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En primera líneaJosé Antonio García-Albi

La cuerda política o la política lineal

Usemos liberalismo libertario para que el de la derecha sea tan solo un estornino, no un partido, y destinemos el centro para que aquellos que limitan la libertad, se limiten a imponer zonas de bajas emisiones por los centros urbanos

Ante el aspecto que presenta el año recién comenzado, en lo político y en lo económico, me ha parecido oportuno compartir con ustedes algunas reflexiones por si, modestamente, pudieran ser de su interés para identificar acontecimientos y actores de los mismos.

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El Debate (asistido por IA)

Uno de los problemas que veo en el análisis político y económico en la actualidad es la generalizada tendencia a caer en la simplicidad de identificar las opciones políticas con una cuerda tensada que comienza por un extremo y concluye en el otro. Un trozo de soga en el que los políticos se van instalando como los estorninos en el campo, que se van posando en el cableado telefónico para contemplar el entorno. Pero creo que la política es algo más complejo que el mero posado en un trozo de cuerda o cable, porque eso no refleja la realidad; simplifica en exceso la misma. Por poner un ejemplo de la debilidad con la que se ve afectado el análisis, se tiende a concluir que si la cuerda tiene un extremo ha de tener otro igual en la otra punta y un centro en la mitad. Y eso es así tan solo en una cuerda, pero no en política. Al final reducen el análisis político a una suerte de mera posición pseudo geográfica ajena a las ideas.

Pero podemos utilizar una metodología semejante. En lugar de usar una línea que nada nos dice, tomemos una figura geométrica; la de un rectángulo, por ejemplo. Dicha forma rectangular es la que tendría con seguridad una edición impresa y encuadernada de la Constitución Española de 1978. Bien, ya tenemos la superficie en la que ir ubicando a las distintas opciones políticas. Está fuera de toda duda que dentro de ese rectángulo constitucional encontramos al PP, a Vox y a otros partidos menores como UPN. Pero, ¿dónde se instalan PSOE, sus confluencias y todos los partidos nacionalistas? ¿Dentro o fuera de esa zona delimitada? Yo creo personalmente que todas esas organizaciones políticas se encuentran extremadamente fuera del rectángulo. Y al estar en extremo alejado podemos calificarles a todos ellos de extremistas; algo que no es aplicable a las formaciones que se encuentran dentro. Por lo tanto, ya tenemos una primera conclusión, sabemos quiénes son los extremistas y quiénes no. Extremistas son el PSOE, Podemos y sus derivadas y todos los partidos nacionalistas; lo son hasta el extremo de situarse extremadamente fuera de la zona constitucional para hacerlo en la de la ruptura.

La simplicidad de los análisis que utilizan el cordel o la línea suele llevar también a cometer otro error hoy muy habitual. Del mismo modo que la herramienta lineal lleva a concluir, equivocadamente como hemos visto, que hay dos extremos, se suele hablar de dos tipos de populismos, de signos opuestos y coincidentes con los extremos de la supuesta soga; eso es otra equivocación.

Veamos. En alguna otra ocasión he narrado que el populismo no es más que una estrategia del socialismo de hoy en día, diseñada los profesores de la Universidad de Essex Laclau y Mouffe; quienes, entre otros, tienen dos libros con títulos más que explicativos como La razón populista y Por un populismo de izquierdas. En España tuvieron como aventajados alumnos a nuestros podemitas; incluso uno de ellos, Errejón, llegó a escribir sobre el nacionalpopulismo. ¡Qué miedo! De sus estudios, como de cierta tesis, se adueñó Sánchez. Por lo tanto, se deduce que el populismo coincide con nuestros izquierdistas actuales incluyendo a Bildu y ERC.

También José Mª Aznar dejó una clara explicación en las páginas de Libertad Digital al especificar que «El populismo presenta varias características, pero hay dos especialmente evidentes. La primera es que no respeta las normas. La segunda es que intenta cambiar los sistemas institucionales, desde dentro, no con grandes rupturas externas, sino mediante cambios internos que, poco a poco, alteran el funcionamiento institucional. Hoy el deterioro institucional es cada vez mayor y deriva del incumplimiento de las reglas básicas que debe respetar una democracia y un Estado de derecho». Al no tener fuerza electoral para utilizar los mecanismos legales establecidos para las reformas, usan otras fórmulas ilegales. Parece evidente que por su historia, su creación y por su puesta en práctica, populismo solo hay uno y se encuentra únicamente en las distintas familias socialistas, a las que se unen PNV y Junts.

Vamos, que la teoría de usar una línea o cuerda como herramienta de análisis lleva a conclusiones equivocadas en lo que a los extremismos y populismos se refiere. Pero también se usa para plegarla en dos partes iguales, de manera que se obtiene lo que llaman «centro». Un punto inexplicado al que inexplicablemente se le atribuyen, sin constatación empírica, un cúmulo de virtudes tan poco claras como su propia definición que, al menos yo, desconozco. Pero tiendo a pensar que sin la existencia de los supuestos dos extremos y de los supuestos dos populismos, lo primero que dejaría de existir sería ese autodenominado centro. Toda vez que carece de concepto político, el centro se reduce a un espacio en el que poner ZBE.

Vista la prevalencia del rectángulo constitucional como herramienta de estudio de las diferentes posiciones políticas, sobre la de la línea o trozo de cordel. Llega el momento de hacer otras consideraciones prácticas e importantes. La primera es que aceptar la teoría del centro equidistante entre dos opciones, dada la realidad actual, supondría asumir la existencia de una opción central que se sitúa entre la legalidad y la ilegalidad constitucional; esto es, que participa también de algunos de los postulados ajenos a la Constitución, esa centralidad estaría ayudando a la pérdida de una parte importante de la democracia y colaborando en parte con los extremistas populistas.

La segunda es ponderar el retorno a las terminologías cargadas de ideas y conceptos; al enriquecedor debate de las ideas. Llamemos socialismo al socialismo señalando todos los daños y perjuicios que ha propiciado a la humanidad; no lo camuflemos como el estornino de la parte izquierda. Designemos liberalismo, liberalismo libertario, a aquella ideología con ideas de libertad, de mercados, protagonismo de las libertades individuales, de estados de tamaño reducido, de propiedad privada, desregulación, etc. Aquella que concibe la democracia como una forma de proteger un bien de mayor valor, la libertad, y que tanto ha beneficiado a la humanidad. Usemos liberalismo libertario para que el de la derecha sea tan solo un estornino, no un partido, y destinemos el centro para que aquellos que limitan la libertad, se limiten a imponer zonas de bajas emisiones por los centros urbanos.

  • José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario
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