¿Gabilondo, defensor del pueblo o vasallo de Pedro?
¿Y para qué precisa el pueblo soberano un valedor que no le proteja frente al Gobierno tirano y su descarrilado presidente? Gabilondo simboliza la pasividad y ociosidad, duerme apoltronado sobre colchón de plumas y entre sábanas de hilo, lo que hasta los 77 –y desde los 72– le permitirá mantener el servicio activo
Cada noviembre me invita Mutua Pelayo a la entrega de su premio para juristas de prestigio. Que recuerde, siempre en el Casino de Madrid. Sucede desde 1998, IV edición, en que lo obtuvo mi maestro García de Enterría, primera vez que asistí, quedando registradas mis señas para futuros avisos. Los atendí dos veces más, la última en 2010, XVI edición, cuando a Peces Barba se lo entregó Juan Carlos I, cuya presencia exigió habilitar espacios separados del escenario, desbordado de curiosos, y verlo por pantalla muchos asistentes contrariados. Fue la última vez que concurrí, aunque varios amigos fuesen después protagonistas: Tomás de la Quadra, Fernando Ledesma, Juan Antonio Ortega, Francisco Rubio…
Pues bien, la invitación de 2025, edición XXXI, al desvelar los ocupantes de la mesa principal —que no son los miembros del jurado, sino variables autoridades de diverso origen—, incluía a Pumpido, Bolaños, Carmen Calvo, Enriqueta Chicano y Gabilondo, relación que me hizo reparar en el último de la lista para una Tribuna en este diario, pues, entre los personajes relevantes, lo considero un indultado inexplicable del bombardeo y los asaltos mediáticos. No hay periodista que lo ponga verde, por mucho que pueda merecerlo, ovillado como anda en su grillera áurica de Zurbano 42, coqueto palacio restaurado del marquesado de Bermejillo del Rey.
Gabilondo (San Sebastián, 1 marzo 1949) es desde noviembre de 2021 el defensor del pueblo –con minúsculas–, titular de la institución de igual denominación –con mayúsculas– creada por la vigente Constitución, cuyo artículo 54 lo apoda «alto comisionado de las Cortes» (que ampara los derechos fundamentales del Título I), pudiendo supervisar a la Administración. Su ley 3/1981 le declara inviolable, no sujeto a mandato imperativo, ajeno a instrucciones y con autonomía funcional, auxiliado por dos adjuntos en quienes puede delegar y con legitimación para recursos de inconstitucionalidad, amparo y acciones de responsabilidad. Añade el artículo 30 que podrá formular a las administraciones advertencias, recomendaciones, recordatorios de deberes y sugerencias con nuevas medidas; amén de reclutar los asesores necesarios como personal de las Cortes en cuyo presupuesto tendrá consignación propia.
De mis indagaciones en el BOE e internet deduzco que la dotación humana llega a 187 efectivos encabezados por ocho afortunados retribuidos entre 90.000 y 153.000 euros: jefe, dos adjuntos, secretario general, directores de gabinete y de área, director adjunto y asesor coordinador. El presupuesto, con seis capítulos y prorrogado desde 2023, suma 20.917.800 €, recursos que pocos sabrán para qué han valido en la era Gabilondo, ya en el año quinto y final del mandatario, cuya trayectoria merece un alto en este relato.
En punto a formación y docencia, estudió con los corazonistas de su ciudad, profesando como hermano de congregación hasta 1979. Una vez exclaustrado dedicó su vida universitaria a la Metafísica, Ontología, Teodicea, Hermenéutica, Retórica... hasta hacerse catedrático de Filosofía en 2001, llegando a regir la Autónoma de Madrid y presidir la Conferencia de Rectores de 2003 a 2009 en que inicia sus andanzas políticas como ministro de Educación de Zapatero (abril 2009-diciembre 2011), cuando su correligionario Bono, antes de Defensa, presidía el Congreso. Cuenta con numerosos trabajos, estudios y libros filosóficos.
En 2015 lo rescató PS para sus tejemanejes, porque –dice el Manual– «no solo es una referencia política, sino moral e intelectual para los madrileños», proclamándolo en 2015, 2919 y 2021, aspirante 'estrellado' a presidir Madrid. En los primeros periodos (junio 2015 a junio 2021) fue diputado portavoz «independiente vinculado al PSOE» (¿le avergüenza lucir carné?), pero en el tercero, con un 9,5 % de votos, se rajó cuál toro descastado. Sánchez, empero, apoyado por el PP en ambas cámaras, compensó al desertor con una encomienda de relevancia jurídica ajena a quien no cultiva el derecho y nada sabe de Administrativo y Constitucional. Aparte de que Gabilondo no era baluarte imparcial de la gente inerme, sino adepto al peor PSOE, con pródigos nombramientos y prebendas digitales, sin abjurar jamás del sanchismo: como si las meras declaraciones y proclamas escénicas de autonomía borraran lo que uno ha sido y de ello vivido a caño abierto. Nadie que colabore con Sánchez puede ser equilibrado, limpio y patriota. Los que se le alían pasan a confidentes que, por ventaja o privilegio, sucumben al canto de sirena orillando principios y virtudes anteriores, si es que tenían otros que no fuesen poder, fama y parné.
¿Y para qué precisa el pueblo soberano un valedor que no le proteja frente al Gobierno tirano y su descarrilado presidente? Gabilondo simboliza la pasividad y ociosidad, duerme apoltronado sobre colchón de plumas y entre sábanas de hilo, lo que hasta los 77 –y desde los 72– le permitirá mantener el servicio activo. Y lo mejor para él, no con la pensión de Clases Pasivas, sino con la jugosa paga del cuádruplo, sin obligaciones ejecutivas, sin oposición y sin más crítica acre que este articulillo del ingenuo amateur que censura vanamente la inoperancia de nuestro ángel de la guarda oficial. Una buena persona en su mal sentido por tener más de paniaguado –en la doble acepción académica– que de avispado. El candidato que en Madrid aburría al electorado y al que según radio macuto no le importa que le pongan motes o saquen chistes por la cachaza y el aplatanamiento que le caracterizan, lo que el abajo firmante ni niega ni afirma ni juzga.
Un 27 de octubre de 2021 leí en El País que el exfraile, investido de prócer seglar, «lucía su perfil institucional subrayando no ser partidista ni sectario en la defensa del pueblo». ¿Pero, le oía Dios? Ya no se hablaba con él. Así que, sobre su vacilante neutralidad, me remito a las atenciones/distinciones recibidas de los siniestros ZP y PS: la mejor credencial del servilismo que delata la renuncia del angelito a guerrear con padrinos o mentores. Lo que, frente al clamor del pueblo, explica su inhibición en la amnistía, ataques judiciales y acoso a militantes. Solo por su resentido informe sobre abusos en nuestra Iglesia, no extendido a otras religiones y enseñanzas públicas o laicas, espero que el PP impida perdurar a este falso dolido hasta los 82 tacos.
- Eduardo Coca Vita pertenece al cuerpo superior de Administradores Civiles de Estado