Pedro Escudero, durante las labores de restauración de la imagen del Cristo vandalizado en Jerusalén
El artista español más demandado en Tierra Santa para restaurar obras de arte
Pedro Escudero acaba de devolverle todo su esplendor a un monumental 'Ecce Homo' de madera que fue vandalizado por un demente hace dos años
Hace un año, el restaurador español Pedro Escudero fue requerido en Jerusalén para devolver su esplendor a una docena de obras de orfebrería de alta calidad, procedentes de España y otros lugares, para el Museo Terra Sancta. Los monjes franciscanos que custodian los Santos Lugares debieron apreciar mucho el buen hacer del joven artista, y por eso le volvieron a llamar para que recuperara una de sus obras más valiosas: un extraordinario 'Ecce Homo' de madera que sufrió un ataque a manos de una persona mentalmente incapacitada en febrero de 2023.
El pasado 13 de septiembre, en el santuario de la Flagelación de Jerusalén, la imagen de madera de Cristo Flagelado fue devuelta a su ubicación original. Durante una celebración presidida por el vicario de la Custodia de Tierra Santa, fray Ulises Zarza, junto con los frailes de la Custodia, se celebraron solemnemente las Primeras Vísperas de la Exaltación de la Santa Cruz.
Pedro Escudero acumula más de diez años de experiencia en la conservación y recuperación de esculturas, pinturas y obras de orfebrería. «Estoy acostumbrado a trabajar con imágenes de madera policromada de gran tamaño, ya que es la práctica más común en mi tierra, especialmente con las imágenes procesionales de Semana Santa, ya que las cofradías llevan obras muy similares en procesión», ha explicado el artista español al Christian Media Center.
La escultura fue empujada y arrojada al suelo en febrero de 2023 por una persona que fue declarada mentalmente incapacitada por las autoridades locales tras ser arrestado y repatriado a Estados Unidos, donde no puede ser procesado bajo la ley local por los daños causados. La Custodia de Tierra Santa se vio obligada a asumir todos los costes de la restauración, que ha sido posible gracias a la generosidad de numerosos bienhechores. «Cuando rompió y tiró la estatua al suelo, estábamos aquí. Lo vimos todo, y fue realmente doloroso. Y ahora que ha vuelto, estamos muy, muy felices», explica la hermana Mary George.