El comisario Xabier Fortes y su maravilloso repaso histórico
La superioridad moral de la izquierda dogmática solo funciona mientras nadie la cuestione. Se alimenta del silencio, del aplauso fácil y de la ausencia de contraste. Pero en cuanto aparece alguien con argumentos, se desmorona
La escena protagonizada hace unos días entre Xabier Fortes y el escritor mexicano Juan Miguel Zunzunegui me ha recordado, inevitablemente, a la columna que escribí en 2024 titulada Mercedes Milá y su maravilloso repaso histórico. Aquella columna, como seguro no recordarán, relataba el azote dialéctico que la presentadora recibió del exministro José Manuel García-Margallo a cuenta del asombroso desconocimiento de la conductora de Gran Hermano sobre la figura de Hernán Cortés. Fue un momento vital, casi mágico, se lo aseguro. Nunca pensé que tanta petulancia pudiera ser aplastada de forma tan contundente en apenas tres minutos.
Afortunadamente, hay cosas que pueden ir a mejor. En esta ocasión el escenario del milagro no fue un programa de entretenimiento, sino La Noche en 24 Horas, el espacio de TVE en el que el comisario Xabier Fortes ejerce de guardián ideológico del sanchismo con toda la solemnidad que su rostro pétreo le permite.
Pues bien, aquel día el invitado era Juan Miguel Zunzunegui, escritor mexicano, que acudió al programa para hablar de su libro Al día siguiente de la conquista. Lo que el presentador esperaba, un invitado dispuesto a confirmar la culpa eterna de España, acabó siendo exactamente lo contrario: una clase magistral de historia en directo, en la que los datos, el criterio y la contextualización lo coparon todo. Abracadabra.
No puedo transcribir toda la entrevista, pero sí rescatar algunas perlas. Tampoco voy a repetir las torpezas de Fortes porque, aunque no las hayan escuchado, ya las conocen: el mismo discurso hueco y pretencioso de siempre, ese relato que confunde la superioridad moral con la ignorancia ilustrada. Lo que sí puedo contarles es que, entre la ironía y la autosuficiencia, el comisario del pensamiento fue hundiéndose poco a poco, recibiendo a cambio un torrente de conocimiento que lo fue empequeñeciendo hasta casi hacerlo desaparecer del plató.
Les copio aquí algunos fragmentos:
«No hay nada de lo que pedir disculpas. Está bien que no hay que olvidar la historia, pero también hay que conocerla. Lo que demuestran en ambos lados es un desconocimiento profundo de la historia, sobre todo de aquello que llamamos la conquista de México, que no existió nunca. La conquista es la mentira fundacional de nuestro país».
«Si algo hace Hernán Cortés es lanzar propuestas de paz y formar propuestas de paz con cada uno de los pueblos con los que se encuentra».
«Cuando llegan los españoles a lo que hoy es México no había minas. Estamos hablando de culturas de piedra y palo. No conocían la metalurgia, no extraían oro, no extraían plata».
«En México, las ciudades más hermosas de nuestro país son todas virreinales».
«Jamás existió la esclavitud en América. La esclavitud fue prohibida por Isabel la Católica, en 1504; las Leyes de Burgos, en 1512; la bula papal, en 1537; y las Leyes Nuevas del Imperio, en 1542, rematado por la controversia de Valladolid, de 1555. Nunca hubo esclavitud indígena en América. Lo que sí hubo con la llegada de los españoles fue la generación de actividades económicas que ni siquiera existían».
«Los frailes franciscanos construyeron México».
El paralelismo con el episodio de Mercedes Milá es inevitable. Entonces fue José Manuel García-Margallo quien dejó sin voz a la presentadora. Aquí el papel de Margallo lo interpretó un mexicano que, con una serenidad y educación demoledoras, recordó a los telespectadores que la historia no es un concurso de sentimientos.
Porque de eso trata todo esto. De cómo cierta izquierda mediática ha hecho de la historia una religión de la culpa en su propio beneficio. De cómo algunos periodistas, cómodamente instalados en el plató, reparten absoluciones o condenas según la consigna del día. Y de cómo todo ese montaje se desintegra en cuanto aparece alguien que sabe de lo que habla.
Hay algo profundamente simbólico en ver a un mexicano defendiendo la herencia española ante un español que la denigra.
El vídeo se ha viralizado y no por morbo, sino por reconocimiento. El público, que es bastante más inteligente de lo que algunos creen, detecta al instante cuándo le venden moralina barata y cuándo le ofrecen verdad.
La superioridad moral de la izquierda dogmática solo funciona mientras nadie la cuestione. Se alimenta del silencio, del aplauso fácil y de la ausencia de contraste. Pero en cuanto aparece alguien con argumentos, se desmorona.
Zunzunegui no vino a redimir a nadie; vino a recordar que la historia no necesita tutores ideológicos. Vino a demostrar, con asombrosa precisión, que la verdad no tiene nacionalidad ni partido. Y lo hizo con tanta calma que desarmó al adversario sin levantar la voz. Una maravilla.
Ya he visto que, durante estos días, el comisario ha vuelto a lanzar su veneno tuitero contra quienes se han atrevido a criticar su postura en la televisión pública. A alguno le recomendaría responderle con la mítica frase de Churchill, convenientemente adaptada:
«Puede que esté borracho, señor Fortes, pero por la mañana estaré sobrio… y usted seguirá siendo usted».
- Gonzalo Cabello de los Cobos es periodista