El presidente de Estados Unidos liberó este sábado a Venezuela y al mundo de un dictador odioso y sostenido mediante el narcotráfico, que desde marzo de 2013 machacaba a su pueblo prolongando un régimen chavista que ha sumido a un país riquísimo en la miseria. La narcodictadura ha provocado el exilio de más de siete millones de venezolanos, ha disparado la violencia a cifras inconcebibles, ha trucado las elecciones con un pucherazo de libro y ha torturado y asesinado a adversarios políticos. Maduro, que estaba reclamado como narcotraficante por Estados Unidos con una recompensa de 50 millones por información para su detención, será juzgado ahora en Nueva York en una vista histórica.
Pedro Sánchez
Pool Moncloa / Fernando Calvo y Pool OTAN
Al presidente del Gobierno se le vio el plumero con el desganado comunicado con el que recibió la noticia de la detención de Maduro. Lo despachó con cinco líneas en la red X, refugiándose en lugares comunes como que «hacemos un llamamiento a la desescalada y a la responsabilidad, hay que respetar el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas». Sánchez nunca ha dado un apoyo nítido a Corina Machado y su causa, más bien al revés. El PSOE está salpicado en este asunto por las sinuosas andanzas de Zapatero, por el caso Delcy y por el anómalo rescate de Plus Ultra. De la futura Venezuela libre pueden venir serios quebraderos de cabeza para el sanchismo.
Yolanda Díaz
Los comunistas apoyan… a los comunistas, por supuesto. Por eso, ante la caída de Maduro por una vez Podemos y Sumar entonaron la misma melodía para condenar de la manera más enérgica la operación militar de Estados Unidos. En todas las democracias hay partidos radicales de extrema izquierda. Pero la gran anomalía española estriba en que aquí gobiernan y ocupan varios ministerios.