¡'San José y el niño Jesús' de José de Ribera
Arranca la devoción de los siete domingos de san José, el hombre que abrazó un destino de luces y sombras sin pedir explicaciones
Desde este 1 de febrero al próximo 15 de marzo, la Iglesia invita a caminar durante siete semanas junto a San José, patrono universal, para profundizar en una fe probada y en una fortaleza forjada en la adversidad
A menudo se confunde el silencio con la timidez o la simple resignación, pero en la figura de san José ese silencio narra una historia distinta: la de un hombre con una caballerosidad arrolladora que, lejos de amilanarse, abrazó con una fuerza discreta el plan que Dios le había reservado. No fue una vida cómoda ni exenta de oscuridad para este carpintero del linaje de David, cuya fe fue puesta a prueba cuando, ya desposado con María, se vio ante un misterio que solo podía acoger desde la confianza radical en Dios.
Un recorrido de contrastes
La tradición de la Iglesia invita, desde este domingo 1 de febrero hasta el próximo 15 de marzo, a recorrer el entretejido de dolores y gozos que marcaron su existencia. José no fue un espectador pasivo; fue el hombre que custodió un voto de castidad por un amor superior y el que tuvo que asimilar el impacto de un embarazo que superaba toda lógica humana.
Su biografía está marcada por la dureza del camino: el rechazo y la huida, simbolizados en aquellos 150 kilómetros recorridos en burro hasta Belén para no encontrar acogida, y en la posterior persecución que obligó a la familia a huir a Egipto y comenzar de nuevo en tierra extraña. A ello se suma la angustia del padre, que perdió a su hijo y lo buscó durante tres días, y que escuchó cómo una espada atravesaría el alma de su esposa, anticipando un dolor inseparable de la misión que estaba por cumplirse.
Obediencia y Providencia
Frente a estas circunstancias, la respuesta de José no fue la queja, sino el silencio y la obediencia. Lo hizo con una libertad y una docilidad que nacían de una fe absoluta en la Providencia, demostrando una fortaleza difícil de imitar. Esta devoción, que busca profundizar en su vida los siete domingos previos al 19 de marzo, fue impulsada originalmente por el Papa Gregorio XVI.
Posteriormente, el Papa Pío IX dio continuidad a esta práctica, alentando a los fieles a acudir al esposo de María, patrono de la Iglesia universal, especialmente para buscar alivio en situaciones aflictivas. Hoy, la Iglesia retoma este camino de meditación para recordar que el silencio de José no fue ausencia, sino la respuesta discreta de quien sostuvo lo extraordinario desde la fidelidad cotidiana.
Primer domingo de san José
Primer gozo: El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Mt 1, 20-21).
El tránsito de San José, una obra de 1787 del artista Francisco de Goya.
Segundo domingo de san José
Segundo gozo: Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño reclinado en el pesebre (Lc 2,16).
Tercer domingo de san José
Tercer gozo: Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1, 21)
Cuarto domingo de san José
Cuarto gozo: Porque han visto mis ojos tu salvación, la que preparaste ante todos los pueblos; luz para iluminar a las naciones (Lc 2, 30-31).
San José juega con el Niño Jesús en la 'Sagrada Familia del pajarito', de Murillo
Quinto domingo de san José
Quinto gozo: Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: «De Egipto llamé a mi hijo» (Mt 2,15).
Sexto domingo de san José
Sexto gozo: Y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los profetas: será llamado Nazareno (Mt 2,23).
Séptimo domingo de san José
Séptimo gozo: Al cabo de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas (Lc 2,46).