la derecha comienza a recuperar espacio entre las mujeres, especialmente entre las menores de 45 años, que demandan más libertad, meritocracia y firmeza frente a la inseguridad.

Las mujeres españolas han pasado de ser consideradas un voto cautivo a convertirse en el voto bisagra que decide las mayorías. Ningún partido puede ignorar sus exigencias: la defensa de la libertad, la igualdad jurídica, la igualdad laboral y de conciliación efectiva y la exigencia de una política menos dogmática y más real.

El futuro político de España estará cada vez más en manos de las mujeres. Convencer a las votantes indecisas —que representan alrededor del 17 % del electorado— puede otorgar ese «extra» que decide un gobierno. Los partidos no deberían olvidarlo, y deben comenzar a hacerlo desde ahora, no en la última semana de campaña. Ignorar a las mujeres en política es perder las elecciones antes de empezarlas. Su voto define quién gobierna España.

  • Elena Ramallo Miñán es doctora en Derecho e Investigadora en Inteligencia Artificial Aplicada a la Justicia
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