Cardenal John Henry Newman, santo y Doctor de la Iglesia
Por qué Argüello recurre a Newman y su 'Carta al Duque de Norfolk' para rebatir a los que quieren silenciar a los católicos
El presidente de la CEE citó, al inicio de la Asamblea Plenaria, un texto en el que el santo refutaba al primer ministro británico y que se ha convertido en una obra maestra de la apologética
Durante la mañana de este martes se ha inaugurado la 128ª Asamblea Plenaria en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE). En este encuentro, monseñor Luis Argüello, presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, ha citado un documento algo desconocido, de autoría de san John Henry Newman, que esconde una curiosa e impactante historia detrás.
El prelado aseguró ayer que «los católicos tenemos algo que aportar –edificación de un pueblo, demos, criterios de auctoritas y respeto a la potestas legítimamente establecida–». Sin embargo, a su juicio, «algunos hoy, como el político liberal inglés William Gladstone en su controversia con J. H. Newman, señalan que en las sociedades plurales no se puede ser un buen ciudadano y al mismo tiempo ser católico, dado que estos pretenden imponer socialmente su verdad». Se trata de una idea que refuta monseñor Argüello, ya que considera que «los católicos, en el respeto a la conciencia y en la promoción de conciencia, estamos llamados a estar presentes en la vida pública para colaborar en la edificación de una vida social justa a través del elogio de la razón, la amistad social y la acción iluminada por la Doctrina Social de la Iglesia».
La carta al duque
En octubre de 1874, William Gladstone —ex primer ministro de la reina Victoria y figura de estatus y poder en la Inglaterra de la época— escribió en la Contemporary Review un violento artículo como crítica a los decretos de Pío IX, consecuencia del Concilio Vaticano I de 1870. Un mes después, amplió las tesis del artículo en un opúsculo, The Vatican Decrees, que se convertiría en el auténtico 'bestseller' de la época, con más de 145.000 copias vendidas en los dos primeros meses.
Por ello, el duque de Norfolk acudió, junto con otros laicos católicos, a Newman y le pidió que asumiera la tarea de refutar las tesis del panfleto de Gladstone, misión que el intelectual católico aceptó. El 27 de diciembre de 1874 envió al duque el texto acompañado de sus mejores deseos de Navidad, y a comienzos de 1875 se difundió al público. Su extensión triplicaba la del escrito publicado por Gladstone.
Carta al Duque de Norfolk
Lo que podría haberse limitado a ser un mero documento de respuesta a la crítica, se convirtió en un auténtico tratado con reflexiones de la teología moral y de la eclesiología cristianas. La recepción de la carta fue enormemente calurosa en la comunidad católica inglesa, y quienes discrepaban de algunos puntos no se atrevieron a enfrentarse a Newman.
Quién era Gladstone y qué criticaba
Desde luego no era un ciudadano cualquiera. Tras abandonar su cargo político, Gladstone también tenía aspiraciones de ocupar un puesto en la Iglesia de Inglaterra, sueño frustrado que abandonó tras la negativa de su padre.
Durante sus años de juventud se formó en materia religiosa, y como curiosidad, se hizo fiel seguidor y admirador de Newman durante sus sermones, el Movimiento de Oxford. Cuando se enteró de la conversión de aquel en la Iglesia católica, experimentó un gran desconcierto y conmoción.
El panfleto que difundió constituyó un hecho extraordinariamente grave para la comunidad católica de la Gran Bretaña de entonces, que estaba aumentando en número y en estatus jurídico dentro de la sociedad. El documento afirmaba que era incompatible ser buen ciudadano británico y católico, relegando a estos últimos a una clase inferior. Fue un ataque a los católicos, a quienes calificaba de «prisioneros y esclavos del Papa», lo que Newman consideró una «injuria».
Las principales acusaciones, además de su visión negativa sobre los fieles, fueron dirigidas contra el Papa, a quien criticó duramente alegando varios motivos: que rechazaba la historia de la Iglesia y también el pensamiento moderno, que era una figura autoritaria y que sus seguidores debían renunciar a su libertad y moral para seguir sus órdenes, entre otras cosas.
Quién era el Duque de Norfolk
El Ducado de Norfolk, uno de los más importantes de la nobleza británica, se distinguía por mantener la fidelidad católica desde el siglo XVI, convirtiéndose en protector de la minoría católica. El XV duque, aún joven cuando Gladstone publicó su panfleto, asumió este papel con dignidad. Educado en la fe católica en el Oratorio de Edgbaston fundado por Newman, conocía y admiraba al teólogo. Como miembro de la Cámara de los Lores, comprendió las graves consecuencias del escrito y decidió que era necesaria una respuesta capaz de influir en la opinión pública, pero sin recurrir a un ataque virulento.
Tras su paso por la Iglesia de Inglaterra hasta abrazar la fe católica y convertirse en sacerdote, Newman adquirió un conocimiento profundo que le permitió refutar con autoridad las críticas a la veracidad de la Iglesia Católica. En este escrito, esencialmente, el santo defendió el papel tan relevante que el Pontífice tiene en la Iglesia.
La defensa de la conciencia del católico
Una de las principales cuestiones que preocupó a Newman y lo llevó a redactar esta defensa es la realidad que el católico debe afrontar. No solo en aquella época, esta cuestión sigue siendo de extrema actualidad: la doble lealtad del católico, tanto como súbdito como creyente, y el papel de la conciencia. «No veo que haya incoherencia alguna en ser a la vez un buen católico y un buen inglés», afirmó el teólogo.
Newman aborda el problema de los posibles conflictos que pueden surgir en este contexto. Por un lado, sostiene que en un Estado que respete las libertades tales situaciones serían excepcionales; pero, en caso de producirse, no duda en afirmar que «estamos obligados a obedecer al Papa y a desobedecer al Estado». Es decir, lo que hoy llamaríamos objeción de conciencia.
También agrega dos cosas importantes. La primera, que conviene alcanzar compromisos, entre la Iglesia y el Estado, que impidan que tales situaciones extremas lleguen a producirse. La segunda, que considera perfectamente lícito que los católicos ejerzan su influencia como ciudadanos para impedir que una ley que atentase los principios morales esenciales fuese adoptada o para abrogarla si hubiera sido aprobada.
«Si algún Papa hablara en contra de la conciencia, en el sentido auténtico de la palabra, estaría cometiendo un acto suicida. Ese Papa estaría cortándose la hierba de debajo de los pies. La autoridad teórica del Papa, lo mismo que su poder en la práctica, se fundamentan en la ley de la conciencia y en su sacralidad», escribe en el documento.
Fraternidad después de la disputa
Esta disputa, que se hizo pública en aquella época, no provocó una ruptura total entre ambos viejos amigos. Cuentan los biógrafos que, a mediados de los años ochenta —diez años después de la controversia—, cuando Newman sufrió la casi total pérdida de la vista, Gladstone le envió una pequeña lámpara para ayudarle a leer.
Más tarde, en 1890, en vísperas de la muerte del cardenal, se desplazó a Birmingham para rendirle el último adiós.