Un gallego en la cima de Bolivia
Entre sus propuestas, destaca facilitar el acceso al crédito, reducir los aranceles y crear un marco normativo transparente para todos los agentes productivos. Su lema, «platita para la gente, estabilidad para que bajen los precios, reglas claras para producir con un Estado que te ayuda», ha calado hondo en amplios sectores
El nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, representa una oportunidad histórica para la nación andina. Sobre el telón de fondo de una sociedad dividida y exhausta por los excesos partidistas, la figura de Paz Pereira adquiere relevancia por su temple, su 'sentidiño' y su visión inclusiva para el futuro del país.
Rodrigo Paz nació en Santiago de Compostela, hijo de una enfermera compostelana y de un líder boliviano exiliado durante la dictadura. No solo encarna la fecunda fusión de dos tradiciones —la gallega y la andina—, sino que su biografía recuerda que todos los pueblos de Iberoamérica tienen su propio Santiago, como ciudad, patrón o símbolo de encuentro y mestizaje. En efecto, su nacimiento accidental en Galicia fue resultado del exilio familiar, pero ha dejado en el nuevo presidente una impronta de prudencia y universalidad, tan característica de la identidad gallega.
Sólida formación para tiempos de cambio
Paz Pereira posee una sólida formación académica y política, adquirida entre Europa y América Latina, y una experiencia que lo convierte en un estadista para tiempos de incertidumbre. Lejos del sectarismo, ha construido su liderazgo sobre las bases del diálogo y la unidad nacional. Bolivianos y observadores internacionales coinciden en señalar que llega a la presidencia bien preparado, con prestigio técnico y una sólida red de contactos internacionales, reflejo de su vivencia entre dos continentes.
Moderación y 'sentidiño' como bandera
La cita «El hombre superior es aquel que es moderado en sus palabras y acciones» se atribuye a Confucio, en sus Analectas. Confucio defendía que el verdadero líder debía inspirar, educar y gobernar mediante el ejemplo y la moderación más que desde la coerción, y evitar excesos y palabras vanas. Después de veinte años de gobiernos caracterizados por una visión dogmática y polarizadora de izquierda, Bolivia necesitaba un giro hacia el consenso. Paz se ha destacado por un espíritu moderado y no revanchista, celebrando la reconciliación nacional y el respeto institucional. El famoso 'sentidiño', esa sensatez gallega empapada de resistencia estoica ante la adversidad, se traslada ahora a la gestión de los asuntos públicos, donde ha prometido «capitalismo para todos», acceso a créditos, reducción de las cargas tributarias y reglas claras para la empresa, sin caer en extremismos ni populismos.
Principales propuestas: apertura, estabilidad e inversión
Recientemente, ha expuesto en entrevistas a medios de referencia como El País una agenda basada en la apertura económica y la inclusión social. Entre sus propuestas, destaca facilitar el acceso al crédito, reducir los aranceles y crear un marco normativo transparente para todos los agentes productivos. Su lema, «platita para la gente, estabilidad para que bajen los precios, reglas claras para producir con un Estado que te ayuda», ha calado hondo en amplios sectores sociales. El contraste con los años de estatización y nacionalización masiva no puede ser más explícito: Bolivia se abre al mundo.
Oportunidades para quienes apuestan por Bolivia
Para los inversores y agentes estratégicos, el mensaje es claro: Bolivia entra en una etapa de oportunidades inéditas ahora que hay estabilidad y voluntad de reglas predecibles. Las energías renovables, la agroindustria, la minería, en pleno triángulo del litio, tan necesitada de modernización, y los servicios digitales aparecen como motores del futuro. Las recientes reformas legales, así como la proyección de crecimiento moderado pero sostenido para 2025, apuntalan la confianza en un país que busca diversificar su economía y sus socios comerciales y forjar alianzas conforme a estándares multilaterales.
En suma, el mandato de Rodrigo Paz Pereira se abre bajo auspicios prometedores y una simbología de pragmatismo y moderación. Galicia y Bolivia se estrechan la mano en su figura, y toda Iberoamérica observa que la sensatez y el respeto pueden, finalmente, inaugurar una nueva era para el país del altiplano.
Pedro Santos es analista geopolítico