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Imagen de un investigador de la empresa gallega BioflyTech sosteniendo restos de biomasa

Imagen de un investigador de la empresa gallega BioflyTech sosteniendo restos de biomasa de insectosBioflytech

El planeta abandona la deriva 'woke' de las granjas de insectos mientras España ya cuenta con 40

Se trata de un mercado dependiente de los subsidios europeos y las ayudas públicas, lo que a menudo los convierte en una industria sensible ante las ayudas de bienestar económico globales

Desde hace años el sector de las granjas de insectos se encuentra en un momento de retroceso como consecuencia del cierre de varias instalaciones. El caso más reciente –y también el más llamativo– es el de la empresa francesa Ÿnsect, considerada la mayor granja de insectos de Europa y una de las grandes apuestas del continente para reducir la dependencia de fuentes tradicionales como la soja o la harina de pescado.

Tal como señalaron medios locales, la compañía señala que «no logró recaudar los fondos necesarios en el plazo establecido para financiar su plan de continuidad de negocio» a pesar de la millonaria inversión que ha recibido desde su apertura en 2011. De hecho, esta entidad cerró una ronda de financiación de 315 millones de euros en la que participó el popular actor de cine Robert Downey Jr. –quien llegó a promocionar la compañía durante el Super Bowl de 2021– junto a otros cinco fondos de inversión, incrementando así la recaudación hasta los 600 millones de dólares.

Este cierre reciente no es un caso aislado, sino que refleja problemas estructurales en esta industria. A pesar de los intereses woke de las élites globalistas, la realidad es que los costes de producción, unido a la falta de un mercado consolidado y a la fuerte competencia de proteínas más baratas han mermado la viabilidad económica. De hecho, el caso de Ÿnsect no es el único.

Interior de la granja de insectos Galinsect

Interior de la granja de insectos GalinsectGalinsect

Aspire Food Group, con operaciones en Canadá, tuvo que recortar personal y cerrar su granja de grillos en Ontario. En Dinamarca, ENORM Biofactory –una de las mayores granjas de insectos del norte de Europa–, fue declarada en bancarrota en 2025. Por su parte Inseco, una empresa sudafricana, también cerró sus operaciones en 2025, vendiendo sus activos a otros competidores. También en Francia, Agronutris, ha enfrentado en los últimos meses dificultades económicas.

España, a contracorriente

Mientras que una gran parte de las instalaciones de encuentran en distintos procesos de cierre, nuestro país se ha consolidado como uno de los más activos en el sector.

Con aproximadamente 40 explotaciones registradas –según los datos del Ministerio de Agricultura–, la mayoría de estas iniciativas han experimentado un crecimiento en los últimos años debido a su dependencia de ayudas y subvenciones públicas. La más conocida de todas es Tebrio (Salamanca), que está construyendo la mayor granja de insectos del mundo, con el objetivo de producir más de 100 .000 toneladas de insectos al año para proteínas y fertilizantes. Otras compañías como Insectius (Barcelona) y Bioflytech (Galicia) también se han convertido en dos de las más importantes en el panorama nacional.

Interior de la granja de insectos Galinsect

Interior de la granja de insectos GalinsectGalinsect

Esta tendencia lo que indica es que, en lugar de seguir el ritmo de una agricultura tradicional, nuestro país se ha puesto como objetivo ser un actor referente en lo que a la producción de insectos como fuente de proteína para la alimentación se refiere. Esta apuesta, influenciada por la tendencia woke de las elites globalistas, ven en la insecticultura una oportunidad para promover una alternativa «más limpia» al consumo de carne.

A todo esto hay que sumar que se trata de un mercado especialmente dependiente de los subsidios europeos y las ayudas públicas, lo que a menudo lo convierte en una industria sensible ante las ayudas de bienestar económico globales.

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