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El Santo Padre, con el padre Ángel Camino, OSA y el doctor José Luis Zamorano

El Santo Padre, con el padre Ángel Camino, OSA y el doctor José Luis Zamorano, el pasado miércoles en RomaArchimadrid

El «reto» de un médico a un cura que ha permitido que 70 cardiólogos de Madrid sean recibidos por el Papa

El jefe del Servicio de Cardiología del Ramón y Cajal pidió a un sacerdote agradecido ser recibidos por el Papa. «Me parecía imposible», reconoce, pero finalmente lo consiguió

«Que nos pueda recibir el Papa». Ése fue el «órdago» que le lanzó el doctor José Luis Zamorano, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, al padre Ángel Camino, OSA, vicario de la Vicaría VIII. El sacerdote estaba muy agradecido con el facultativo por haber tratado a varios curas, entre ellos, a un agustino al que, literalmente, «le ha devuelto la vida».

El religioso lo relata ahora en el portal del arzobispado de Madrid: tras expresarle su sentido agradecimiento, el vicario le preguntó al jefe del Servicio de Cardiología si podía hacer algo por él. El doctor Zamorano no lo dudó, y le «retó» a que consiguiese una audiencia con León XIV para él y todo su equipo. «Me parecía imposible», reconoce Camino, pero lo solicitó. Y, un tiempo después, llegó la respuesta afirmativa de Roma.

El día elegido fue el pasado miércoles, 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, el Día del Enfermo. Una fecha inmejorable para recibir al grupo de sanitarios que finalmente se formó: 70 cardiólogos del Hospital Universitario Ramón y Cajal. «Una experiencia bárbara; hemos vuelto muy distintos», señala ahora el doctor Zamorano.

El Papa, según ha explicado, es una persona «sosegada, tranquila y muy cercana, con capacidad de escucha». León XIV fue saludando personalmente a casi todos los integrantes, y le dedicó una «palabras de tremendo cariño a la enferma que llevábamos», una «paciente emblemática» que también los acompañó. El cardiólogo también ha resaltado el interés que mostraba y la sensación de que «te presta atención».

«Sin desatender lo importante»

Además de médicos, enfermeras y personal de dirección, en el viaje a Roma también iban algunos familiares. Los pacientes del hospital, sin embargo, no quedaron desatendidos. Los que se apuntaron al viaje «trabajamos todos el martes por la mañana, volamos por la tarde, y regresamos el miércoles después de la audiencia», refiere el jefe del Servicio de Cardiología. Se habían organizado con los compañeros que se quedaban para cubrir turnos y guardias, «sin tener que anular las citas a nadie». Ir a Roma era un sueño, «pero sin desatender lo importante, que es el cuidado de nuestros enfermos», subraya el doctor Zamorano.

«Ha sido una gran experiencia para el Servicio de Cardiología; además, el Papa me dio un regalo personal para cada miembro del servicio: un rosario que había bendecido él», agrega. Y, al día siguiente del regreso, vuelta a la normalidad: «Estaba todo el mundo en el hospital a las 8 de la mañana, tratando a los enfermos con la misma ilusión de cada día», concluye.

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