23 de mayo de 2022

TribunaManuel Galán

Spain should be different

En un momento así, los españoles deberíamos sacar la esencia de nuestra cultura y proponer al mundo otra forma de ver el futuro

¡Ya va siendo hora de que salgamos de nuestra depresión!
Como país tenemos un pasado singular. Hemos protagonizado momentos muy importantes de la historia del mundo. España protagonizó e impulsó la primera ola de globalización de la historia. Los españoles, los de entonces, no los de ahora, extendieron por el mundo una lengua, una religión y, como consecuencia, una cultura que aún sigue viva en el mundo.
Evitemos la discusión de si hemos sido ángeles o demonios. Como bien dice Pérez-Reverte, esa historia, buena o mala, oscura o luminosa, es nuestra historia.
Fueron los españoles de entonces los que hicieron todo eso. Los españoles de ahora, muchos, no todos por suerte, seguimos en la depresión y atrapados por una mezcla de culpabilidad y nostalgia.
La depresión, la culpa y la nostalgia son, demasiado a menudo, simplemente coartadas para no afrontar nuestra responsabilidad como nación (o como cultura o como pueblo) en el mundo.
Yo no creo que los españoles, y mucho menos los de hoy, tengamos que pedir perdón a nadie. Lo que sí creo es que deberíamos dar explicaciones de por qué ya no somos capaces de liderar a los pueblos a los que hace muchos años les modificamos la vida.
Muchos millones de personas, a cuyos tatarabuelos enseñamos a hablar español y les inculcamos una serie de valores a través de una religión, se vuelven hacia este lado del mundo preguntando por qué los valientes se han convertido en cobardes. Por qué los que fueron justos miran hacia el suelo, por qué los exploradores y emprendedores lo hacen todo sin orgullo, con disimulo. Desde dentro lo podemos considerar comprensible pero no justificable.
Es verdad que los virreinatos se independizaron gracias, entre otras razones, a las intrigas de ingleses y franceses que nuestros tatarabuelos no supieron atajar. Entonces, como país, empezamos a necesitar antidepresivos. Nuestros antepasados, en la primera mitad del XIX, perdieron poder y riqueza, al final del XIX, frente a Estados Unidos, perdieron lo que les quedaba del imperio. Solo 38 años después –¡38 años es muy poco!– sufrimos una desastrosa guerra civil y 40 años de una vergonzante dictadura. Llevamos doscientos años de situación de depresión profunda.
Pero los nuevos españoles llevamos años reconstruyendo la sociedad de la forma que nos impulsa nuestro ADN y la cultura que heredamos. Solo nos falta volver a entender que nosotros no necesitamos crear una potencia económica imperial ni necesitamos someter o aniquilar a otros (eso lo dejamos para otros que no llevan milenios de civilización y sabiduría en su sangre).
Los españoles seguimos necesitando sentirnos orgullosos de pertenecer a un pueblo honesto, curioso, explorador, tolerante y bienintencionado. Y humanos, es decir, imperfectos, capaces de bondades y de maldades, impulsivos muchas veces, irreflexivos, inconstantes, iracundos... Tenemos muchos defectos pero, entre ellos, los que raramente encontraremos son la avaricia, el materialismo, el desprecio por los diferentes. No digo que no haya avaros, solo digo que no son muchos.
Los españoles tenemos que dejar de anhelar ser como otros, fríos y ambiciosos, y trabajar otra vez para expandir por el mundo nuestra cultura, la nuestra, que no es ni la inglesa ni la alemana.
Todos tenemos claro hoy que el mundo se ha vuelto inestable. Los muy poderosos y los especialistas en medrar, viven la incertidumbre de un futuro lleno de amenazas, desde el cambio climático hasta los mares llenos de hambrientos y desesperados, desde la escasez de empleo hasta el cambio del mercado del petróleo por el del litio. En un momento así, los españoles deberíamos sacar la esencia de nuestra cultura y proponer al mundo otra forma de ver el futuro.
Es lo más útil que podemos hacer para dar un futuro más esperanzador para la especie.
Por eso digo que, ahora sí, Spain should be different
  • Manuel Galán es ingeniero
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