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22 de febrero de 2024

TRIBUNAGustavo Morales

La rebelión de las élites

Tienen conscientemente más en común, sin influencia de sus culturas diferentes, los millonarios norteamericanos con los millonarios japoneses que con sus conciudadanos menos afortunados

Actualizada 11:18

Christopher Lasch, profesor de Harvard, publicó una colección de ensayos que tiene el sugestivo subtítulo de La traición a la democracia. Comienza nuestro autor rindiendo un desusado, por foráneo, homenaje a la figura de Ortega y Gasset y reconociendo la influencia de La rebelión de las masas en la construcción de su tesis.
Defiende Lasch que no son las masas las que han perdido los ideales de convivencia nacional, de participación común en el gobierno de la polis y de defensa de la identidad nacional-cultural.
Es decir, si antaño Ortega lamentaba que la irrupción de las masas en la Historia destruyera el espíritu aristocrático de servicio a los demás, nobleza obliga, Lasch destaca que hoy son esas masas las que mantienen los valores humanos mientras que las élites estadounidenses se han transmutado en representación viva del egoísmo y del sálvese quien pueda. La primera y brutal crisis económica del siglo XXI viene a subrayar el acierto de sus palabras.
Lasch acusa a las élites políticas y financieras de tener más en común con magnates de otros países que con sus propios compatriotas. El autor dice que tienen conscientemente más en común, sin influencia de sus culturas diferentes, los millonarios norteamericanos con los millonarios japoneses que con sus conciudadanos menos afortunados. El estilo de vida, ególatra y despectivo de esos ricos del mundo es idéntico: busca y obtiene la satisfacción inmediata de sus deseos materiales, es decir, comparten la misma ética que los delincuentes, los otros delincuentes, o sea, mantiene que el pueblo, en este caso el norteamericano, tiene un concepto más claro, sólido e interiorizado de los valores nacionales comunes que los grupos dirigentes de la prensa, la política y la economía de los Estados Unidos.
El autor destaca cómo los ideales que defienden en público las vanguardias dirigentes no son los mismos que aplican en sus vidas privadas. Esa pérdida de lazos nacionales implica una escasa tendencia a asumir la responsabilidad de sus actos públicos o a sacrificar intereses personales por el bien común. Lasch hace un canto, nada rancio, a la defensa de la vertebración nacional en base a las comunidades, las ciudades, los pueblos y las comarcas de los Estados de la Unión. Los partidos de su país, según Lasch, tampoco representan ya los intereses de la gente sino de las oligarquías políticas a quienes defienden.
Lasch reprueba, también, el fracaso del sistema cooperativo, no por sí mismo, sino por tener que jugar en desventaja cuando se prima la concentración de propiedad anónima y los créditos bancarios a las multinacionales. Cuando impera, por encima del bien común, el beneficio privado, los proyectos económicos cooperativos sufren y sucumben a la presión del dislate denominado mercado libre.
Ortega y Gasset no sólo inspiró en España sino plus ultra, en la otra orilla del Atlántico. Lasch reconoce de forma explícita su influencia. La vigencia de esta forma de pensar, donde se aúnan el bien común nacional y la educación como algo más que la enseñanza oficial, evidencia que no es una línea de pensamiento que esté sola en el universo ni carece de allegados, de lo cual nos felicitamos.
  • Gustavo Morales es director del Club de Periodismo del CEU
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